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Columna Max Iriarte

¿De qué Integración hablamos? – 12 de marzo de 2012
Sin duda que durante este último tiempo se ha escuchado hablar en Seminarios, Cátedras y Conferencias de la Integración como un fenómeno clave en la cooperación por el Desarrollo Sustentable y el mejoramiento de indicadores de crecimiento de los países involucrados. América Latina no ha estado ajena de aquellas ideas, pues desde 1960 a la fecha se han realizado fructíferos y fallidos intentos de procesos de re-integración de los países, con la finalidad de crear una sola unidad territorial y política-social. Sin embargo, la repercusión de elementos económicos por sobre los sociales ha destacado en estos procesos.
Entonces, ¿es realmente una Integración equilibrada la que ha experimentado la región o es sólo la aplicación de reuniones y acuerdos de un grupo de países para satisfacer intereses comerciales y económicos? La discusión queda abierta.

La evolución que ha tenido Latinoamérica en su recorrido histórico, ha estado marcada por episodios y coyunturas de guerras, golpes de estado y de problemáticas que la han situado en diversas asimetrías. La aplicación de una idea de integración tiene que ver muchas veces con entregar y dotar de mejores herramientas de crecimiento económico y de un desarrollo sustentable a la diversidad de países que hay en la región. La beneficiosa incursión de la Unión Europea, pero que ahora pasa por una severa crisis económica y de legitimidad, fue adoptada e importada por varios países latinoamericanos en la década de los sesenta, impulsando con ello la idea de la integración. Fallidos intentos se han demostrado en el transitar de las décadas posteriores, donde la idea re-integración ha sido acuñada por varios expertos.

Es posible que en nuestros días evidenciemos una marcada tendencia de un modelo económico abierto y con una fuerte directriz hacia los mercados competitivos; por lo tanto, no sería descabellado señalar que los orígenes y el desarrollo de la integración han estado marcados por una tendencia económica.

Ahora bien, ¿dónde quedan los otros pilares de un verdadero e integral proceso de integración? Aquellos pilares que hacemos alusión en la pregunta anterior, son aquellos que nunca se han consolidado, ni tampoco han sido tratados por las autoridades de los gobiernos de turno. Nos referimos a los aspectos sociales y políticos que darían un enfoque equilibrado y aplicado a lo que debería ser un verdadero proceso de integración. Para efectos de este articulo, tomaremos el valor agregado de lo que es la Integración Social, que hoy por hoy no ha sido desarrollada en nuestros país, pensando en la heterogénea cantidad de ciudadanos extranjeros que habitan nuestro país.

La falta de voluntad política e institucional que han evidenciado los gobiernos post dictadura en Chile (Concertación 1990-2010 y Alianza por Chile 2010-…), hace que el tema de la integración social para los extranjeros este en pañales, más aún considerando que las políticas públicas correspondientes, no tiene el matiz social ni institucional para afrontar este desafío que sería, sin lugar a dudas, un motor fundamental para la inclusión de los migrantes extranjeros.

Si ponemos este tema a nivel nacional, podemos detectar que la integración social tampoco ha sido beneficiosa para algunos segmentos sociales de Chile, debido a la carencia estructural que demuestra el Estado de Chile en los bienes básicos que debería suministrar a la sociedad; cuando nos referimos a bienes básicos, hacemos énfasis a: transporte, salud, educación, vivienda y previsión, que son los temas más centrales para integrar socialmente a los ciudadanos. Por consiguiente, la denominada integración social no se visualiza en ninguna parte, ni en Latinoamérica ni menos en Chile, teniendo como prueba que para nuestro país y las autoridades que lo dirigen, lo importante va relacionado en el enriquecimiento de la integración económica que muy bien han cultivado durante estos últimos veinte años, dejando de lado a uno de los principales elementos para que las sociedades sean equilibradas, integrales y se desarrollen en la lógica de un mundo equitativo, los principales actores sociales internos y externos de un país.

Migración y Derechos Humanos: Una apuesta por mejorar – 13 de febrero de 2012

Ad portas de una nuevo registro censal (CENSO 2012) que acontecerá en un par de meses más en nuestro país, es posible que para esta nueva muestra demográfica y social tendremos nuevos componentes de la conformación de nuestra sociedad en sus costumbres y hábitos. Dentro de esa variable encontraremos, por primera vez, una referencia a los migrantes que están en Chile y su crecimiento sostenido que han tenido desde la medición del último CENSO, sus formas de ver la realidad chilena y como están insertos en nuestro país, que suele denominarse “de acogida para los extranjeros”.

En nuestros días es posible observar que las migraciones no representan un “problema” prioritario para el Estado chileno. El por qué de esta afirmación radica en que ha existido un sostenido aumento de migrantes a Chile, – en particular desde países fronterizos y latinoamericanos,- imponiendo al Estado la necesidad de diseñar políticas públicas y estrategias multidimensionales para abordar dicho desafío, tanto desde el gobierno central como a nivel de los gobiernos regionales y locales.

En esa condición es posible vincular el hecho de que nuestro país ha recibido población migrante, principalmente solicitante de asilo y refugiada, con rasgos de violencia y xenofobia, argumentando como principal razón la vulneración de sus derechos humanos.

Es claro que la cantidad de migrantes que ha llegado a nuestro país ha ido en aumento a lo largo de los años. Factores asociados a la estabilidad institucional y económica que presenta Chile en la última década han sido argumentos más que suficientes para que ciudadanos colombianos, peruanos, ecuatorianos, bolivianos, argentinos y, ahora último, de países africanos, aspiren a llegar a Chile. La vulneración de sus derechos fundamentales (políticos, sociales, económicos y culturales) hace que exista una clara motivación de migrar por parte de estos desafectados, que buscan una estabilidad y respeto de sus derechos más allá de la necesidad económica que puedan tener para mantenerse en el país de acogida, enviar remesas a su tierra de origen y tener un trabajo para subsistir. Ante tal realidad es importante que en nuestro país se indique la existencia de casi 350 mil inmigrantes, donde el componente andino es el elemento principal.

Ahora bien, es distinto comparar al grueso de los inmigrantes que buscan una oportunidad en Chile y que se establecen por asuntos humanitarios, a aquellos que por motivos laborales, educacionales y principalmente de paseo llegan, disfrutan y se establecen tranquilamente en nuestro país.

El censo de este año incluirá en uno de sus ítems la realidad migrante. Cómo viven, cómo se establecen y cuál es la realidad de ellos en Chile. Por eso es importante preguntar: ¿cuán integrados e insertos en nuestra sociedad chilena están los cerca de 350 mil extranjeros residentes en Chile?, ¿Existe un real respeto a los derechos de los migrantes, o solo es una careta para indicar que Chile promueve y respeta los DD.HH? Para estas apreciaciones, el censo venidero será una buena herramienta, que impulse al Estado chileno a fomentar y promocionar políticas públicas migratorias acordes a la realidad de los extranjeros y a una sociedad de acogida cada vez más tolerante, respetuosa e integradora del aporte que nos entregan los migrantes en Chile.

La Educación como el motor propulsor de las nuevas demandas sociales – 9 de enero de 2012

Sin lugar a dudas, el año 2011 fue un año plagado de movilidad y dinamismo de los movimientos sociales en América Latina. Actores relacionados al mundo ambiental y ecológico, con una fuerte lucha contra la explotación y expropiación de los Recursos Naturales y del ecosistema; organismos representativos de las minorías sexuales y su lucha por la igualdad y libertad de derechos sexuales, se suman a un movimiento que durante este año ha consolidado un discurso y una representación de millones de personas en los distintos países de la región: la educación.

La alternativa planteada por los movimientos sociales que representan las demandas de la educación, constituye hoy un hecho fundamental y trascendente dentro los ciclos políticos de afirmación de la autonomía, el desarrollo y la libertad de pueblos y comunidades. Es en ese sentido que, países como Colombia, Perú, Brasil y particularmente Chile, han puesto sus demandas en las agendas de los gobiernos de turno, implicando más de alguna incertidumbre en los Jefes de Estado del momento.

En este contexto los movimientos sociales y populares que se han visto en las múltiples manifestaciones por la educación, han instaurado un discurso y un debate sobre la calidad de esta, donde los países que han llevado a la discusión esta causa, han cuestionado el sistema operativo de algunas instituciones y el lucro del sistema educativo en sus respectivos países, abriendo una vez más la interrogante sobre si el modelo económico que rige a nuestra región desde hace más de tres décadas es conveniente, inclusivo y equitativo, principalmente con una de las herramientas fundamentales para toda sociedad en la búsqueda de su bienestar social, como lo es la educación.

La singularidad de estos movimientos se observan en la capacidad de aglutinar transversalmente personas de toda índole socio-económica, configurando que el tema de la educación pasa a ser un asunto de Estado, según las apreciaciones que haya en cada país en cuestión. Educación de calidad, fin al lucro, reformas sustantivas al modelo educativo imperante, evaluación a los sistemas de gestión y modernización de estructuras arcaicas de formación, son algunas de las demandas que más se repiten en los millones de “Indignados Latinoamericanos” que luchan por una causa justa, equitativa y social.

Es de suma importancia que exista una conciencia y un razonamiento por parte de las autoridades y de las estructuras de poder en cada uno de los países, debido a que la insatisfacción y carencia de solución a necesidades de la sociedad, harán que exista un efecto progresivo de estas manifestaciones sociales, dejando en evidencia que la forma con que los modelos políticos, sociales y económicos que conducen los caminos de los países latinoamericanos, no son lo suficientemente óptimos para alcanzar el bien común de una sociedad en descontento.

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