Crítica de música
La muerte de Luis Alberto Spinetta
Dejad volar la poesía, dejad volar la música. Dejad volar la creación.
Autor: Emilio José Ugarte
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – Buenos Aires, 8 de febrero de 2012) fue una figura de primera línea en su país, Argentina, que marcó la época más gloriosa del rock de ese país y que dejó un legado invaluable a la música latinoamericana.
El camino del “Flaco” comenzó en los locos años ’60. En 1967 fundó “Almendra”, una banda legendaria que dejó para la posteridad su disco homónimo de 1969, canciones inolvidables como “Ana no duerme”, “Plegaria de un niño dormido” y, sobre todo, “Muchacha (ojos de papel)”, la canción que lo hizo inmortal, rock a raudales y el sello distintivo de Spinetta: una lírica intensa, una poesía armoniosa que, lejos de contradecir su propuesta musical, la enriqueció profundamente.
Pero su momento más notable llegaría con su segunda banda, “Pescado rabioso”, un proyecto iniciado en 1971 junto al bajista Osvaldo “Bocón” Frascino, “Black” Amata en batería y Carlos Cutaia en teclados. Con ellos lograría el más alto nivel de experimentación y calidad musical. La etapa de “Pescaso rabioso” produjo el que es, para muchos, el mejor disco del rock argentino, y por consiguiente una de las piezas claves en la música latinoamericana contemporánea: “Artaud”, una obra controvertida, extraña para muchos, genial para otros. “Artaud” marcaría el punto clave en la carrera de Spinetta –autor de todos los temas-, y de la mano de canciones como “Todas las hojas son del viento”, “Bajan” y la notable “Cantata de puentes amarillos”, de casi 10 minutos de duración, abrió innumerables caminos a la música de su país.
Sin embargo, “Artaud” no sólo contenía experimentación rockera de calidad, canciones mágicas, profundas y una maestría artística insuperable, sino que también una proclama, un manifiesto repartido a todos quienes asistieron al estreno del disco en el Teatro Astral de Buenos Aires, en 1973. En el escrito, Spinetta hizo un llamado al rescate de la música como libre y desprejuiciada actitud, a distancia de la fría profesionalización y lejos de quienes pretenden apoderarse de ella y transformarla en un producto superficial. “Porque en esa profesionalidad se establece –y aquí entran a tallar todas las infinitas contusiones por las que se debe pasar hasta llegar a dar un juego que contradice a la liberación, que pudre el instinto, que modifica como un cáncer incontenible la piel original de la idea creada hasta hacerla, en algunos casos, pasar a través de un tamiz en el que la energía totalizadora de ese nuevo lenguaje abandona la sustancia integral que el músico dispuso por instinto en su momento de crear, y luego esa aportación está presente en los escenarios, en la afinación, hasta en la imagen exterior del mensaje cuando por fin se hace posible verlo”, reza el texto.
Más tarde vendría “Invisible”, un frustrado proyecto con Charly García, más discos y más canciones, pero a la muerte de Spinetta y al pensar en el legado que el músico argentino deja no sólo al rock, sino a toda la creación artística latinoamericana, sería justo reparar en este documento. En momentos en que todo es industria, en que nos asaltan creaciones musicales de dudosa calidad y nula estructura lírica, la poesía de Spinetta, su compromiso con la creación, con la libertad de buscar nuevos horizontes y caminos a considerable distancia de la estandarización, monotonía y empaquetamiento son un bálsamo de refresco que las nuevas generaciones de artistas, y de seres humanos en general, debemos tener presentes.
Humanizar la creación es humanizar la condición humana. Y una canción profunda, telúrica y monumental como la “Cantata de puentes amarillos” puede ser un vehículo de escape a la rigidez de la vida actual, al individualismo extremo, al encadenamiento y auto-esclavitud, al egoísmo y el odio. Puede ser una vía al encuentro con un futuro distinto, nuevo, humano y libre. Tal como el “Flaco” lo expuso en la “Cantata”:
“Aunque me fuercen yo nunca voy a decir
que todo tiempo por pasado fue mejor
mañana es mejor”.
(Luis Alberto Spinetta, “Cantata de puentes amarillos)
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