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Marcel Claude: “Nosotros creemos que la perspectiva que debe imperar es la de integración”

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A pesar de su apretada agenda, Marcel Claude se hizo un espacio para conversar con Revista Sur sobre migración, integración, voto de chilenos en el exterior y discriminación.

El candidato independiente de 56 años se presenta a la Presidencia de la República, apoyado por el Partido Humanista, la Izquierda Unida y una serie de organizaciones sociales.

Es economista de la Universidad de Chile realizó estudios de postgrado en Bélgica. Se ha desempeñado como consultor y asesor sindical en temas económicos y ambientales.

Revista Sur: A lo largo de su vida, ¿Ha sido migrante o tiene algún vínculo con el tema?

Marcel Claude: Durante mi juventud fui migrante. Estuve cuatro años viviendo en Bélgica, haciendo mi doctorado en Economía en la Universidad de Lovaina. Sé lo que se siente estar en el extranjero, aunque desde la experiencia particular de alguien que es tratado como uno más de la comunidad. Porque eso fue lo que yo viví en Lovaina, donde tuve acceso a educación, salud y vivienda de primera calidad, independiente de mi origen. A pesar de las diferencias culturales evidentes, siempre recibí el trato adecuado que merece un ciudadano, incluso me sentí mejor y con más derechos que en mi propio país.

RS: ¿Qué opina de la entrada de migrantes y su inserción en la sociedad chilena?

MC: Primero, es necesario comprender que las migraciones son un fenómeno que siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. En segundo lugar no podemos olvidar tampoco que nuestro país, fue y es fundamentalmente un país de imigrantes. Inmigraron los españoles en el siglo XVI, seguidos rápidamente por todo tipo de nacionalidades de Europa, y más tarde de otros continentes, como el asiático. Todo chileno es descendiente de inmigrantes, no sé cómo no entienden eso. Considerar a nuestros vecinos inmediatos bolivianos, argentinos o peruanos como una amenaza es ridículo; lo mismo diría para los que provienen de países un poquito más lejanos, aunque ni tanto, como Colombia o Haití. Estos inmigrantes no vienen a robar ni a quitar nada a nadie, sino a trabajar y a vivir dignamente.

Ahora, en el marco de sociedades modernas, este fenómeno nos plantea el desafío de ampliar la concepción que tenemos de la ciudadanía y los derechos. Nuestra opinión es que debemos avanzar hacia una sociedad que integre a los migrantes en condiciones de dignidad y respeto, reconociendo el aporte que ellos hacen al desarrollo nacional. Lo que observamos actualmente en Chile no va en esa dirección. Muy por el contrario, la política migratoria de nuestro país se ha sustentado sobre la base del control más que de la integración y el aseguramiento de los derechos. La realidad de miles de inmigrantes es de discriminación, hacinamiento en las viviendas, desigualdad en el mundo del trabajo, diferencias importantes con respecto a los chilenos en cuanto al acceso a la salud y la educación. Cuando nosotros hablamos de una sociedad de derechos, ello debe ser entendido en extensión a quienes no habiendo nacido en territorio nacional realizan aquí un aporte significativo al desarrollo de nuestro país, como es el caso de los inmigrantes.

 El problema es que sigue imperando una perspectiva propia de la doctrina de seguridad interior, lo cual es muy preocupantemente, pues, además de restrictiva, favorece actitudes xenófobas.

RS: ¿Cuál es tu impresión de la actual ley de migración y que te parece el Proyecto de Ley presentado por el Gobierno?

MC: Es un correlato de lo que ha guiado la política migratoria en nuestro país, que privilegia una perspectiva de control fronterizo por sobre una visión más integral del asunto. Este sigue siendo un tema que recae en el Ministerio del Interior, lo cual en sí mismo constituye una prueba de esta visión que nosotros no compartimos a la hora de enfrentar las políticas migratorias. Nosotros creemos que la perspectiva que debe imperar es la de integración, sobre todo si consideramos que de 200 mil inmigrantes que hay en Chile, aproximadamente 150 mil son latinoamericanos. Debemos ser capaces de avanzar decididamente en políticas de integración a nivel regional sobre esta materia. El problema es que sigue imperando una perspectiva propia de la doctrina de seguridad interior, lo cual es muy preocupantemente, pues, además de restrictiva, favorece actitudes xenófobas.

RS: ¿Cuáles son sus propuestas para la población migrante que vive en Chile?

MC: En primer lugar, desde esta candidatura hemos intentado transmitir que la política ha de afrontarse de una manera distinta a lo que acostumbramos. No se trata acá simplemente de ofrecer una batería de propuestas sino de invitar a la comunidad a ser parte de una construcción colectiva. Lo que buscamos siempre es invitar a la ciudadanía a convertirse en actor político, y para el caso de las comunidades migrantes esto tiene perfecta vigencia pues son ellos quienes tienen la respuesta a sus exigencias y reivindicaciones.

Sin ir más lejos, la semana recién pasada un grupo de inmigrantes peruanos me plantearon su convicción por comenzar movilizaciones que les permita impulsar un debate profundo en torno a este tema. Lo que ocurre es que existe un sentimiento de que para cada coyuntura electoral comienza un festival de promesas cuyo único fin es obtener el voto de los inmigrantes pero no hay una preocupación real por acabar con las situaciones que los aquejan. Felizmente, ellos tienen la firme voluntad de adoptar una actitud distinta en esta oportunidad y exigir sus derechos.

Con respecto a nuestra perspectiva y propuestas, nosotros creemos que si integramos a los migrantes con igualdad de derechos y de obligaciones, si les damos residencia y acceso a la salud y a la educación, ellos nos ayudarán con su trabajo y su esfuerzo a desarrollar una sociedad más justa. Pienso que tendríamos que avanzar hacia acuerdos con los países vecinos, empezando por los países de dónde proviene la mayoría de los migrantes en Chile: Argentina, Peru, Bolivia, Colombia, Haití. Estudiar con ellos acuerdos recíprocos de libre circulación de las personas, y facilidades recíprocas para residir, estudiar y trabajar. Este tipo de política no es nunca en desmedro de los nacionales, porque significa abrirle a nuestros ciudadanos también la posibilidad de moverse con mayor holgura por un continente que no le ha sacado suficiente partido al hecho que hablamos casi todos el mismo idioma y tenemos historias nacionales muy similares. Nos parece preocupante que mientras chilenos van a buscar educación y salud a los países vecinos, como Argentina, Perú y Bolivia, dado que no tienen garantizado esos derechos en Chile, acá se esté pensando en poner más trabas a la inmigración.

RS: Como funcionario público y director de ONG’s, ¿Qué medidas ha impulsado en favor de los migrantes y la integración?

MC: Las tareas que he desempeñado hasta ahora, nunca han tenido relación alguna con el asunto de los migrantes.

RS: En Santiago varias municipalidades han asumido su rol frente a los migrantes, pero con políticas distintas (Oficinas o Programas Migrantes). ¿Cómo se integran las políticas locales sobre migración, dentro de políticas estatales?

MC: Tiene que ver con lo que hablamos antes. No existe una política estatal en esta materia que vaya más allá del control. Una vez en territorio nacional, los nuevos ciudadanos quedan en la indefensión propia de una sociedad que no garantiza sus derechos y les deja a merced de la discriminación. De hecho, cuando uno habla con comunidades de inmigrantes, por lo general, se encuentra con relatos sobre discriminación y abuso de poder.

Como en todos los temas, los municipios muchas veces quedan con la responsabilidad de hacerse cargo de solucionar las carencias sociales pero sin recursos económicos ni equipos adecuados. Creemos que el Estado debe solucionar este problema en las políticas públicas. Este modelo de Estado se ha desentendido traspasando las responsabilidades a los gobiernos locales. Debemos ser capaces de generar políticas nacionales que puedan apoyar iniciativas locales, con atención a las particularidades de cada localidad y de acuerdo a las necesidades que tienen las comunidades de extranjeros que allí residen.

Como se puede ver, las discriminaciones son plurales, y en lo que se refiere a la nacionalidad, ya que hablamos de migrantes, la ley formula de forma clara el deber de respeto y de resguardo de los extranjeros que han decidido vivir en nuestro suelo.

RS: Qué pasa con los migrantes chilenos en el exterior. ¿Posee propuestas para ellos? ¿Cómo se los acerca y vincula al país?

MC: Ellos tienen ya un vínculo con el país por el solo hecho de ser chilenos. Desde ese punto de vista, me parece que la primera de nuestras obligaciones como sociedad es la de otorgarle derechos políticos. El derecho a voto de los chilenos en el exterior es un imperativo político de máxima importancia, pues si no conquistan este derecho básico no podrán asegurarse ninguno de los demás.

En segundo lugar, ellos hacen un aporte económico consecuente al país. Suelen enviar dinero hacia Chile o invertirlo en propiedades aquí. No hay que omitir también el hecho que los chilenos del exterior viajan, vienen o vuelven con mucha regularidad. Nosotros haremos efectivo el derecho a voto de los chilenos en el exterior, prometido y no cumplido por los dos o tres últimos gobiernos, so pretexto que la UDI se opone. No es pretexto suficiente. La idea que impera en la derecha chilena de que el millón de chilenos del exterior es de izquierda; es una idea absurda. Porque hace muchos años que una mayoría de exiliados volvió a Chile, en condiciones bastante difíciles, de hecho, y los que se quedaron afuera es porque encontraron un equilibrio de vida que no se puede arriesgar de la noche a la mañana, que han tenido hijos y nietos que, a pesar de ser de orígen chileno, han adquirido todas las características culturales y sociales del país donde se asentaron.

Pero eso no pasa de ser la cuarta, la quinta o la sexta parte de los chilenos del exterior. Todos los otros están fuera o bien por razones de estudio, o bien por razones estrictamente económicas. Esa población no tiene un color político determinado.

El voto es la mejor manera de acercar a los chilenos del exterior, asi como progresar con las negociaciones sobre convalidación de diplomas y experticias obtenidos en el exterior.

RS: ¿O sea que es partidario del voto en el extranjero?

MC: Por supuesto. El derecho de los ciudadanos a decidir sobre el gobierno de su país se ejerce incluso teniendo residencia fuera de este. En gran parte del mundo es un derecho consolidado, y aquí está conculcado. En esta candidatura somos partidarios del voto de los chilenos en el extranjero sin restricciones. En la derecha han planteado la condición de que éste mantenga un vínculo con Chile, sin explicar cómo se pretende fijar ese criterio. ¿Acaso un chileno en Canadá es menos chileno que uno que vive acá? Nosotros creemos que el solo hecho de tener nacionalidad chilena es vínculo suficiente para ejercer el derecho a voto. Así de simple y claro.

RS: ¿Qué opina sobre la ley antidiscriminación?

MC: Opino que no es una mala ley y que en esta etapa, siendo una ley reciente, han faltado esfuerzos para darla a conocer y para aplicarla. El problema que tenemos en Chile es tender a pensar que esa ley es una ley para minorías, minorías sexuales o minorías nacionales o étnicas, como en el caso de los migrantes o de los pueblos originarios. Nosotros pensamos que los discriminados en Chile son muchos más. La ley contra la discriminación tal como está redactada, define la disriminación arbitraria como “toda distinción, exclusión o restricción que carezca de justificación razonable … que cause privación, perturbación o amenaza en el ejercicio legítimo de los derechos fundamentales … en particular cuando se funden en motivos tales como la raza o etnia, la nacionalidad, la situación socioeconómica, el idioma, la ideología u opinión política, la religión o creencia, la sindicación o participación en organizaciones gremiales o la falta de ellas, el sexo, la orientación sexual, la identidad de género, el estado civil, la edad, la filiación, la apariencia personal y la enfermedad o discapacidad.” Como se puede ver, las discriminaciones son plurales, y en lo que se refiere a la nacionalidad, ya que hablamos de migrantes, la ley formula de forma clara el deber de respeto y de resguardo de los extranjeros que han decidido vivir en nuestro suelo.

Pensamos también que deberíamos utilizar esta ley para avanzar en acabar con discriminaciones como son la de género en el ámbito laboral, donde no hay igualdad de sueldos. Doy este ejemplo a propósito, porque nosotros pensamos que hay en Chile una discriminación fundamental de la que naturalmente no habla esta ley, que es la discriminación económica, y nuestro propósito político esencial es luchar contra ella.

RS: Finalmente, ¿Cómo se educa el respeto y la tolerancia en este marco?

MC: Primero, entendiendo que la migración no es un problema sino un fenómeno social desde tiempos remotos. Los primeros que deberían entender aquello son los responsables de la conducción política, pero me temo que las recientes declaraciones del candidato Longueira sean una muestra de que esto no es así. Cuando él declara que la presencia de extranjeros perjudica a los chilenos desnuda el carácter xenófobo de la derecha. Longueira se pone al nivel poco honroso de los argumentos de la extrema derecha mundial. Es tragicómico, en este marco, oírlo definirse como candidato de “centro derecha”. Un político serio no puede intentar hacer creer a sus compatriotas que los problemas que tienen en el acceso al empleo, la educación o la salud, se debe a la presencia de inmigrantes. Cuando ello ocurre se abre la puerta para el peor de los horrores que ha conocido la humanidad. Hoy, chilenos y extranjeros pobres en territorio nacional sufren ambos la privación de sus derechos más elementales. Y en el caso de los extranjeros, estos quedan expuestos a condiciones aún más precarias que las de los chilenos.

La educación en la tolerancia parte, por ejemplo, por ser capaces de estructurar los currículos escolares en virtud del respeto a la diversidad y la multiculturalidad. Ello implica pasar desde la rígida concepción de la Historia Oficial hacia una que incorpore el análisis de las múltiples historias sociales. Esto que vale para los migrantes, vale también para otros grupos discriminados que demandan una educación basada en el reconocimiento y el respeto.

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Entrevistas

Editor Revista Sur. Periodista y Magíster en Estudios Internacionales de la Universidad de Chile.

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