5 años atrás
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Preuniversitarios

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Este año, como nunca, me ha llamado la atención la situación en que se encuentran muchos jóvenes, preocupados por el NEM, las exigencias del colegio, por el que estudiar o que hacer el próximo año, cargar con las expectativas propias y las de sus cercanos, además el preuniversitario. Parece entonces un tiempo extremadamente agobiante.

Personalmente es un tema que me frustra, pues lo encuentro injusto. Sí, es sumamente injusto que estos jóvenes deban hacerse cargo de los intereses económicos que algunos (universidades y preuniversitarios) mantienen sobre su futuro cercano. Nos hacen creer con la publicidad, que la vocación y felicidad están en juego. Que del qué estudies, donde y como te prepares, dependerá si serás fracasado o exitoso en la sociedad.

Entiendo perfectamente que ante este panorama muchos se sientan angustiados, pues también lo viví, y me rehúso a pensar que esta situación sea natural. Estoy seguro que tras todo esto es posible identificar algunos factores ante los cueles me deseo revelar.

En primer lugar, personalmente creo que no existe nada que grafique de mejor forma la desigualdad y el lucro en la educación que esta siniestra institución. No puede ser que después de haber cursado 12 años de escolaridad, de haber invertido dinero durante ese lapso, haya que gastar más (700 mil pesos anuales promedio, según La Tercera) en esto, pues es sacar un provecho de la insuficiencia y mala calidad de nuestra educación. Muchas veces son los mismos grupos económicos que están tras los colegios quienes están tras los preu, como si quienes te causaran una enfermedad te vendieran un remedio, que como intentaré proponer más adelante, tampoco es tal. Es cierto que hay preuniversitarios gratuitos, pero también lo es que al igual que en nuestra educación escolar, estos difícilmente pueden igualar la calidad de los pagados. Una institución que supuestamente busca aumentar las posibilidades de acceder a la universidad, finalmente parece que solo replica la desigualdad. Es decir: otra solución de mercado a un problema estructural.

Por otra parte, si nos detenemos y analizamos bien, no existen los preuniversitarios, sino los ‘prePSU’, pues para lo que preparan estos establecimientos es para obtener un puntaje, los métodos y ensayos que incorporan en sus programas son para esto, nada más. Parece de perogrullo, pero no lo es, pues uno esperaría de algo llamado preuniversitario que desarrollara competencias y habilidades que permitan a los jóvenes desenvolverse en un contexto académico universitario, sin embargo la tasa de deserción universitaria en nuestro país, según un estudio del CRUNCh es cercana al 42% hacia el 2 años, cierto es que muchos vuelven a ingresar pero también lo es, según el mismo estudio, que el promedio de permanencia en las carreras es 34% mayor que la formal, es decir una carrera estimada para 5 años en promedio es terminada durante el octavo. Evidentemente no pretendo responsabilizar de esto a los preuniversitarios, pero parece claro que el que los jóvenes logren vencer a ‘GoliatPSU’ y queden sobre el funesto umbral del fracaso, no garantiza un buen desempeño en la universidad.

Al comienzo comenté que esta situación me genera frustración, pues qué más quisiera yo que recomendar a los jóvenes no ingresar a los preuniversitarios. Me imagino ingenuamente que sin estos establecimientos podríamos dar un pequeño paso para vencer la desigualdad, tendríamos mayor claridad sobre los resultados de la PSU, pues estos responderían únicamente a los conocimientos y habilidades desarrolladas en la educación escolar, probablemente bajarían los puntajes de esta prueba pero también lo harían los puntajes de corte en las carreras y además significaría un ahorro considerable para muchas familias. Sé que no puedo proponer esto, pues hoy, no hacer ‘preu’ es poner en riesgo el puntaje que necesitas para la carrera que quieres.

Lo anterior me ha llevado a pensar lo siguiente: Existe en el inconsciente que la publicidad transmite, la idea de que finalmente los resultados de esta prueba se nos presentan como un ranking de medición del éxito y este último prácticamente como garantía de felicidad. Bueno, está lejos de ser cierto. Pues tras esto, estaríamos sosteniendo que para que alguien sea exitoso debe haber otro que no lo sea y por lo tanto desde aquí justificando muchas desigualdades. Es tremendamente necesario alejar este fantasma y convencernos de que el bienestar de uno depende del bienestar de todos.

Finalmente a quienes están en esta etapa de sus vidas les diría: Tu vocación no se juega en un puntaje o una carrera, estas son y serán siempre únicamente un medio. Sueña, imagina tú futuro con libertad, desplegado, no nos prives al resto de la sociedad de tus verdaderos talentos y tus deseos profundos. Enfrenta al fantasma del individualismo y el exitismo. Si puedes hacer un preuniversitario hazlo, ojalá obtengas un buen puntaje, puedas estudiar lo que quieras y te vaya bien en la vida, pero me tomo la libertad de exhortar a todos quienes hemos tenido mayores oportunidades, a vivirlas como un don que significa un compromiso responsable especialmente con todos quienes aún no las tienen. La plenitud de nuestros sueños es ayudar a otros a cumplir los suyos.

 

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Jesuita joven, estudiante de filosofía.

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