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Reflexiones por la muerte de Joane

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La Plaza de Armas de Santiago es todo un mundo. Pastores, ajedrecista, música y migrantes adornan día a día lo que fue el kilómetro 0. Ayer, junto a la pileta central, un grupo cercano a las 150 personas se concentraron para encender velas por Joane Florvil, ciudadana haitiana de 28 años que se encontraba internada y detenida en la Posta Central desde finales de agosto y que falleció este sábado 30 de septiembre.

Autores: Yvenet Dorsainvil y Jorge Rizik

Su detención ocupó páginas de diario, minutos de TV y de radio, ya que se la acusó de abandonar a su hija, de dos meses, en una oficina de protección de derechos en la comuna de Lo Prado. Los desmentidos ocurrieron de forma instantánea, con menor repercusión que la detención, y la noticia rápidamente pasó al olvidó.

Tras su detención pocos supieron que terminó hospitalizada por, de acuerdo a la versión de carabineros, haberse golpeado la cabeza en reiteradas ocasiones producto de la desesperación de no poder explicar lo que le sucedía. Menos gente supo que en el hospital sufrió una infección intrahospitalaria que la colocó en la lista de prioridad nacional para recibir un trasplante de riñón, mientras su hija quedó, desde su detención, en manos del SENAME y su padre sólo la podía ver en horarios convenidos con el tribunal. En esta situación la muerte sorprendió a Joane.

¿Qué ocurrió? ¿Por qué Joane fue detenida? ¿Quién es el responsable de la infección que contrajo en el hospital? ¿Por qué el padre no pudo acceder a la custodia de la niña? Estas preguntas están abiertas, pero cada una de sus respuestas estarán marcadas por el prejuicio y la ignorancia.

Prejuicio que tuvieron las personas que realizaron la denuncia, que pensaron que la mujer abandonaba a su hija; prejuicio de carabineros que no permitió que si quiera un intérprete pudiera ayudarlos a conocer la versión de la mujer de lo que ocurrió; prejuicio de la prensa que inmediatamente hizo eco  de la acusación contra Joane, publicando notas afirmando el supuesto abandono, sin siquiera investigar un poco y dando  dando tema de discusión a los trolls de las redes sociales.

La ignorancia opera en los mismos niveles que los prejuicios. Es más fácil entender que esta mujer abandona a su hija porque no tiene como alimentarla, en vez de pensar que es una mujer culturalmente confiada. Es más fácil entender que el pobre tiene dificultad para encontrar un pan diario, antes de  entender que la gente pobre también tiene sentimiento, es digna y prefiere morir de hambre junto con su criatura en vez de abandonarla.

Estar en este país requiere adaptarse a costumbres distintas, gente que piensa diferente y un idioma nuevo. Evidentemente nos cuesta hablar español, pero nos es más difícil aún desconfiar de personas iguales a nosotros, algo que en una ciudad como Santiago, donde todos desconfían de todos, es difícil de comprender.

Que nadie se esfuerce por entender lo que tienes para decir y te juzguen sin tener idea de lo que te pasó en ese momento, te deja en uno de los peores escenarios imaginables para una persona. En esa escena estuvo Joane y ninguno tendió su mano. Hoy miles de manos quieren ayudar, aunque sea tarde.

¿Quiénes son los culpables de la muerte de Joane? ¿El Estado criminal? ¿La negligencia del Hospital? La culpa comienza en nosotros, en nuestra indolencia, nuestro desinterés, nuestro individualismo y nuestra flojera. Los que participamos de la actividad por Joane, de una u otra forma conocimos su historia y no hicimos nada. Esperamos tranquilos a que otro tendiera la mano. Puede que hayamos esbozado un tweet, comentado con algún amigo o lanzado una consigna. Pero Joane continuaba hospitalizada, su hija en una casa del SENAME y su marido sin saber qué hacer. El acto de ayer fue un desagravio por nuestra indolencia, la colectiva, la que se acuerda de  la solidaridad y la acogida cuando el drama ya está consumado, no día a día. No cuando se requiere.

El drama de Joane no es el primero del año, tampoco será el último. Hemos visto como han apuñalado o quemado haitianos. Otros, fueron víctimas del frío en su trabajo, por no contar con la ropa y las cobijas adecuadas. La de ayer tampoco fue la primera velatón que se realizaba, ni esta la primera vez que alzamos la voz denunciando alguna injusticia, discriminación o atropello de derechos. Pero es una oportunidad de sacudirnos de nuestros prejuicios, ignorancia y miedos, una oportunidad de unirnos y enfrentar las injusticias, pero por encima de todo, prevenirlas.

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Columnas

Vocero de la Plataforma de Organizaciones Haitianas (POH)
Vicepresidente de la Coordinadora Nacional de Inmigrantes Chile

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