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Seleccionar, restringir y filtrar: la tradición de racismo de Estado en las políticas migratorias de Chile Vamos

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Es por decirlo menos, muy contradictorio, cuando algunos grupos políticos que se oponen a proyectos de ley e iniciativas pseudo democráticas y progresistas, utilizando como argumento “la libertad”, crean que la única forma de “regular”, en este caso, las migraciones, está solo en la posibilidad de restringir, es decir de coartar la libertad de otro, a ingresar al país por el motivo que sea.

En esta sintonía, la posición del gobierno dibuja una momia viviente de proyecto de ley, que es una mezcla del “discurso de los derechos humanos”, una visión y posición de apertura del país con sesgo de clase, género y raza; basada en la perspectiva de la seguridad nacional, y la creación de una institucionalidad encargada de la regulación (administrativa, y por qué no sospecharlo, policial) de las “fronteras”.

Frente a ello, pareciera ser que ningún asesor del actual gobierno tuvo mucha iniciativa en entender un “fenómeno migratorio”. Según la tesis general de la derecha, las fronteras estarían “abiertas” para que pase el que quiera y se quede el/la que quiera. Sería, para ellos, producto de “abrir las puertas” una latente o manifiesta “crisis” para el Estado chileno. Por ello, la mejor solución, sería una ley para “cerrar” las fronteras, o bien para seleccionar al inmigrante deseable y que a ese sujeto se le respeten todos sus derechos humanos y fundamentales.

Dicho de otra manera, la derecha no entiende que las movilidades humanas se dan en una serie de flujos de diversas posibilidades, como tampoco entiende que el funcionamiento pseudo democrático y  de relativa estabilidad económica del país frente a otros de América, convierten a Chile en un país donde otras personas puedan dar otros destinos a sus vidas. Miles y millones de personas que están atravesando por complejas situaciones políticas, económico-políticas e incluso ambientales. Como también la existencia de diversos grupos étnicos americanos basados en las migraciones y el comercio ambulante.

Sin comprender aquello, entonces se piensa que las migraciones sean procesos que ensalcen un irracional narcisismo nacional, en donde unos son más aptos para ingresar al país que otros. Que aquellos más aptos, o no, como la iniciativa de visas consulares a países caribeños como República Dominicana o Haití sea justamente aplicado a países de donde mayormente proviene gente de color, no se puede interpretar como una simple coincidencia, sino como una clara práctica política racista.

Seleccionar, restringir y filtrar, son prácticas que se inscriben en la historia de la política de relaciones exteriores de Chile. En tanto, la serie de Leyes y políticas en el Siglo XIX ya dibujan a 1880 la primera definición del  “Inmigrante Libre”: la descripción explícita de la migración deseada en un sujeto blanco europeo o estadounidense. Dentro de esa constante del siglo XIX, en conjunto con planes de colonización, prefiguran la selección y la restricción como una práctica racista de Estado: una selección basada en el perfil racial deseable.

En el siglo XX es cuando se desarrolla de forma más tecnificada la producción racial del extranjero deseado y el desarrollo de una política de “filtración”, tras el desplazamiento forzoso de asiáticos a las costas del, a ese entonces, recién anexado norte del país. Ya en 1906 una iniciativa de proyecto de ley de un político, quien precisamente no era de derecha, en el primer artículo de dicho proyecto versaba “queda prohibida la inmigración en el país de individuos de raza amarilla o mongólica o etiópica”. En 1918, la Ley 3.446 fija impedimentos para la entrada y salida de “elementos indeseables” al país. Ya en 1953, un Plan de atracción a extranjeros para el desarrollo y la producción, en donde se señala el valor de los extranjeros deseables en su “contribución a la mejora biológica de la raza chilena”. En 1959, se intenta regular en función de establecer “derechos” y “deberes” de la población extranjera.

Sin embargo, no es sino hasta 1975, en plena dictadura militar, proceso que caracterizó al país como un país expulsor, tanto por la persecución política al marxismo y los grupos políticos organizados de la clase trabajadora y de la izquierda, como también, de jóvenes en búsqueda de mayores horizontes para sus vidas, más allá de los Programas de Empleo Mínimo. Es que se establecen relaciones y la institucionalización de la idea de ciertos extranjeros como amenazas, consolidando un perfil racial, de clase y político que al día de hoy criminaliza la migración y consolida la idea de la migración, no entendida en su fenomenología, sino como políticas “atrayentes” de extranjeros y como un deseo primero del Estado, que de responder a situaciones y relaciones internacionales que son cada vez más complejas en América.

Vale decir, el marco regulatorio de las migraciones es obsoleto por los fundamentos y suposiciones que se encuentra en la lectura institucionalizada del Estado acerca de las movilidades humanas. Y por ende, la política de Seleccionar, restringir y filtrar, es lo obsoleto del paquete de políticas de Chile Vamos, esta vez, el enemigo nacional, puede ser la imaginación del inmigrante como delincuente y el miedo a la mezcla cultural y racial.

Seleccionar, restringir y filtrar, es la tradición del racismo de Estado que ha emulado las formas culturales coloniales y de la cultura burguesa occidental. En movilidades humanas que ya establecen una constante hacia el país, insistir en ese sistema obsoleto, solo consolida el enfoque que criminaliza la migración irregular, y el anuncio del gobierno con la “nueva institucionalidad” me parece que será perpetuar el negocio del fetiche de la “inseguridad” con las imágenes sobre la migración irregular y las personas morenas y de color ¿esperará el gobierno abrir otra policía y tecnificar sistemas de detención para inmigrantes en situación administrativa irregular y así ampliar el negocio de la seguridad y la industria penitenciaria?

Ante la aberración de la tradición racista, debemos sospechar y poner nuestras fuerzas para otros futuros, sin necesidad de tener que argumentar  el derecho irrestricto que tenemos todas y todos los seres humanos de cambiar nuestras  historias y el destino de nuestras vidas.

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Columnas

Psicólogo y Magíster en Psicología Social, Trabaja como Coordinador de la Unidad de Atención a Inmigrantes de CIAP de UCN Antofagasta. Esta opinión solo representa al sujeto quien las emite y no involucra un pronunciamiento de UCN respecto al tema. Integrante de la Red Nacional de Organizaciones Migrantes y Promigrantes.

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