{"id":122089,"date":"2021-12-02T21:19:54","date_gmt":"2021-12-02T21:19:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/?p=122089"},"modified":"2021-12-10T10:17:40","modified_gmt":"2021-12-10T10:17:40","slug":"fui-otra-en-el-espejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/2021\/12\/fui-otra-en-el-espejo\/","title":{"rendered":"Fui otra en el espejo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>***<\/strong> <strong>Cuento parte de la novela \u00abGente de Valijas\u00bb de Wilson Charry<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El agudo olfato del perro criollo de unos ni\u00f1os que jugaban a orillas del r\u00edo Cauca encontr\u00f3 a la mujer. El cuerpo sin vida ya emanaba olores de putrefacci\u00f3n; estaba boca arriba, atada de pies y manos, y con un disparo certero en medio de los ojos a medio cerrar. A pesar de la brutalidad de la escena, el hecho fue un n\u00famero m\u00e1s que engros\u00f3 las estad\u00edsticas criminales de una ciudad que se hund\u00eda en sangre desde hac\u00eda d\u00e9cadas, por lo que el noticiero de radio local s\u00f3lo ocup\u00f3 un minuto para registrar la noticia en la secci\u00f3n judicial, para que luego el locutor entonara con alegr\u00eda la victoria, la noche anterior, de la selecci\u00f3n de f\u00fatbol en un juego internacional; el peri\u00f3dico de cr\u00f3nica roja ocup\u00f3 solo una cuartilla para reportar la noticia con una fotograf\u00eda a color en primer plano, en medio de la modelo m\u00e1s voluptuosa del momento y el cl\u00e1sico crucigrama para un concurso con un premio monetario.\u00a0\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Arcadia fue soterrada con una l\u00e1pida lisa y sin ornamentos, despu\u00e9s de una escueta ceremonia organizada por sus tres medias hermanas mayores vestidas de luto en el cementerio central de la localidad. Nadie m\u00e1s de la familia asisti\u00f3 al ritual. No fue puesta en una tumba que sobrepasara el presupuesto, sino que ocup\u00f3 el sector del cementerio donde se dejan a los m\u00e1s pobres: columbarios al estilo romano con gigantescos bloques de muros de 6 b\u00f3vedas de alto por 32 de ancho, evidenciando que hasta en la muerte se distinguen las clases sociales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que el sepulturero diera la \u00faltima estocada con cemento blanco para sellar la losa, la hermana mayor les dijo a las otras dos que ten\u00edan que mandarle a hacer una misa, quince d\u00edas despu\u00e9s, para que el alma descansara en paz, fuera perdonada por todos sus pecados lujuriosos que hab\u00eda cometido en toda su vida, y tuviera buen camino hac\u00eda el descanso eterno; pese a ello, s\u00f3lo le limitaron a rezar tres \u201cDios te salve, Mar\u00eda\u201d y dos \u201cGloria al Padre\u201d para luego&nbsp; marcharse; pasaron los d\u00edas, semanas, meses y a\u00f1os, olvidando por completo la misa prometida. Como si fuera ya un acto de costumbre familiar, ignoraron por completo la que estaba fr\u00eda, tendida y cubierta por la caja de madera m\u00e1s barata que se pudo encontrar en el mercado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cumplidos los cuatros a\u00f1os exactos de aquel entierro, la administraci\u00f3n del cementerio tuvo que sacar los restos \u00f3seos de Arcadia y enviarlos a una fosa com\u00fan sin la presencia de los familiares \u2014que no pudieron ser contactados\u2014 para dar paso a otro cad\u00e1ver en el mismo agujero. Solo un triste clavel disecado fue el que encontraron los funcionarios antes de romper la tumba, pero no porque alg\u00fan ser querido de la mujer lo haya puesto, sino porque un hombre demente \u2014famoso en el barrio por repartir flores a muertos olvidados en camposanto\u2014 se lo hab\u00eda arreglado cinco semanas atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>***<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El dispendioso perfume de <em>Chanel<\/em> se percib\u00eda a kil\u00f3metros de distancia, antes de que Arcadia llegara con sus tacones de puntilla a su lujoso sal\u00f3n de belleza con glamurosas vestimentas y accesorios que la hac\u00edan distinguir de las dem\u00e1s mujeres. <\/strong>De buena gana saludaba a sus empleados y clientes, los que le respond\u00edan casi con reverencia absoluta. Era due\u00f1a y se\u00f1ora de cinco sucursales m\u00e1s, gracias a su trabajo constante, dedicado y a un empuj\u00f3n econ\u00f3mico que le ofreci\u00f3 quien fuera, dicen, el \u00fanico amor que en toda su vida \u2014y en las vidas siguientes\u2014 hubiera podido tener.<\/p>\n\n\n\n<p>Se conocieron tres semanas despu\u00e9s de que la mujer llegara a un pa\u00eds vecino, sin conocer a nadie y sin tener d\u00f3nde caerse muerta. Hab\u00eda cruzado la frontera sure\u00f1a llegando a una ciudad que, por un lado, se mostraba fina y apacible por los bellos paisajes y una pintoresca arquitectura de piedra y madera vigilada por una falda volc\u00e1nica; pero, por otro lado, se mostraba una bestia que se pod\u00eda devorar a quien no tuviera los documentos de residencia en orden, y mucho m\u00e1s si lleva acentos extra\u00f1os en cada palabra; al fin y al cabo, una ciudad que podr\u00eda resultar malvada e indiferente como cualquier capital. La joven inmigrante estaba huyendo de su pa\u00eds, de su ciudad, de sus calles, de su barro, de sus conocidos, de toda su familia que la quer\u00eda lapidar y, sobre todo, de su padre quien le quer\u00eda arrojar las piedras m\u00e1s grandes. Quiso escapar de cualquier persona que la conociera para brotar de nuevo. Y en aquel segundo parto estuvo presente don \u00c1ngel Sanabria, un setent\u00f3n con un manto blanco de cabellera, pero con una vigorosidad suficiente que le permiti\u00f3 pretender a Arcadia en la calle, una tarde d\u00eda soleado, luego de tener varios d\u00edas observ\u00e1ndola en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Buenos d\u00edas \u2014salud\u00f3 el canoso con cara de noble y con el ritmo cardiaco m\u00e1s agitado de lo normal tras acelerar el paso para lograr alcanzarla.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo te llamas? \u2014continu\u00f3, al ver que su pretendida ignoraba el saludo sin voltearlo a mirar. Al fin de cuentas Arcadia supuso que no pod\u00eda ser otra cosa que un acosador o un ladr\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 otra cosa podr\u00eda pensar?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPara qu\u00e9? \u00bfQui\u00e9n es usted? \u2014 por fin replic\u00f3 Arcadia de manera precavida, fij\u00e1ndose en el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mucho gusto, mi nombre es \u00c1ngel\u2026 \u00c1ngel Sanabria. Soy el due\u00f1o de la joyer\u00eda que est\u00e1 en la esquina \u2014dijo el pretendiente mientras le tend\u00eda una mano que evidenciaba el paso de los a\u00f1os, y un \u2014supon\u00eda Arcadia\u2014 costoso reloj en su mu\u00f1eca. El viejo gozaba de los frutos de muchos a\u00f1os de esfuerzo dedicados a la venta de metales tan nobles como la cualidad que lo preced\u00eda. Parco, caballeroso, letrado y con una contagiosa tranquilidad cuando pronunciaba palabra. Adem\u00e1s \u2014hay que decirlo \u2014, con una cuota de ingenuidad al pretender que alguien se puede abordad de esa manera en la calle sin que parezca sospechoso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah, ya. \u00bfUsted es el due\u00f1o de la joyer\u00eda? \u2014 pregunt\u00f3 Arcadia al recordar que ella tambi\u00e9n lo hab\u00eda visto en alguna oportunidad y que, incluso, tambi\u00e9n le hab\u00eda llamado la atenci\u00f3n como hombre. <strong>A ella siempre le hab\u00edan atra\u00eddo los varones mayores e inteligentes, porque dec\u00eda que la mezcla de buenas neuronas y la experiencia de la vida se manifestaba muy bien en la cama.<\/strong> De hecho, su \u00faltima relaci\u00f3n hab\u00eda sido con un hombre que le doblaba la edad; pero todo termin\u00f3 cuando ella se dio cuenta de que \u00e9l se acostaba frecuentemente con otra mujer, la que tampoco sab\u00eda \u2014y nunca supo\u2014 de la existencia de Arcadia, y con la que, finalmente, \u00e9l se cas\u00f3 un mes despu\u00e9s. Luego, Arcadia se percat\u00f3 de que la boda no hab\u00eda sido tan r\u00e1pida como ella crey\u00f3 al principio, puesto que llevaban un a\u00f1o con los preparativos, siendo aquella mujer su novia oficial y Arcadia, simplemente, la amante.&nbsp; Alguna vez escuch\u00f3 en un programa de radio que quienes, de manera frecuente, se enredan en amor\u00edos con personas mayores, es porque el subconsciente busca el amor que no encontraron en sus padres, o porque quieren que sus parejas se les parezca. A ella le pareci\u00f3 que aquella explicaci\u00f3n ten\u00eda algo de sentido y calzaba a la perfecci\u00f3n en su caso; sin embargo, tambi\u00e9n le pareci\u00f3 que la psic\u00f3loga invitada en el programa de radio ten\u00eda una voz muy fraudulenta y desech\u00f3 la teor\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed \u2014afirm\u00f3 don \u00c1ngel\u2014. Vives en el inquilinato de la esquina, \u00bfcierto?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, vivo ah\u00ed \u2014respondi\u00f3 la joven Arcadia.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde eres? Te noto un acento extra\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de sentir un poco m\u00e1s de confianza y una encubierta atracci\u00f3n por el hombre de buen porte y buen vestir, ella le contest\u00f3 que era de tierras for\u00e1neas, de una ciudad m\u00e1s al norte de la mitad del mundo. Le cont\u00f3 que estaba reci\u00e9n llegada y que estaba buscando oportunidades de trabajo en el arte de cortar el cabello. Lo hab\u00eda aprendido casi por accidente \u2014u obligaci\u00f3n\u2014 en su ciudad natal, porque una amiga suya le ense\u00f1\u00f3 a cambio de servicios dom\u00e9sticos. Se volvi\u00f3 toda una experta en las t\u00e9cnicas capilares, a pesar de que siempre quiso estudiar administraci\u00f3n de empresas en la universidad. Era buena con los n\u00fameros, pero nunca apunt\u00f3 a ese prop\u00f3sito porque siempre pens\u00f3 que en las aulas tambi\u00e9n iba a ser lapidada: aparte de siempre estar lejos de conseguir el dinero para entrar a la universidad, tampoco ten\u00eda el cuero tan grueso como para que la siguieran se\u00f1alando.<\/p>\n\n\n\n<p>No se sabe en qu\u00e9 momento Arcadia y don \u00c1ngel terminaron en una cafeter\u00eda en medio de ponche y pan de Ambato para seguir la conversaci\u00f3n, hasta que, en alg\u00fan momento, don \u00c1ngel hizo la pregunta obligada mientras la segu\u00edan mir\u00e1ndose con inter\u00e9s:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah, entiendo. Perd\u00f3n, pero hemos hablado bastante y no me has dicho tu nombre, \u00bfcu\u00e1l es?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Juan\u2026 me llamo Juan Manuel \u2014respondi\u00f3 con una sonrisa en la que mostraba su blanca y est\u00e9tica dentadura. En ese momento Arcadia a\u00fan se hac\u00eda llamar como le hab\u00eda puesto el cura cuando la bautiz\u00f3: Juan Manuel Ante; Ante como su padre, a pesar de que aquel se hubiese arrepentido toda la vida por darle el apellido, porque dec\u00eda que el nombre familiar no pod\u00eda portarlo un maric\u00f3n. Arcadia era producto de una noche loca en busca de copas y compra de amor al sonido de m\u00fasica antillana, boleros y chirim\u00edas en una taberna de un puerto donde se divisaba el oc\u00e9ano Pac\u00edfico. El padre de Arcadia, finalmente, le dio el apellido a rega\u00f1adientes cuando cumpli\u00f3 un a\u00f1o, pero nunca permiti\u00f3 que ella dejara de significar el producto de un error, a\u00fan m\u00e1s cuando en su crecer mostraba m\u00e1s amaneramientos de los que cualquier sociedad de la \u00e9poca pudiera soportar. Arcadia siempre intent\u00f3 tener relaci\u00f3n con sus hermanas, aquellas que gozaban del r\u00f3tulo de hijas leg\u00edtimas, pero siempre se encontraba con la barrera de un cari\u00f1o tibio.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-cover alignleft has-background-dim\" style=\"min-height:366px;aspect-ratio:unset;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" class=\"wp-block-cover__image-background wp-image-122090\" alt=\"\" src=\"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-1024x683.jpg\" data-object-fit=\"cover\" srcset=\"https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-768x512.jpg 768w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-2048x1365.jpg 2048w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-580x387.jpg 580w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-860x573.jpg 860w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-1160x773.jpg 1160w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Fui-otra-en-el-espejo-1-1320x880.jpg 1320w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><div class=\"wp-block-cover__inner-container is-layout-flow wp-block-cover-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-large-font-size\"><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p>La metamorfosis de Juan Manuel Ante para convertirse en Arcadia se produjo de manera acelerada cuando conoci\u00f3 a don \u00c1ngel, su \u00e1ngel; aquel hombre mayor que lleg\u00f3 a rescatarla, en parte, de un mundo en que no pod\u00eda ser una ella, sino que era obligada a ser un \u00e9l. Y a don \u00c1ngel le gust\u00f3 y ayud\u00f3 con esa transformaci\u00f3n que, incluso, lleg\u00f3 a adular. A pesar de haberla conocido con cabello corto y vestida con unos est\u00e1ndares masculinos, era evidente que ella se quer\u00eda mostrar como otra persona. Aquel hombre, ya convertido en su amante, abri\u00f3 la jaula para que saliera el canario y le peg\u00f3 las alas para volar; fue su pilar en su econom\u00eda para que cumpliera su sue\u00f1o de tener sus negocios de belleza; un logro comercial tan pr\u00f3spero que, en poco tiempo, pudieron fundar las otras cuatro sucursales. Vestidos finos y elegantes, fragancias femeninas, u\u00f1as arregladas, zapatos de tac\u00f3n alto, pelucas de todos los estilos, glamurosos bolsos y costosas joyas eran parte de la transformaci\u00f3n de Arcadia quien, de alg\u00fan modo, tambi\u00e9n logr\u00f3 adelgazar a\u00fan m\u00e1s el timbre de su voz. Fue don \u00c1ngel quien \u2014en una tarde sincerada de risas y encantos\u2014 le sugiri\u00f3 adoptar su nuevo nombre haciendo alusi\u00f3n a la regi\u00f3n griega cuya referencia de muchos artistas antiguos est\u00e1 marcado de contradicciones: unos la describen con burda hospitalidad, yerma, rocosa y fr\u00eda; pero otros lo hacen alabando sus bellos paisajes, inigualables ninfas y paradisiacos campos pastoriles; a ella le gust\u00f3 esa dualidad y se bautiz\u00f3 por segunda vez. Arcadia logr\u00f3 ser irreconocible para cualquiera que la hubiese conocido en su vida pasada, incluso para su familia o el mismo don \u00c1ngel, con quien se amaba de todas las formas que alguna vez hayan sido escritas. <strong>Ten\u00edan encuentros reservados cada vez que pod\u00edan, donde se declaraban amor perdurable mientras enredaban los cuerpos durante horas. Ambos terminaban exhaustos, despatarrados en la cama mirando el cielo \u2014en vez del techo que los cubr\u00eda\u2014, con un cigarrillo entre los labios que terminaban a tres bocanadas y pregunt\u00e1ndose si era posible vivir esos momentos durante toda la eternidad. <\/strong>Muchas veces se prestaban los hombros para los d\u00edas melanc\u00f3licos, donde ella se apoyaba en \u00e9l para aflojar el dolor de su pasado turbio y, a su vez, esperanzarse con un futuro claro; \u00e9l tambi\u00e9n lo hac\u00eda, aunque de vez en cuando: se sacaba el coraz\u00f3n para ponerlo en las manos de ella y le contaba que a\u00fan ten\u00eda pesadillas de una infancia dif\u00edcil, y que las yagas por el trasegar de la vida se manten\u00edan tan abiertas como ardientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El olor caracter\u00edstico a medicamentos hac\u00eda evidente que estaba en la sala de urgencias de un hospital p\u00fablico de la ciudad, donde proliferaban los heridos por apu\u00f1alamiento, balaceras o cualquier otro hecho que implicara sangre en abundancia y v\u00edsceras en exhibici\u00f3n.<\/strong> Eran las 2:15 a.m. y un grito ensordecedor se escuch\u00f3 por el blanco recinto cuando Arcadia suplic\u00f3 que la atendieran, mientras dejaba un rastro de sangre a su paso. Diez minutos antes hab\u00eda recibido una pu\u00f1alada en su vientre tras una ri\u00f1a callejera. Pidi\u00f3 a gritos que llamaran a Mercedes, una de sus hermanas que trabajaba en el hospital en el \u00e1rea de radiolog\u00eda. Fue atendida de inmediato, m\u00e1s que por la gravedad de sus heridas que por el lazo de consanguinidad que dec\u00eda tener con una de las funcionarias. Luego de las curaciones necesarias, Arcadia fue dejada en observaci\u00f3n en uno de los precarios cub\u00edculos del hospital, donde, en efecto, fue visitada por su hermana Mercedes. Un cruce de saludos escuetos antecedi\u00f3 la pregunta forzada de la hermana mayor:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEsta vez qu\u00e9 le pas\u00f3, Juan?<\/p>\n\n\n\n<p>La respuesta fue con la frente en alto, fiel caracter\u00edstica de la f\u00e9mina, argumentando que ella era una mujer que no se dejaba de nadie, mucho menos de cualquier hombre que hab\u00eda acabado de conocer, as\u00ed fuera por el intercambio de amor por unos cuantos pesos en la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los \u00faltimos a\u00f1os, Arcadia hab\u00eda experimentado un hundimiento cual yunque en el oc\u00e9ano. Perdi\u00f3 todo de una manera acelerada y estrepitosa como de no creer: perdi\u00f3 sus salones de bellezas, perdi\u00f3 sus cuentas bancarias y, lo que m\u00e1s le fragmentaba el alma, perdi\u00f3 a don \u00c1ngel; \u00e9l era su sost\u00e9n, su amante, su amigo, su padre, su familia, su hombre y no supo c\u00f3mo manejar su ausencia. Result\u00f3 que una ma\u00f1ana su coraz\u00f3n dej\u00f3 de latir, de manera repentina, mientras ambos compart\u00edan juegos de amor en un motel clandestino a las afueras de la ciudad. Arcadia qued\u00f3 destrozada, y lo qued\u00f3 a\u00fan m\u00e1s sabiendo que ni siquiera pudo acudir al entierro del hombre \u2014que muchos lo confund\u00edan con su abuelo, pero que, en realidad, se comportaba como si fuera el mejor de los amantes\u2014&nbsp; porque la esposa, hijos y nietos del difunto no se lo permitir\u00edan, a pesar de que desde hac\u00eda a\u00f1os gran parte de la familia sab\u00eda de aquel amor furtivo. La elegante consorte de don \u00c1ngel, ya entrada en a\u00f1os, alguna vez visit\u00f3 uno de los salones de belleza de Arcadia, exigiendo que fuera ella, y no ninguno de sus empleados, qui\u00e9n le deb\u00eda hacer un peinado con tintes platinados. Arcadia sin saber qui\u00e9n en realidad, accedi\u00f3 con simpat\u00eda. Al terminar el trabajo, la esposa de don \u00c1ngel, a\u00fan sentada, s\u00f3lo se limit\u00f3 a decirle a Arcadia mientras la miraba de manera fija a trav\u00e9s del espejo:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gracias. Es buena en su trabajo, tal y como me hab\u00edan dicho. Me imagino que en la cama es igual de buena\u2026 o bueno \u2014arque\u00f3 las cejas con iron\u00eda\u2014 como para engatusar a mi marido. Su dinero es maravilloso, \u00bfverdad? S\u00f3lo espero que tenga la decencia de nunca acercarse a mi casa, a mis hijos o a mis nietos, y que intente hacer de esta aberraci\u00f3n lo menos p\u00fablica posible; no quiero ser parte del postre en las mesas.<\/p>\n\n\n\n<p>Las palabras de fueron con aplomo, haciendo que Arcadia no le quedara un \u00e1pice de espacio para alguna reacci\u00f3n. Se puso de pie con decoro, pag\u00f3 y se fue tranquila. Contrario a lo que insinuaba la esposa de don \u00c1ngel, los que conocieron de cerca la relaci\u00f3n indecente aseguraban que Arcadia s\u00ed amaba a don \u00c1ngel como hombre y tambi\u00e9n como la figura paterna que nunca estuvo para brindarle amor y protecci\u00f3n, sino delaciones. La muerte de don \u00c1ngel fue el motivo para deprimirse sobremanera y consumirse en todo tipo de drogas de una forma tan acelerada que le caus\u00f3 pisar las calles en poco tiempo. Fueron delitos de drogas y ri\u00f1as callejeras las que causaron que las autoridades de ese pa\u00eds la deportaran. Ya en sus tierras, sigui\u00f3 con los mismos pasos de decadencia absoluta. Arcadia se hab\u00eda hundido por completo hasta tocar fondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mercedes, la hermana mayor de Arcadia, se despidi\u00f3 en el cub\u00edculo del hospital con la promesa de que regresar\u00eda a visitarla al d\u00eda siguiente, cosa que no cumpli\u00f3 sino hasta el segundo d\u00eda, cuando la mujer ya no estaba. Asumi\u00f3 que Arcadia hab\u00eda vuelto a sumergirse en las entra\u00f1as de los barrios m\u00e1s bajos de la ciudad, y volver\u00eda a aparecer cuando una mala noticia la pregonara. Y as\u00ed fue: Mercedes volvi\u00f3 a saber de su medio hermana cuando un funcionario de la morgue del hospital le dijo que hab\u00eda alguien con las caracter\u00edsticas de Arcadia. En efecto, era ella. El dolor que sinti\u00f3 no le alcanz\u00f3 para encharcar sus ojos, ni el de sus otras hermanas, ni en los del resto de su familia. S\u00f3lo se manifestaron con un \u201cQue Dios lo tenga su gloria y le d\u00e9 el descanso eterno\u201d.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La polic\u00eda realiz\u00f3 un escueto reporte sobre el homicidio, el que indic\u00f3 que se habr\u00eda producido por deudas pendientes con bandas de microtr\u00e1fico de la zona que se especializaban en la venta de bazuco, o por l\u00edos con alg\u00fan amante. Sin embargo, a nadie le import\u00f3 tanto como para protestar aquellas hip\u00f3tesis discriminatorias, porque hasta la propia familia le parec\u00edan coherentes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hasta el d\u00eda de hoy, cuando de vez en cuando su imagen pasa por la mente de alg\u00fan conocido o integrante de la familia, se le recuerda como Juan y no como Arcadia; a fin de cuentas, nunca le perdonaron su intenci\u00f3n de querer cambiar su identidad por el verdadero ser que llevaba dentro; no le reconocen, ni siquiera en su partida al m\u00e1s all\u00e1, su voluntad de no ser \u00e9l sino no ella. A pesar de su partida, Arcadia sigue siendo lapidada por lo que fue su destino.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>*** Cuento parte de la novela \u00abGente de Valijas\u00bb de Wilson Charry El agudo olfato del perro criollo de unos ni\u00f1os que jugaban a orillas del r\u00edo Cauca encontr\u00f3 a la mujer. 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