{"id":130101,"date":"2022-03-12T14:16:14","date_gmt":"2022-03-12T14:16:14","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/?p=130101"},"modified":"2024-07-02T01:37:41","modified_gmt":"2024-07-02T01:37:41","slug":"reflexiones-desde-el-kilombo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/2022\/03\/reflexiones-desde-el-kilombo\/","title":{"rendered":"Reflexiones desde el kilombo"},"content":{"rendered":"\n<p>El mundo que conoc\u00edamos hace 2 a\u00f1os ya no est\u00e1. La pandemia global cambi\u00f3 la manera en la cual los cuerpos se disponen en los espacios sociales y la norma es el distanciamiento. Las formas de relacionarnos con el entorno han mutado y la digitalizaci\u00f3n de las comunicaciones, que ven\u00eda abri\u00e9ndose paso hace algunos a\u00f1os, se aceler\u00f3 de manera exponencial, haciendo de los espacios virtuales la modalidad imperante, tanto en la esfera laboral y educacional, como en las relaciones personales.<\/p>\n\n\n\n<p>El llamado un\u00edsono de los matinales, noticieros y normativas gubernamentales nos indicaba que deb\u00edamos <em>&lt;&lt;d i s t a n c i a r n o s&gt;&gt;<\/em> si quer\u00edamos sobrevivir para ver la siguiente etapa y aquello que parte como una normativa del gobierno para intentar mitigar el avance de los contagios se ha inscrito en nuestras subjetividades, donde el activismo social no fue inmune a esta influencia. La intenci\u00f3n de lo dicho anteriormente no es esbozar una cr\u00edtica sin sentido al manejo de la pandemia -aunque abunda el material para discutir respecto a los reg\u00edmenes necropol\u00edticos instaurados por los gobiernos bajo la \u00e9gide de la pandemia-, sino que, busca establecer un momento de reflexi\u00f3n respecto a c\u00f3mo la distancia f\u00edsica de los cuerpos tambi\u00e9n construye un alejamiento socioemocional que trae consigo nuevos desaf\u00edos a la hora de edificar movimientos sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las piedras angulares del sistema neoliberal es la exaltaci\u00f3n del individuo, por lo que, se relevan los logros individuales y se alimenta el deseo de un \u00e9xito solitario basado en la competencia. Este \u00e9xito usualmente contempla el enriquecimiento monetario y\/o la adquisici\u00f3n de poder por sobre otros, una aspiraci\u00f3n que se basa en la creencia del falso mito de la meritocracia. Este individualismo constitutivo penetra nuestras conciencias y permea nuestros v\u00ednculos interpersonales, y la militancia pol\u00edtica no es la excepci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De esta forma se esboza un panorama poco alentador para los movimientos colectivos; nos encontramos en un sistema que aboga ideol\u00f3gicamente por luchar individualmente por la sobrevivencia, y complementariamente, el confinamiento vinculado al COVID-19 nos impide del encuentro f\u00edsico con el otro.<\/p>\n\n\n\n<p>La vivencia de las angustias y malestares bajo la l\u00f3gica del neoliberalismo crea lo que Roberto Aceituno<a href=\"#_ftn1\" id=\"_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> describe como desasosiego; una individualizaci\u00f3n del padecer que trae consigo una experiencia de desconfianza, miedo, angustia y el debilitamiento del sentido colectivo e individual de la vida. Esa erosi\u00f3n del tejido social disuelve el contrato social, agudizando a\u00fan m\u00e1s el individualismo, generando as\u00ed un ciclo dif\u00edcil de romper. \u00bfC\u00f3mo activar colectivamente, si todo nos empuja a la individuaci\u00f3n?<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido, el racismo y su deshumanizaci\u00f3n de las personas no-blancas crean una sociedad en la cual las personas negras y marronas habitan una especie de no-<em>ser, <\/em>una existencia liminal que exige la permanente justificaci\u00f3n de dicha existencia en funci\u00f3n de la productividad laboral y el acato a las reglas. Dicha relaci\u00f3n social es insostenible, puesto que, se le exigen todos los ritos laborales y culturales a las personas negras e ind\u00edgenas, pero sin nunca proveer los beneficios de pertenecer a una cultura.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, este sentimiento material-subjetivo de no pertenencia es un potente motor para crear otras formas de vida. Por ejemplo, el proceso de <em>akilombamiento <\/em>de las personas negras que escapaban de la existencia esclavizada en la colonia cre\u00f3 espacios en los cu\u00e1les las formas de vivir, comer, producir, ense\u00f1ar, aprender, trabajar, amar, entre otros, pod\u00eda erguirse desde una cosmovisi\u00f3n no-occidental.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Ese esp\u00edritu kilombero es un necesario ant\u00eddoto para las imposiciones modernas de la colonizaci\u00f3n, dado que, lo moderno-colonial descansa sobre la naturalizaci\u00f3n de las formas de vida euroc\u00e9ntricas, racistas y patriarcales. Es decir, esa cosmovisi\u00f3n tiene como requerimiento el epistemicidio y la negaci\u00f3n de los saberes que se oponen o divergen de ella. As\u00ed, la posibilidad de so\u00f1ar nuevas formas de existencia que no tributen al sistema actual es un requerimiento para poder construir un activismo que no s\u00f3lo busque mayor comodidad dentro de este, sino que, una desterritorializaci\u00f3n que abra las puertas a otras formas de existir.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto que este no-pertenecer no afecta solamente a personas desde la arista de la raza, sino que, diversas existencias subalternizadas han denunciado el sin-sentido de existir en una sociedad que demanda todo sin proveer ning\u00fan cuidado, pero el racismo pone en evidencia los procesos de objetificaci\u00f3n de los seres humanos; una existencia limitada a la instrumentalizaci\u00f3n de sus cuerpos y el desecho de su subjetividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, aquello que acontece en las vidas particulares de les militantes afecta su forma y posibilidad de activismo. El COVID-19 trajo varias consecuencias, tal como, el desempleo, la inaccesibilidad de los servicios m\u00e9dicos y las viviendas, la precarizaci\u00f3n alimentaria, los procesos de lutos por seres queridos perdidos, la angustia asociada al proceso geopol\u00edtico de la pandemia, entre otros; todas condiciones que se convierten en caldo de cultivo para taclear los desaf\u00edos de la realidad desde el individualismo y la hostilidad social.<\/p>\n\n\n\n<p>Los afectos no quedan fuera de esta ecuaci\u00f3n, y las heridas que cargamos de nacer y crecer en este sistema nos acompa\u00f1an, inmiscuy\u00e9ndose en nuestra forma de crear movimientos colectivos. Las demandas por justicia no cesan y el agotamiento se hace presente en la gran mayor\u00eda de las organizaciones sociales. Este agotamiento, mezclado con la frustraci\u00f3n de enfrentarnos a una estructura inmensa e incesante, decanta en una ira que suele girarse hacia nosotres mismes y nuestras personas cercanas, creando entornos de hostilidad en los cu\u00e1les se pierde el horizonte respecto a c\u00f3mo y por qu\u00e9 activar.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a las nuevas circunstancias e innovaciones del sistema para precarizarnos y controlarnos a\u00fan m\u00e1s, urge que pensemos en formas estrat\u00e9gicas de incidir y militar, para as\u00ed poder crear nuevas formas de existir en el mundo. Esto no implica solamente dialogar de forma interpersonal, sino que, tambi\u00e9n requiere detenerse y mirar hacia adentro, para as\u00ed distinguir c\u00f3mo la estructura tambi\u00e9n permea la intimidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal como advert\u00eda Frantz Fanon, el racismo colonial -tambi\u00e9n puede expandirse al patriarcado- debe siempre abordarse contemplando su esfera objetiva-material, pero tambi\u00e9n, los aspectos subjetivos y ps\u00edquicos de este sistema en nosotres. S\u00f3lo as\u00ed podemos aspirar a salir de la eterna repetici\u00f3n de las antiguas din\u00e1micas inscritas en nuestra subjetividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Es por esto que, en esta reflexi\u00f3n deseamos tensionar el ejercicio mec\u00e1nico de los movimientos sociales; la repetici\u00f3n eterna de sentimentalismos nost\u00e1lgicos sin acompa\u00f1amiento de una reflexi\u00f3n contingente respecto a nuevas formas de activar y resistir.<\/p>\n\n\n\n<p>El 8M es una fecha de conmemoraci\u00f3n, o sea, es una instancia para revisitar uno de los hitos de la historia de resistencia de las mujeres en el mundo. No obstante, no se debe confundir la conmemoraci\u00f3n con el combate. Las marchas nacen como una herramienta de disrupci\u00f3n del espacio p\u00fablico con el fin de visibilizar una herida social; su funci\u00f3n es producir incomodidad, puntuar la monoton\u00eda de una ciudad que no cuestiona sus flujos y din\u00e1micas.<\/p>\n\n\n\n<p>En el territorio chileno, la marcha del 8M se ha vuelto una instancia masiva de encuentro y memoria de la resistencia, pero dicho evento deber\u00eda complementarse con un esp\u00edritu innovador, creativo y revolucionario que rebalse la fecha e impregne las acciones macro y micropol\u00edticas del d\u00eda a d\u00eda. Es crucial que, antes de salir a gritar una consigna, se pondere su significado y se plantee c\u00f3mo convertir los discursos en realidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconstruyamos nuestro alrededor con rebeld\u00eda y pensamiento cr\u00edtico y decantemos nuestras frustraciones en acciones; que la rabia sea el motor y no s\u00f3lo el objetivo, para poder as\u00ed llevar a cabo un proceso de construcci\u00f3n colectiva de un mejor porvenir.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" id=\"_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a> Morales, R. A., Hiriart, G. M., &amp; Molina, \u00c1. J. (2012, August). Experiencias del desasosiego: salud mental y malestar en Chile. <em>Anales de la Universidad de Chile, 3, 89-102.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mundo que conoc\u00edamos hace 2 a\u00f1os ya no est\u00e1. La pandemia global cambi\u00f3 la manera en la cual los cuerpos se disponen en los espacios sociales y la norma es el distanciamiento. 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