{"id":135270,"date":"2022-06-25T16:36:46","date_gmt":"2022-06-25T16:36:46","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/?p=135270"},"modified":"2023-07-07T19:14:10","modified_gmt":"2023-07-07T19:14:10","slug":"sonambulo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/2022\/06\/sonambulo\/","title":{"rendered":"Son\u00e1mbulo: un cuento de terror"},"content":{"rendered":"\n<p> <\/p>\n\n\n\n<p>Por: Wilson Charry<\/p>\n\n\n\n<p>Ilustraci\u00f3n: Gaviota Cercos<\/p>\n\n\n\n<p>________________________________________________________________________________________________________________<\/p>\n\n\n\n<p>Hermes, de diez a\u00f1os, sinti\u00f3 aquella ola de fr\u00edo repentina que lo despert\u00f3 con la piel de gallina. Era una noche cualquiera. Despu\u00e9s de una jornada rutinaria y de cenar chocolate con pan, seg\u00fan la tradici\u00f3n, se hab\u00eda acostado cerca de las once. Tambi\u00e9n lo hizo su madre Ver\u00f3nica y su hermano menor Marcos, de cinco a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Despu\u00e9s de apagar las luces, los rayos de una luna envolvente penetraron a trav\u00e9s de los espacios entre las s\u00e1banas convertidas en cortinas. Esto dio lugar a un sinf\u00edn de figuras retorcidas y con movimiento propio sobre las paredes, las cuales cambiaban de forma seg\u00fan las luces de los autos que desfilaban en las afueras.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, despu\u00e9s de unas horas, los autos concluyeron sus recorridos y los gatos dejaron de gemir como beb\u00e9s. Cesaron sus correr\u00edas de romance sobre los tejados rotos y todo qued\u00f3 en silencio. Era un silencio extra\u00f1o, como el que casi nunca se sent\u00eda. En aquella noche sin igual, ni siquiera se escuchaba a los ratones intentando levantar las piedras del r\u00edo que hab\u00edan sido dejadas sobre las ollas de aluminio con la comida sobrante del d\u00eda. S\u00f3lo se escuchaba el tic toc del reloj que envolv\u00eda el ambiente. No s\u00f3lo era el mutismo invasivo, sino tambi\u00e9n ese extra\u00f1o fr\u00edo sin precedentes en una ciudad donde era normal que los asfaltos se derritieran.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermes mir\u00f3 el reloj de campana sobre el viejo televisor de perillas y se dio cuenta de que eran las tres en punto de la madrugada. Decidi\u00f3 salir de la habitaci\u00f3n, ya que su vejiga estaba a punto de reventar. Para llegar al ba\u00f1o com\u00fan, tuvo que atravesar un interminable corredor en medio de una tenue oscuridad. Durante su camino, borde\u00f3 el patio interior de balcones coloniales internos donde hab\u00eda ocurrido una tragedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Era una casona de principios de siglo, conocida en el barrio por su magnitud y extravagante belleza, pero tambi\u00e9n por haber sido testigo del tr\u00e1gico accidente, d\u00e9cadas atr\u00e1s, de un ni\u00f1o de tan solo cinco a\u00f1os. Sucedi\u00f3 mientras una joven sirvienta, en pleno quehacer, tend\u00eda la ropa reci\u00e9n lavada sobre los alambres que cruzaban uno de los patios centrales. Ella escuch\u00f3 el fatal golpe a un metro de distancia. La joven manch\u00f3 su pulcro uniforme de rojo. El impacto reson\u00f3 en cada rinc\u00f3n de la inmensa casa y dej\u00f3 sin vida al peque\u00f1o heredero del palacete.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Result\u00f3 que el ni\u00f1o hab\u00eda resbalado desde uno de los balcones coloniales internos mientras jugaba a caballo en su imaginaci\u00f3n, con un palo de escoba. Tal fue su aparente estado de defunci\u00f3n, que la mujer no se atrevi\u00f3 a acercarse a socorrerlo, sino que simplemente lanz\u00f3 un agudo grito que atraves\u00f3 los gruesos muros de la casa, hasta que los padres y otros sirvientes llegaron aterrorizados a la macabra escena.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Los padres del menor no permitieron que su hijo fuera sacado de la casona, all\u00ed mismo le hicieron el levantamiento, el embalsamiento y el velatorio que dur\u00f3 tres d\u00edas. Los vecinos y sirvientes lo lloraron como si fuera uno de sus propios familiares, y la historia fue tema de conversaci\u00f3n en el barrio durante varios d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;El rostro del ni\u00f1o se tall\u00f3 en alto relieve en una l\u00e1pida de m\u00e1rmol, y fue enterrado en el cementerio central junto a los dem\u00e1s miembros de la familia. Los due\u00f1os de la propiedad no pudieron soportar la pena que llevaban a cuestas durante meses y se marcharon tras vender la propiedad a un precio de huevo. El nuevo propietario de la casa, un adinerado inmigrante italiano due\u00f1o de muchas parcelas de la zona, la convirti\u00f3, desde entonces, en un gigante inquilinato donde se arrendaban habitaciones a gente pobre, a precio de gente rica.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Como los aposentos originales eran de gran tama\u00f1o, dignos para que los habitara un conde o cualquier miembro de la nobleza, el avaro sujeto dividi\u00f3 cada uno en tres y hasta en cuatro para obtener m\u00e1s ganancias. En uno de esos espacios viv\u00eda Hermes con su madre y su hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no quedaba ni rastros de la modernidad y el buen estado de lo que fuera alguna vez un palacio. Las termitas hac\u00edan un fest\u00edn al comer de las maderas quebrantadas de sus pisos; toda clase de figuras de humedad y moho adornaban las paredes; oscuridades se divisaban a trav\u00e9s de los cielos falsos a tres metros de altura, y los ratones, que se sent\u00edan con igual o m\u00e1s derecho que sus habitantes, se paseaban sin temor por todos los rincones de la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero en aquella casona se tej\u00eda una historia m\u00e1s espeluznante. Se dec\u00eda que el fantasma de aquel ni\u00f1o muerto rondaba sin descansar en paz. Tambi\u00e9n se dec\u00eda que podr\u00eda aparecer de dos formas: como un ni\u00f1o normal, inocente, sonriente y juguet\u00f3n; o a veces se presentaba como un alma en pena y terror\u00edfica que quer\u00eda provocar da\u00f1o a sus v\u00edctimas. Aunque tambi\u00e9n se comentaba que, cuando quer\u00eda hacer da\u00f1o, no era el ni\u00f1o, sino un demonio maligno que se escap\u00f3 de los infiernos y que se quer\u00eda pasar por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Nadie lo sab\u00eda a ciencia cierta. De cualquier forma, s\u00ed era un hecho que aterrorizaba a m\u00e1s de uno haciendo tejer historias, as\u00ed como la de una anciana que se encargaba de hacer limpieza en sitios comunes de la gigante casa, quien habr\u00eda fallecido de una manera horrorosa por ver al alma en pena del ni\u00f1o muerto\u2026 \u00bfo quiz\u00e1 fue el demonio? Dicen, que una noche, aquella mujer convers\u00f3 por varios minutos con alg\u00fan ente pensando que era cualquier ni\u00f1o del inquilinato, pero que en un abrir y cerrar de ojos se transform\u00f3 en un ser de pupilas negras, piel agrietada y p\u00e1lida. S\u00f3lo se escuch\u00f3 un inquietante chillido que cal\u00f3 por cada rinc\u00f3n de la casa, sin que nadie supiera si fue emitido por la mujer o por el espanto. M\u00e1s tarde la encontraron casi disecada y con la piel trasl\u00facida, como si alguien le hubiese robado el alma de un solo tajo. Tambi\u00e9n ten\u00eda los ojos tan abiertos como su boca, de donde bailaban moscas a su alrededor.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Sin embargo, a pesar de las historias, de los comentarios y a algunos testigos que aseguraban haber visto al ser del m\u00e1s all\u00e1, la incredulidad de Hermes por todo lo relacionado con fantasmas y demonios hizo que fuera indiferente ante la situaci\u00f3n de aquella noche. Contrario a toda su familia, el menor no cre\u00eda en fantasmas, c\u00e1balas ni en supercher\u00edas. Hab\u00eda aprendido una frase al pie de la letra de su abuelo que dec\u00eda: \u201cNo hay que temerles a los muertos, sino a los vivos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;Hermes fue al ba\u00f1o, hizo sus quehaceres org\u00e1nicos y regres\u00f3, campante sin m\u00e1s preocupaciones que su sue\u00f1o, por el mismo corredor tenebroso para cualquier persona, menos para \u00e9l. Abri\u00f3 la vieja y alta puerta de dos alas de madera produciendo un chirrido endiablado, para entrar de nuevo a la habitaci\u00f3n. Se tendi\u00f3 en el catre despu\u00e9s de levantar el toldillo remendado que lo proteg\u00eda de unos zancudos que, de manera misteriosa, en aquella noche no se atrev\u00edan a salir.<\/p>\n\n\n\n<p>Minutos m\u00e1s tarde, cuando el sopor empezaba a hacer efecto, logr\u00f3 ver a trav\u00e9s de sus ojos semiabiertos una silueta al pie de su cama. Era justo del tama\u00f1o de Marcos, por lo que de inmediato imagin\u00f3 que su hermano menor estar\u00eda son\u00e1mbulo de nuevo. Con voz de entresue\u00f1o llam\u00f3 a su madre Ver\u00f3nica:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Mam\u00e1, Marcos est\u00e1 son\u00e1mbulo otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>A Marcos, el hermano menor de Hermes, siempre se le reflejaron algunos moretones espor\u00e1dicos en su rostro y partes del cuerpo. Pero no eran producidos por alg\u00fan castigo proferido por su madre ni eran producto de peleas con su hermano, sino porque el infante ten\u00eda la costumbre de caminar dormido mientras gozaba del sue\u00f1o. Durante mucho tiempo lo llevaron a santeras y brujas de magia blanca para que le quitara el maleficio, pero ning\u00fan ung\u00fcento, ba\u00f1os de ruda, ajos puestos en los pies o rezos ancestrales sirvieron para quitar el mal. Ver\u00f3nica y su otro hijo Hermes ya estaban acostumbrados, o tal vez resignados, del sonambulismo del peque\u00f1o Marcos hasta que s\u00f3lo se limitaban a colocar almohadas en sitios estrat\u00e9gicos de la habitaci\u00f3n para evitar nuevas equimosis. No ten\u00edan que hacer mucho esfuerzo en cubrir con almohadas para proteger al menor, porque aquel cuartucho no era muy grande y ya estaba invadido con lo estrictamente necesario para su precaria vida: una cocineta de dos boquillas sobre una mesa de madera, dos camas de fierro, un armario de mimbre para guardar la ropa, una mesa para alumbrar los santos y las v\u00edrgenes, y un televisor a blanco y negro que alg\u00fan familiar les hab\u00eda regalado por caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>La madre, a pesar de estar cerca, en la otra cama que compart\u00eda con su hijo menor, no respondi\u00f3 el llamado de Hermes. La llam\u00f3 por segunda vez y fue en vano, sin que la silueta dejara su posici\u00f3n inicial, como observ\u00e1ndolo de manera fija, inm\u00f3vil. Llam\u00f3 por tercera vez a su madre, esta vez con mayor acento, para que \u00e9sta siguiera sin responder. De repente, la silueta se acerc\u00f3 un poco m\u00e1s a Hermes\u2026 y le toc\u00f3 su mano.<\/p>\n\n\n\n<p>En efecto, era la mano de su hermano menor. Era peque\u00f1a y suave. Sin embargo, Hermes tambi\u00e9n not\u00f3 algo particular en la piel de su hermano. Estaba fr\u00eda. Muy fr\u00eda, como la de un muerto. Se convenci\u00f3 a s\u00ed mismo de que la piel fr\u00eda era producto de la baja temperatura en el ambiente, y de que Marcos estaba de nuevo caminando dormido. Llam\u00f3 a su madre por cuarta ocasi\u00f3n para que se hiciera cargo, pero esta vez con un tono mucho m\u00e1s en\u00e9rgico.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1\u00a1\u00a1Mam\u00e1, Marcos est\u00e1 otra vez son\u00e1mbulo, est\u00e1 ac\u00e1 al lado de mi cama!!!<\/p>\n\n\n\n<p>Y agreg\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Marcos, despierta, vete a tu cama ahora!<\/p>\n\n\n\n<p>La silueta no reaccion\u00f3 a su condici\u00f3n. Segu\u00eda mansa. Hermes no lograba detallar su rostro, pero \u00e9l sab\u00eda que la silueta lo segu\u00eda observando de manera estable. Hasta que, de repente, la madre logr\u00f3 despertar de su sue\u00f1o, y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa, Hermes? \u00bfPor qu\u00e9 me llama?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mam\u00e1, es que Marcos est\u00e1 ac\u00e1, al lado m\u00edo y me est\u00e1 tocando la mano. Est\u00e1 son\u00e1mbulo otra vez y tiene la mano helada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ver\u00f3nica, situada de medio lado, bajo los efectos de un sue\u00f1o interrumpido, estir\u00f3 su brazo hacia atr\u00e1s, sin mirar, para cerciorarse de que Marcos, su hijo menor, estuviera durmiendo a su lado. Hermes recibi\u00f3 una respuesta por parte de su madre que lo aterroriz\u00f3 por completo:<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014No, mijo, Marcos est\u00e1 aqu\u00ed. Lo estoy tocando.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la madre se volvi\u00f3 a dejar llevar por un sue\u00f1o profundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermes perdi\u00f3 el aliento y se le aceler\u00f3 el coraz\u00f3n. Le quit\u00f3 de manera fugaz la mano a la silueta y se tap\u00f3 con la cobija de inmediato de pies a cabeza. No quer\u00eda dejar desprotegido ninguna parte de su cuerpo. A pesar del fr\u00edo, empez\u00f3 a sudar debajo de la s\u00e1bana. Sent\u00eda los goterones correr por su frente tapada. Ya no quedaba ni rastro del ni\u00f1o valiente que no cre\u00eda en fantasmas de ni\u00f1os en pena, y se le olvidaron por completo las palabras sabias de su abuelo. Pero, a los escasos segundos, escuch\u00f3 una voz infantil saliendo de la silueta que dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Hermes, despert\u00e9, soy Marcos. Ll\u00e9vame a mi cama con mi mam\u00e1. Pero dile a ese ni\u00f1o que est\u00e1 con ella que se vaya.<\/p>\n\n\n\n<p>FIN<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"752\" class=\"wp-image-135277\" style=\"width: 500px;\" src=\"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sonambulo.png\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sonambulo.png 532w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Sonambulo-200x300.png 200w\" sizes=\"(max-width: 500px) 100vw, 500px\" \/><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Wilson Charry Ilustraci\u00f3n: Gaviota Cercos ________________________________________________________________________________________________________________ Hermes, de diez a\u00f1os, sinti\u00f3 aquella ola de fr\u00edo repentina que lo despert\u00f3 con la piel de gallina. 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Mag\u00edster en Periodismo Escrito de la Universidad Cat\u00f3lica de Chile y ha publicado en importantes medios de comunicaci\u00f3n como el diario El Mercurio y Revista S\u00e1bado del mismo medio. Es colombiano y chileno, graduado como Comunicador Social del Instituto Nacional de Telecomunicaciones y la Universidad Nacional Abierta y a Distancia. Autor de la novela \\\"Gente de Valijas\\\" de la editorial Ediquid y coautor del libro \\\"Nunca es Suficiente\\\" de la editorial ITA. Miembro del Colegio Nacional de Periodistas de Colombia y ha sido reconocido por su labor en el campo de la migraci\u00f3n, siendo diplomado en Pol\u00edtica y Gesti\u00f3n Migratoria de la Universidad Miguel de Cervantes de Chile. Ha trabajado como funcionario del Departamento de Extranjer\u00eda y Migraci\u00f3n del Ministerio del Interior y Seguridad P\u00fablica de Chile. Cofundador del programa radial \\\"Chile a Todo Color\\\" que se emite por Radio Universidad de Chile y Radio JGM de la Universidad de Chile. Adem\u00e1s, ha estudiado Ingl\u00e9s intermedio en la isla de Malta y es un apasionado de la fotograf\u00eda y los viajes. Actualmente, se desempe\u00f1a como editor en Revista Sur, donde ha demostrado su talento y dedicaci\u00f3n en la creaci\u00f3n de contenido de alta calidad. 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