{"id":161561,"date":"2026-07-07T22:39:58","date_gmt":"2026-07-07T22:39:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/?p=161561"},"modified":"2026-07-07T22:42:19","modified_gmt":"2026-07-07T22:42:19","slug":"la-sospecha-tenia-un-color","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/2026\/07\/la-sospecha-tenia-un-color\/","title":{"rendered":"La sospecha ten\u00eda un color"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-weight: 400;\">No har\u00eda falta discutir si la masacre comunicacional infligida a la comunidad haitiana durante las \u00faltimas semanas obedeci\u00f3 a un plan maquiav\u00e9lico orquestado desde las m\u00e1s altas esferas del poder o s\u00ed respondi\u00f3 simplemente a la l\u00f3gica de una disputa pol\u00edtica en la que los haitianos volvimos a ser el blanco m\u00e1s conveniente. Todo eso, en el fondo, ya lo sabemos. Lo que sigue resultando inquietante es c\u00f3mo, casi por arte de magia, tantos pretenden caer en la misma trampa, con el mismo guion y contra el mismo actor.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La obra se mont\u00f3 mediante una convergencia masiva que termin\u00f3 condenando a toda una comunidad ante la opini\u00f3n p\u00fablica, antes de que existieran antecedentes suficientes para justificarlo. Durante dos semanas se construy\u00f3 un relato en el que los haitianos fuimos presentados como personas capaces de abandonar a nuestros propios hijos, de ocultarlos, de exponerlos a redes de trata de personas, a abusos sexuales e incluso al tr\u00e1fico de \u00f3rganos (todas estas afirmaciones corresponden a expresiones difundidas en la propia prensa chilena, por animadores populares y pol\u00edticos). Lejos de un prop\u00f3sito informativo, la intenci\u00f3n real fue sembrar una sospecha colectiva que, como tantas veces antes, ten\u00eda un color.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Desde siempre, las falsedades dirigidas contra la comunidad haitiana han resultado pr\u00e1cticamente imposibles de cuestionar, porque salir en defensa de quienes las sufren no es popular en una sociedad racista. Mientras quienes las maniobran rara vez pagan un costo, aquellos que se atreven a desmontarlas suelen enfrentar un alto precio pol\u00edtico, medi\u00e1tico y social. Ese desequilibrio explica por qu\u00e9 tantas de estas construcciones sobreviven incluso despu\u00e9s de haber sido desmentidas.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Queda totalmente instalado que la expresidenta Michelle Bachelet habr\u00eda entregado dinero a cada haitiano una vez ingresado a Chile, con el prop\u00f3sito de incentivar esa migraci\u00f3n, a trav\u00e9s de un relato construido, repetido y aceptado como si fuera un hecho, y que todav\u00eda hoy se sigue reproduciendo en el debate p\u00fablico. En esa narrativa, Michelle Bachelet carga con un costo pol\u00edtico por una afirmaci\u00f3n que nunca correspondi\u00f3 a la realidad, mientras la comunidad haitiana queda asociada a la imagen de haber recibido beneficios indebidos financiados con recursos de todos los chilenos. Quienes construyen y difunden este relato lo siguen utilizando porque les resulta funcional, quienes deciden aceptarlo lo hacen porque les permite reforzar o justificar sus posiciones de odio, y la comunidad haitiana queda nuevamente en el centro del estigma y la frustraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Se ha visto c\u00f3mo, al transformarse este episodio en un golpe pol\u00edtico contra un sector, representantes de ese grupo intentan contraatacar recordando el papel que desempe\u00f1\u00f3 el expresidente Sebasti\u00e1n Pi\u00f1era en otros flujos migratorios. Sin embargo, aunque existen declaraciones, registros audiovisuales y documentos p\u00fablicos que respaldan esa afirmaci\u00f3n, nunca provoc\u00f3 un nivel de indignaci\u00f3n siquiera comparable al que desat\u00f3 la mentira dirigida contra la comunidad haitiana. Tal vez porque una cosa es discutir la actuaci\u00f3n de un gobierno y otra muy distinta es fabricar un enemigo social. Y en Chile, ese enemigo despierta mucha m\u00e1s furia cuando tiene la piel negra.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Fabricar un enemigo social tambi\u00e9n exige un mecanismo capaz de sostenerlo. Prueba de ello es que, durante los \u00faltimos a\u00f1os, la propia prensa no solo ha denunciado que las noticias falsas sobre la migraci\u00f3n fueron compartidas m\u00e1s de un mill\u00f3n de veces, reconociendo que la comunidad haitiana ha sido la principal v\u00edctima, sino que tambi\u00e9n ha documentado que varios de esos relatos fueron construidos sobre estereotipos y prejuicios de car\u00e1cter racista. Sin embargo, durante las \u00faltimas semanas, la misma prensa vuelve a presentar algunos de esos mismos relatos con absoluta normalidad, precisamente cuando la coyuntura pol\u00edtica vuelve a hacerlo conveniente para determinados intereses.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La memoria reciente acumula demasiados atropellos que terminaron en verdaderas tragedias o agresiones de distinto tipo, y siempre bajo el mismo patr\u00f3n:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ocurri\u00f3 con una mujer haitiana que fue esposada, expuesta ante todas las c\u00e1maras del pa\u00eds y presentada como una madre que hab\u00eda abandonado a su hija. Antes de que existiera un juicio, ya hab\u00eda sido condenada por la opini\u00f3n p\u00fablica y su caso parec\u00eda cre\u00edble porque era mujer, negra, haitiana y, seg\u00fan la mirada dominante, pobre. Cuando la verdad comenz\u00f3 a salir a la luz, ya era demasiado tarde. Todos terminaron lav\u00e1ndose las manos, pero la pregunta sigue siendo qui\u00e9n carga con la responsabilidad moral de su muerte.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ocurri\u00f3 durante la pandemia cuando, en un pa\u00eds que registraba miles de contagios y miles de fallecidos, las c\u00e1maras concentraron su atenci\u00f3n en un cit\u00e9 de Quilicura porque viv\u00edan familias haitianas, como si estos haitianos hubieran ca\u00eddo del cielo ya contagiados. Sin considerar que tambi\u00e9n eran v\u00edctimas de la pandemia, esa cobertura medi\u00e1tica termin\u00f3 convirtiendo al haitiano en el s\u00edmbolo de la pandemia y en el rostro del miedo, hasta el punto de que un funcionario p\u00fablico pate\u00f3 a un compatriota por temor a contagiarse.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Ocurri\u00f3 con el supuesto caso de lepra. Ocurri\u00f3 con el montaje del supuesto haitiano defecando en un parque de Vitacura. Ocurri\u00f3 con el relato de los sobres amarillos. <\/span><b>Ocurri\u00f3<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> con tantas otras noticias falsas que permanecen instaladas en el imaginario colectivo como si hubieran ocurrido realmente, porque cuando ya existe el odio, la verdad deja de ser el principal criterio para creer una versi\u00f3n. Ya no se busca informaci\u00f3n para comprender la realidad, sino para confirmar el rechazo que ya se siente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Si el verdadero prop\u00f3sito hubiese sido encontrar a esos ni\u00f1os, la primera reacci\u00f3n habr\u00eda sido considerar todas las hip\u00f3tesis razonables, m\u00e1s a\u00fan cuando a\u00f1os atr\u00e1s los propios medios de comunicaci\u00f3n hab\u00edan dado amplia cobertura a familias haitianas que, desde Chile, emprendieron el camino hacia la frontera entre M\u00e9xico y Estados Unidos. Esa posibilidad exist\u00eda, era conocida y, de hecho, uno de los ni\u00f1os efectivamente se encontraba en M\u00e9xico. Pero la imaginaci\u00f3n fue mucho m\u00e1s r\u00e1pida que la evidencia.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Lo m\u00e1s duro fue que los dem\u00e1s ni\u00f1os estaban inscritos en establecimientos educacionales y registrados en el sistema de salud de Chile, uno de los pa\u00edses m\u00e1s digitalizados de Am\u00e9rica Latina. Mientras el pa\u00eds era empujado a asumir los peores escenarios posibles, la informaci\u00f3n que permit\u00eda ubicarlos ya estaba en poder del propio Estado, aunque para entonces el da\u00f1o ya estaba hecho.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Resulta dif\u00edcil comprender que la supuesta desaparici\u00f3n de esos ni\u00f1os terminara dando lugar a reuniones estrat\u00e9gicas entre los tres poderes del Estado, a la activaci\u00f3n de mecanismos de seguridad y a una intensa preocupaci\u00f3n manifestada por muchos comunicadores, cuando frente a las denuncias de abusos sexuales que involucraron a integrantes del contingente chileno desplegado en Hait\u00ed durante la MINUSTAH, as\u00ed como a la existencia de ni\u00f1os nacidos de esas relaciones y posteriormente abandonados en el pa\u00eds, la respuesta siga siendo el silencio y la inacci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La misma contradicci\u00f3n estalla en las redes sociales, donde expresiones de dolor y preocupaci\u00f3n por esos ni\u00f1os conviven con lo que ocurre cada 18 de septiembre, cuando ni\u00f1as y ni\u00f1os haitianos participan en las celebraciones vistiendo trajes t\u00edpicos chilenos y esas mismas redes se llenan de mensajes de odio que llegan incluso a calificarlos de \u00abgarrapatas\u00bb. No se puede llorar por los ni\u00f1os haitianos cuando sirven para una causa pol\u00edtica y deshumanizarlos cuando simplemente participan de la vida del pa\u00eds en el que viven, del mismo modo que no se puede exigir respeto para ellos un d\u00eda y negarles ese mismo respeto al siguiente.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Los hechos descritos hasta aqu\u00ed tambi\u00e9n permiten comprender que, m\u00e1s all\u00e1 de la complejidad conceptual que encierra el fen\u00f3meno del racismo y de las m\u00faltiples formas en que puede manifestarse, existen al menos dos formas de ejercerlo que resultan especialmente visibles en la realidad chilena.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La primera corresponde al racista abierto, aquel que practica el racismo de manera expl\u00edcita, cruel y sin el menor pudor. En este grupo puede ubicarse perfectamente al hombre que hoy se encuentra detenido en Brasil tras protagonizar una agresi\u00f3n de car\u00e1cter racista a bordo de un avi\u00f3n. Tambi\u00e9n pueden incluirse quienes, desde espacios de poder, son capaces de coordinar estrategias destinadas a hacer caer todo el peso de un aparato comunicacional sobre un grupo de personas en raz\u00f3n del color de su piel, sin importar las consecuencias humanas que ello pueda significar.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">La segunda forma es, probablemente, la m\u00e1s peligrosa. Es la del racista silencioso, el que act\u00faa con disimulo, se presenta como una persona cordial, cercana, responsable e incluso defensora de la democracia, pero detr\u00e1s de esa imagen socialmente aceptable conserva los mismos prejuicios y reproduce las mismas pr\u00e1cticas discriminatorias. La diferencia es que procura revestir sus actos de legitimidad, de buenas intenciones o incluso de aparente objetividad, haciendo que el da\u00f1o resulte socialmente aceptable. Precisamente por esa capacidad de ocultar el racismo bajo un discurso moral o institucional, su impacto puede llegar a ser incluso mayor que el del racista abierto.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">En este \u00faltimo grupo pueden ubicarse tambi\u00e9n aquellos que terminan colaborando con estrategias comunicacionales cuyo efecto es estigmatizar y aplastar la dignidad de una comunidad entera. Esa es, precisamente, la l\u00f3gica que durante a\u00f1os ha marcado el tratamiento de la comunidad haitiana en Chile, donde opera un mecanismo que la convierte, una y otra vez, en el blanco m\u00e1s f\u00e1cil sobre el cual descargar temores, ganar audiencia, obtener r\u00e9ditos pol\u00edticos o alimentar prejuicios largamente instalados.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A fin de cuentas, pareciera que vivimos atrapados entre los dos grandes bloques pol\u00edticos del pa\u00eds. Cambian los gobiernos, cambian los discursos y cambian los protagonistas, pero nosotros seguimos ocupando el mismo lugar. Algunos nos utilizan para alimentar miedo y rechazo, o para ocultar el fracaso de ciertas pol\u00edticas p\u00fablicas. Otros nos imponen medidas injustas para aparentar virtud y exhibir firmeza frente a la opini\u00f3n p\u00fablica, o para evitar el costo pol\u00edtico de actuar con justicia. En ambos casos, la comunidad haitiana termina convertida en un instrumento de disputa pol\u00edtica y no tratada como sujeto de derechos.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No har\u00eda falta discutir si la masacre comunicacional infligida a la comunidad haitiana durante las \u00faltimas semanas obedeci\u00f3 a un plan maquiav\u00e9lico orquestado desde las m\u00e1s altas esferas del poder o s\u00ed respondi\u00f3 simplemente a la l\u00f3gica de una disputa pol\u00edtica en la que los haitianos volvimos a ser el blanco m\u00e1s conveniente. Todo eso, en el fondo, ya lo sabemos. 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