{"id":3161,"date":"2013-07-17T15:43:12","date_gmt":"2013-07-17T15:43:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.revistasur.cl\/?p=3161"},"modified":"2019-06-20T20:33:25","modified_gmt":"2019-06-20T20:33:25","slug":"una-semana-en-el-reino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/2013\/07\/una-semana-en-el-reino\/","title":{"rendered":"Una semana en el Reino"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de largas 30 horas en bus, 6 pel\u00edculas y 4 cajitas con un jugo y galletas, llegue por fin a mi destino, Arica. Deb\u00eda pasar seis d\u00edas en el hogar Padre Hurtado, del Hogar de Cristo, un centro terap\u00e9utico donde viven m\u00e1s de 30 personas, entre hombres y mujeres, todos aferrados a la esperanza de rehacer sus vidas, destruidas por la droga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estar\u00eda tan solo una semana compartiendo con ellos y el lugar ya lo hab\u00eda visitado dos a\u00f1os atr\u00e1s, sin embargo, algo de temor y resistencia pude experimentar mientras me aproximaba al hogar. Ineludibles preguntas como \u00bfPor qu\u00e9 vienes? \u00bfQu\u00e9 buscas? me angustiaban, al darme cuenta que no ten\u00eda ninguna respuesta clara. Pensaba que permanecer all\u00ed con ellos, como un usuario m\u00e1s, compartiendo dormitorio, ba\u00f1os, comidas y actividades, podr\u00eda verse invasivo, incluso tur\u00edstico y no quer\u00eda faltarles el respeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar, una formadora revis\u00f3 mi mochila, pidi\u00f3 mis remedios, dinero y documentos, me design\u00f3 un dormitorio y di comienzo a mi \u2018rehabilitaci\u00f3n\u2019. En un comienzo miradas an\u00f3nimas y curiosas se cruzaba en el jard\u00edn, hasta que una campana convoc\u00f3 a la multitud, hombres y mujeres, migrantes, j\u00f3venes, adultos mayores, transg\u00e9nero, madres junto a sus hijos, unos obligados por la justicia otros escapando de ella, todos all\u00ed con el mismo fin .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Fui presentado y se me asign\u00f3 un hermano mayor, quien me deb\u00eda ayudar a integrarme a las din\u00e1micas del hogar. Don Juan, un hombre corpulento, tatuado y de pelo largo, de unos 50 a\u00f1os, con su amabilidad rompi\u00f3 todos los prejuicios iniciales y su sincera sonrisa herida, me dio la tranquilidad que necesitaba para comenzar. Carolinda, una joven de unos 26 a\u00f1os, me ense\u00f1\u00f3 a jugar brisca y as\u00ed, poco a poco, se acercaron algunos a conocerme. As\u00ed transcurri\u00f3 el d\u00eda, aventurando unas palabras a la pregunta inevitable, explicando una y otra vez que es un jesuita.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera noche fue larga, \u00e9ramos 4 personas en la misma habitaci\u00f3n, yo \u2018ni\u00f1o rico\u2019 acostumbrado a dormir solo, me encontraba entre ronquidos, quejidos y sonidos corporales varios, el colch\u00f3n incomodo y la ausencia de almohada, fueron la escusa perfecta para justificar la mala noche.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin darme cuenta como sucedi\u00f3, me sent\u00ed tremendamente integrado, ellos se encargaban de motivarme al incluirme en las oraciones de las comidas y se acercaban con buena voluntad a hablar conmigo, de all\u00ed en adelante comenc\u00e9 a tener intensas y profundas conversaciones. Inocentemente para ellos y sorprendentemente para m\u00ed, me tomaron como un confidente y sent\u00ed de deb\u00eda constituirme como tal, si era lo que necesitaban, mientras m\u00e1s los escuchaba m\u00e1s indigno me sent\u00eda de acceder a sus historias, cargadas de violencia, abusos, delitos, dolor, soledad y l\u00e1grimas, todos atravesados profundamente por la misma lacra, la droga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para muchos, comenzaba su segundo, cuarto e incluso sexto proceso de rehabilitaci\u00f3n, con la esperanza de salir adelante. Los formadores me explicaron lo categ\u00f3rico de la estad\u00edstica de rehabilitaci\u00f3n, donde 1 de cada 40 personas que inician su proceso lo concluyen y de quienes lo concluyen, 1 de cada 40 no vuelve a consumir. Ante lo contundente del argumento, con tristeza reconozco que las posibilidades de rehabilitaci\u00f3n son pocas, que la herida es profunda, que la droga ha hecho un da\u00f1o pr\u00e1cticamente irreversible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas pasaron en el centro y las vidas de sus esperanzados miembros cargaban, sin esperarlo, mi esp\u00edritu.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al terminar mi estad\u00eda, se despidieron de m\u00ed, me regalaron hermosas palabras, hasta un poema, cantaron el himno del lugar como si me estuviera graduando, terminado el proceso, fue muy emotivo, tanto as\u00ed que junto a ellos llor\u00e9, como no lo hac\u00eda hace mucho tiempo, quiz\u00e1s fue fruto del cansancio de la semana, quiz\u00e1s por la despedida, quiz\u00e1s porque me sent\u00ed indigno de tanto afecto, quiz\u00e1s porque entend\u00ed, que las estad\u00edsticas no significaban nada, que yo confiaba profundamente en cada uno de ellos, que a pesar del poco tiempo los amaba, que de all\u00ed en adelante sus vidas formar\u00edan parte de la m\u00eda y que todos, ciertamente incluy\u00e9ndome, est\u00e1bamos marcados profundamente por lo mismo, viv\u00edamos aferrados a la esperanza que nos regala la certeza del amor de Dios, qui\u00e9n permanece arraigado silenciosamente en nosotros en lo m\u00e1s profundo de nuestras heridas y con much\u00edsima m\u00e1s fuerza que la droga.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Jes\u00fas, en el evangelio de Mateo, nos dice, que el Reino de Dios es como un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre encuentra, y lo esconde de nuevo y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Personalmente creo, que en medio de todas esas personas yo encontr\u00e9 un tesoro, el mismo que ellos y por el que vale la pena intentarlo una y otra vez con la misma esperanza y con misma certeza.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de largas 30 horas en bus, 6 pel\u00edculas y 4 cajitas con un jugo y galletas, llegue por fin a mi destino, Arica. 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