{"id":59412,"date":"2020-09-28T19:39:37","date_gmt":"2020-09-28T19:39:37","guid":{"rendered":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/?p=59412"},"modified":"2020-09-30T00:45:10","modified_gmt":"2020-09-30T00:45:10","slug":"el-largo-camino-del-reencuentro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/2020\/09\/el-largo-camino-del-reencuentro\/","title":{"rendered":"El largo camino del reencuentro"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-large\"><a href=\"https:\/\/reportajes.revistasur.cl\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"200\" src=\"https:\/\/www.revistasur.cl\/revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-1024x200.gif\" alt=\"\" class=\"wp-image-59442\" srcset=\"https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-1024x200.gif 1024w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-300x59.gif 300w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-768x150.gif 768w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-1536x300.gif 1536w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-580x113.gif 580w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-860x168.gif 860w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-1160x227.gif 1160w, https:\/\/www.revistasur.cl\/wp-content\/uploads\/2020\/09\/Reportaje-Especial-1320x258.gif 1320w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/figure>\n\n\n\n<p>Sim\u00f3n, un joven electricista venezolano de 30 a\u00f1os, lo planific\u00f3 muy bien. No dej\u00f3 nada al azar. Investig\u00f3 en foros y p\u00e1ginas web c\u00f3mo cruzar cada una de las fronteras que se interpon\u00edan entre \u00e9l y el sue\u00f1o de volver a abrazar a su hija.<\/p>\n\n\n\n<p>El viaje entre Ciudad Bol\u00edvar y Santiago de Chile tiene 4684 kil\u00f3metros, cuatro pasos fronterizos y un sinf\u00edn de obst\u00e1culos, pero el simple anhelo de volver a ver sonre\u00edr a su peque\u00f1a hac\u00eda que todo valiera la pena.<\/p>\n\n\n\n<p>Cruz\u00f3 todo el continente sin documentos, compartiendo ruta con otros compatriotas que buscaban sus sue\u00f1os en otras latitudes sabiendo ingeni\u00e1rselas para vencer las dificultades y reencontrarse con quien m\u00e1s ama.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La preparaci\u00f3n<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Siempre le gust\u00f3 estudiar. Eso le permiti\u00f3 graduarse como t\u00e9cnico en electricidad y conseguir empleo en una prestigiosa empresa el\u00e9ctrica venezolana, lugar en el que so\u00f1\u00f3 trabajar. Sin embargo, la crisis de Venezuela hab\u00eda corro\u00eddo la empresa hasta los cimientos. Se trabajaba mucho, se ganaba poco y no hab\u00eda ninguna proyecci\u00f3n laboral en ese lugar, por lo que decidi\u00f3 cambiar de aire.<\/p>\n\n\n\n<p>Sim\u00f3n hab\u00eda sido padre a los 20 a\u00f1os. Si bien la relaci\u00f3n con la madre de su hija no funcion\u00f3, siempre fue un padre presente y mantuvieron una buena relaci\u00f3n a lo largo del tiempo. Fue en 2017 cuando le hablan de la posibilidad de que su hija migrara a Chile. \u00c9l apoy\u00f3 la decisi\u00f3n porque sab\u00eda que en el pa\u00eds austral, la peque\u00f1a tendr\u00eda m\u00e1s oportunidades.<\/p>\n\n\n\n<p>El Ministerio de Electricidad en Ciudad Bol\u00edvar fue su nuevo destino. Se hab\u00eda convertido en fiscalizador y ve\u00eda en terreno c\u00f3mo la corrupci\u00f3n llegaba a los rincones m\u00e1s escondidos de Venezuela. Observ\u00f3, de primera mano, c\u00f3mo el poder corrompe a las personas, c\u00f3mo se sobornaba o se dejaba sin fuente laboral al due\u00f1o de un local y todos sus trabajadores por el simple hecho de pensar distinto.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que enfrentaba d\u00eda a d\u00eda no ten\u00eda nada que ver con los valores que le ense\u00f1aron sus padres. La incomodidad, la escasez, la falta de oportunidades y el sue\u00f1o de reencontrarse con su hija lo llevaron a tomar la decisi\u00f3n de emigrar. Destino: Santiago de Chile.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenz\u00f3 a realizar los tr\u00e1mites para obtener la Visa de Responsabilidad Democr\u00e1tica. Inici\u00f3 el tr\u00e1mite para apostillar documentos, pidi\u00f3 la cita en el consulado de Chile y se asegur\u00f3 de tener vigente su pasaporte. El proceso era lento, pero marchaba por buen camino, por lo que el reencuentro se sent\u00eda pr\u00f3ximo.<\/p>\n\n\n\n<p>Un incidente fortuito trastoc\u00f3 los planes del joven electricista. Lo asaltaron y se llevaron su pasaporte; y sin \u00e9l no tendr\u00eda oportunidad alguna de obtener la visa. R\u00e1pidamente solicit\u00f3 un nuevo pasaporte y tuvo que postergar la preciada cita en el consulado, por la cual hab\u00eda esperado 6 meses.<\/p>\n\n\n\n<p>Se puso manos a la obra y averigu\u00f3 en foros de internet c\u00f3mo viajar a Chile por tierra. Calcul\u00f3 el dinero y las rutas m\u00e1s factibles para realizar el viaje y se inform\u00f3 sobre c\u00f3mo, por d\u00f3nde y por cu\u00e1nto se pod\u00eda cruzar cada una de las fronteras.<\/p>\n\n\n\n<p>La primera semana de febrero de 2020 tom\u00f3 la decisi\u00f3n de salir apenas obtuvo su pasaporte. Tom\u00f3 la documentaci\u00f3n, las pertenencias que ten\u00eda, los d\u00f3lares que llevar\u00eda y parti\u00f3 como cuando iba al centro de la ciudad, sin mirar atr\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La Ruta<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tom\u00f3 un autob\u00fas de l\u00ednea, rumbo a la frontera con Colombia, donde enfrent\u00f3 el primer problema. En un control de la guardia nacional le solicitan su documentaci\u00f3n. \u00c9l no ten\u00eda el permiso para abandonar Venezuela y lo sab\u00eda, a pesar de que intent\u00f3 convencer al oficial, no pudo sortear este obst\u00e1culo.<\/p>\n\n\n\n<p>Le ofrecieron cruzar por una trocha, es decir, un paso no habilitado. Fue muy sencillo. Lo alejaron cuatro cuadras del punto de control y lo hicieron pasar por debajo del puente. Cruzaron tres personas con Sim\u00f3n. Pag\u00f3 10 d\u00f3lares y consigui\u00f3 que le sellaran el pasaporte con salida de Venezuela e ingreso a Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las mismas personas que lo cruzaron le recomendaron una agencia de viajes para conseguir el autob\u00fas que lo llevara a la frontera con Ecuador.<\/p>\n\n\n\n<p>Viaj\u00f3 por Colombia sin problemas. Cada vez que lo detuvieron mostr\u00f3 su pasaporte sin miedo y continuo el viaje. En el autob\u00fas se mantuvo atento a las conversaciones de los otros pasajeros. Varios hab\u00edan pagado para atravesar la frontera colombo-ecuatoriana por una nueva trocha.<\/p>\n\n\n\n<p>En la frontera observ\u00f3 los movimientos de todos quienes transitaban. No sab\u00eda bien qu\u00e9 hacer, pero estaba atento a todo. De repente observ\u00f3 un veh\u00edculo que parec\u00eda taxi, pero que no ten\u00eda rotulado. Una chica se bajaba del autom\u00f3vil y abordaba a quienes quisieran pasar; los palabreaba, cobraba y los sub\u00eda al supuesto taxi.<\/p>\n\n\n\n<p>El movimiento era r\u00e1pido. En no m\u00e1s de tres minutos los dejaba del otro lado. Decidi\u00f3 abordar \u00e9l a la chica. Dej\u00f3 en claro que sab\u00eda lo que hac\u00edan y c\u00f3mo lo hac\u00edan; no quer\u00eda cuentos, simplemente saber cu\u00e1nto le cobrar\u00edan por cruzar. Por 15 d\u00f3lares lo cruzaron. En dos minutos estaba del otro lado.<\/p>\n\n\n\n<p>La rutina la conoc\u00eda. Deb\u00eda buscar el terminal de buses y conseguir pasaje para la frontera con Per\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>En el bus conoci\u00f3 una familia de venezolanos que se dirig\u00edan a Per\u00fa, con la que compaginaron muy bien y entablaron conversaci\u00f3n. Le confesaron que tambi\u00e9n viajaban sin papeles, que ya lo hab\u00edan hecho antes y que pod\u00edan unir fuerzas en el viaje hasta Lima.<\/p>\n\n\n\n<p>El paso a Per\u00fa parec\u00eda m\u00e1s simple que los anteriores. En el mismo terminal de buses los contactaron para ofrecer paso al otro lado de la frontera. Las negociaciones fueron duras, pero Sim\u00f3n ten\u00eda claro que no pod\u00eda perder tiempo ah\u00ed, ya que el destino estaba mucho m\u00e1s al sur y que, mientras m\u00e1s tiempo tardara en llegar, m\u00e1s dinero gastaba; aquel lujo no se pod\u00eda dar.<\/p>\n\n\n\n<p>Consiguieron un buen precio por lo que salieron de inmediato a Per\u00fa. 7 personas se subieron a un furg\u00f3n y partieron a toda velocidad por la costa para intentar cruzar. De un momento a otro, el veh\u00edculo gir\u00f3, ingres\u00f3 a un camino de tierra y al final de la recta se detuvo frente a una casucha.<\/p>\n\n\n\n<p>El conductor baj\u00f3 y se puso a silbar. De la caseta apareci\u00f3 un ni\u00f1o de no m\u00e1s de 15 a\u00f1os quien le indic\u00f3 que pod\u00edan pasar. Sim\u00f3n not\u00f3 que miraban mucho los relojes y, supuso, que el chofer y el ni\u00f1o se aprovechaban del cambio de guardia para cruzar gente. Pasaron por un costado del control fronterizo, sin ning\u00fan problema, mientras ve\u00eda c\u00f3mo un grupo de haitianos, que recorr\u00edan la misma ruta por los mismos caminos, era detenido por intentar cruzar por un paso no habilitado. \u00abLos delat\u00f3 el idioma\u00bb, pens\u00f3 el electricista.<\/p>\n\n\n\n<p>Apenas llegaron a Tumbes consiguieron un transporte que los llevara hasta Lima. El sue\u00f1o se acercaba un poco m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Un par de horas despu\u00e9s de salir de Tumbes, un control policial los sorprendi\u00f3. Les pidieron sus documentos y el terror los invadi\u00f3. \u00c9l sab\u00eda que en Per\u00fa era sencillo negociar con la polic\u00eda, pero la persona que ten\u00eda sus documentos en la mano ten\u00eda cara de pocos amigos.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo atin\u00f3 a decir que su destino era Santiago de Chile, que no ten\u00eda inter\u00e9s de quedarse en Per\u00fa. Eso bast\u00f3. El oficial le devolvi\u00f3 su documentaci\u00f3n y baj\u00f3 del autob\u00fas como si nada pasara.<\/p>\n\n\n\n<p>Se despidi\u00f3 de sus compa\u00f1eros de viaje en Lima,. Ya estaba cerca del objetivo, con dinero y energ\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Cruce<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En Tacna las ofertas para cruzar a Chile son m\u00faltiples y coloridas. Son como los ofertones tur\u00edsticos; los hay con m\u00e1s o con menos comodidades pero, en su mayor\u00eda, todos implican riesgo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sim\u00f3n se hab\u00eda informado bien, sabiendo de los riesgos de cruzar por el desierto o por un campo minado, por lo que esper\u00f3 paciente a encontrar a alguien que le diera confianza y le ofreciera algo seguro. Su oportunidad no tard\u00f3 en llegar.<\/p>\n\n\n\n<p>Un se\u00f1or le ofreci\u00f3, por 100 d\u00f3lares, transporte hasta las cercan\u00edas de la frontera, un gu\u00eda que los dejar\u00eda en Chile cerca al borde costero y un veh\u00edculo de transporte que los recoger\u00eda y los llevar\u00eda a Arica. Por 30 d\u00f3lares m\u00e1s, el joven venezolano consigui\u00f3 alojamiento en la ciudad de la eterna primavera, ya que el arribo estaba pronosticado para las 3 de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Comi\u00f3, se ba\u00f1\u00f3 e intent\u00f3 descansar algo. El furg\u00f3n los recogi\u00f3 apenas cay\u00f3 la noche. Hac\u00eda fr\u00edo, estaba oscuro y con algo de neblina. Tras veinte minutos de viaje, el transporte tom\u00f3 la ruta que lleva a Boca del R\u00edo, desvi\u00e1ndose por un camino en malas condiciones, un par de minutos m\u00e1s hasta detenerse. Cruzar\u00edan 10 personas con distintas edades y condiciones f\u00edsicas.<\/p>\n\n\n\n<p>Baj\u00f3 la persona que las oficiar\u00eda de gu\u00eda, la cual dio las instrucciones: en caso de ser sorprendidos, decir que nadie dirig\u00eda el grupo y todos caminaban por cuenta propia. Hab\u00eda que mantener el paso firme y constante, no esperar\u00edan por nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Sim\u00f3n mientras caminaba no era consciente de su situaci\u00f3n ni de lo que hac\u00edan. M\u00e1s bien estaba preocupado por las personas que no ten\u00edan la mejor condici\u00f3n f\u00edsica para la marcha y por quienes hac\u00edan la ruta con ni\u00f1os. Pensaba en su hija, el motivo de su viaje, a quien jam\u00e1s expondr\u00eda a un riesgo como ese.<\/p>\n\n\n\n<p>La marcha se dio sin sobresaltos. De vez en cuando el gu\u00eda ped\u00eda que detuvieran la marcha ante la posible presencia de polic\u00edas, carabineros o guardiamarinas. Tras 6 horas de caminata encontr\u00f3 el veh\u00edculo que los llevar\u00eda a Arica. Por fin la meta parec\u00eda cumplida.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El \u00faltimo escollo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Su primera noche en Chile fue pl\u00e1cida. Descans\u00f3, se ase\u00f3 y se dirigi\u00f3 al rodoviario a buscar transporte a la capital. Se embarc\u00f3 temprano e inici\u00f3 las 37 horas finales de viaje.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer sue\u00f1o del viaje lo disfrut\u00f3 hasta poco antes de llegar a Iquique. All\u00ed, el bus tomar\u00eda m\u00e1s pasajeros e iniciar\u00eda viaje hacia el pr\u00f3ximo destino: Antofagasta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco andar, el auxiliar se acerca a los pasajeros solicitando la documentaci\u00f3n, ya que estaban pr\u00f3ximos a pasar por el control aduanero. Sim\u00f3n se percat\u00f3 de aquella situaci\u00f3n cuando dos mujeres afrodescendientes, y con un acento que no supo reconocer, le reclamaban al auxiliar por no haber informado del asunto.<\/p>\n\n\n\n<p>Terminaron bajando todos los extranjeros que iban en el bus. Eran dos venezolanos y dos hermanas dominicanas. A ellos se sumar\u00eda un colombiano que bajaron de otro autob\u00fas tiempo m\u00e1s tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>No sab\u00edan c\u00f3mo cruzar o por d\u00f3nde pasar sin ser vistos por el control aduanero. S\u00f3lo atinaron a hacer parar otro bus, explicar la situaci\u00f3n y preguntar c\u00f3mo hacerlo. El bus por 3 mil pesos los acerc\u00f3 un par de kil\u00f3metros m\u00e1s. La instrucci\u00f3n fue caminar por la playa unos 4 o 5 kil\u00f3metros antes de volver a la carretera. <\/p>\n\n\n\n<p>Eso hicieron mientras se contaban los unos a los otros, c\u00f3mo hab\u00edan ingresado. El paso m\u00e1s duro lo hab\u00edan vivido las hermanas dominicanas a quienes dejaron a su suerte en el desierto. Si la historia era cierta, lo que ven\u00eda era pan comido.<\/p>\n\n\n\n<p>Caminaron por horas en un terreno resbaladizo, sin aguas y ocultos por la noche. Sim\u00f3n se cay\u00f3 y golpe\u00f3, pero nada grave.<\/p>\n\n\n\n<p>Se demoraron toda la noche en avanzar el par de kil\u00f3metros aventur\u00e1ndose por la carretera otra vez, sin tener la certeza de haber pasado el paso aduanero. Prontamente todos los temores quedaron atr\u00e1s y s\u00f3lo quedaba que alg\u00fan alma noble les diera un avent\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronto un camionero se apiad\u00f3 de los caminantes y les invit\u00f3 un desayuno, llev\u00e1ndoles hasta Antofagasta.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed, despu\u00e9s de mucho tiempo, tom\u00f3 el tel\u00e9fono y le cont\u00f3 a su hija que ya iba en camino.<\/p>\n\n\n\n<p>La llegada a Santiago fue un momento feliz. Ese abrazo contenido por dos largos a\u00f1os hab\u00eda logrado que todo valiera la pena. <\/p>\n\n\n\n<p>Una vez en el pa\u00eds, con su hija cerca, s\u00f3lo quedaba comenzar a reescribir su historia, aunque la pandemia lo hiciera dif\u00edcil.<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>*El nombre del protagonista de esta historia ha sido modificado, con el fin de proteger su identidad durante el proceso de regularizaci\u00f3n.<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sim\u00f3n, un joven electricista venezolano de 30 a\u00f1os, lo planific\u00f3 muy bien. No dej\u00f3 nada al azar. Investig\u00f3 en foros y p\u00e1ginas web c\u00f3mo cruzar cada una de las fronteras que se interpon\u00edan entre \u00e9l y el sue\u00f1o de volver a abrazar a su hija. 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