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La Tercera: Arica y Tacna antes de La Haya

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La vida en las localidades más cercanas a los puntos en en disputa en el Tribunal de la Haya parece seguir con normalidad, a pesar de la inminencia del fallo, este 27 de enero. En Arica, mientras la ciudad parece estar más preocupada del verano, los pescadores artesanales e industriales están en estado de alerta. En Tacna, el optimismo en cuanto al resultado se confunde con la preocupación del comercio.

La distancia es casi como ir de Santiago a Curacaví. Julio Merlín, peruano de 37 años, maneja su taxi por los 56 kilómetros que separan a Arica de Tacna. Lleva 13 años en eso, ida y vuelta por el paso de Chacalluta. Y en esos ires y venires, Merlín empieza a notar una baja. Enero de 2014 no ha sido tan movido como el mismo mes del año pasado. Dice que, a medida que se acerca el fallo de La Haya, disminuye la cantidad de chilenos que cruzan la frontera con dirección a Tacna.

-Tengo un 20% menos de clientes. Espero que no siga cayendo -dice Merlín, mientras volantea su Ford.

La funcionaria peruana en el cruce admite una baja similar. “Están cruzando menos los chilenos”, dice escueta. Es martes en la tarde y todos los trámites necesarios para cruzar a Tacna se hacen en 10 minutos, sin filas ni demoras.

Merlín, hombre de pocas palabras, se anima a contar otro hecho mientras en su taxi suena Charles Aznavour, con el desierto peruano de telón de fondo: “Algunos amigos peruanos que viven en Arica y tienen nacionalidad chilena se han devuelto al Perú por el momento. No quieren que un posible conflicto los encuentre en Chile”.

TENSIÓN EN LOS PESCADORES 

Ni las murallas ni los diarios ni el comercio de Arica dan mayores luces de que en un par de semanas se dictará un fallo que puede cambiar la fisonomía, al menos marítima, de la ciudad. La vida en las playas El Laucho y La Lisera, justo frente al Morro, avanza lenta. Los turistas chilenos se mezclan con los bolivianos, que bajan a vacacionar al mar, principalmente desde La Paz. El comercio del paseo peatonal 21 de Mayo, el lugar de encuentro de los ariqueños, duerme la siesta. Las cortinas se bajan a las 14 horas y algunos locatarios pueden volver a subirlas incluso a las 19 horas.

La calma de esta ciudad de 200 mil habitantes se contrapone con lo que pasa en la caleta de pescadores artesanales. Cristián Navarro (43) y Luis Cortez (45) cargan la lancha con hielo, para poder mantener fresca la pesca de los cinco días en que irán mar adentro. Es temporada de albacora, aunque también pescan tiburones y palometas. Las aletas de tiburones se las venden a los chinos para hacer afrodisiacos, cuentan. Ninguno oculta su preocupación por el resultado del fallo y la eventualidad de que los perjudique.

-Si nos va mal, por último que nos quiten las aguas de nadie-, dice Navarro.

Por “agua de nadie” Navarro se refiere a la franja de un kilómetro de ancho en el límite de ambos países. Pero lo que está en juego de la zona marítima para Chile es mucho más que eso. De aceptarse la tesis peruana en La Haya, son 38.000 km cuadrados de mar los que Chile resignaría. Un serio problema para las dos mil personas que trabajan directa e indirectamente en la pesca artesanal en Arica.

Los pescadores cuentan que las cosas ya están tensas, aun sin fallo de por medio. Reconocen que a veces se pasan a pescar a aguas peruanas y que los peruanos hacen lo mismo en aguas chilenas. “Se roba de lado y lado”, dice Cortez. “La diferencia es que a nosotros nos dejan detenidos dos meses y a ellos les retienen el bote, pero los dejan circular libres”. Cortez lanza la frase y apunta a un grupo de peruanos sentados en el muelle: “A esos los pillaron y están tomando solcito”.

Jaime Segovia (50), un patrón de embarcación, interrumpe la conversación con una pregunta rabiosa: “¿Para qué tenemos los mejores submarinos, los mejores barcos, si nos tienen a nosotros como huevones esperando un resultado?”.

LA CALMA ANTES DEL FALLO 

Son las 8 de la tarde y por el paseo peatonal de Arica suenan tambores y bailan hombres y mujeres con trajes folclóricos sacados del trópico. Es 6 de enero, la pascua de los negros, día que los afrodescendientes de la ciudad, hijos y nietos de esclavos que alguna vez llegaron a Arica directo desde Africa, celebran con baile y percusión. De los cientos de bailarines, un margen bastante reducido parece verdaderamente afrodescendiente.

En el mismo paseo, la gente no parece muy preocupada de las consecuencias del fallo. Varios consultados dicen querer que Chile tenga la razón, pero no se les va la vida en eso. Javier Sánchez (56), taxista, plantea que lo único claro es que el resultado hay que acatarlo. Unas señoras que lo escuchan hablar hacen gestos de aprobación.

Este sentimiento de tranquilidad viene quizás de la más alta autoridad en la ciudad, el alcalde PPD Salvador Urrutia. Mientras se traslada a un evento en un colegio municipal, dice que el día del fallo será un día como cualquier otro para él. “Lógicamente, voy a estar pendiente del resultado, pero mi idea es que en la ciudad todo se desarrolle normalmente. Creo que los argumentos de Chile en el tribunal fueron contundentes, pero de haber un fallo adverso tendremos que catar”.

Urrutia, quien es doctor de profesión, dice que en un par de años probablemente nadie se va a acordar del fallo. Su teoría se sostiene en los momentos tensos que se vivieron anteriormente en la frontera con Perú. “El 78-79, para el conflicto con Argentina, también se abrió un flanco aquí. Yo estaba en el hospital y sacaban a todos los funcionarios los fines de semana a cavar trincheras. Yo tuve que hacer una suerte de curso para atender a heridos en combate y no me podía mover de la ciudad. Eso fue complicado de verdad”.

En Arica circulan diferentes rumores sobre los movimientos del regimiento Rancagua, ubicado a pocos minutos del centro de la ciudad. Dicen que los oficiales están acuartelados desde el 5 de diciembre, que los doctores no pueden tomar vacaciones mientras la situación del fallo no esté resuelta. Desde la milicia no confirman ni desmienten nada. Las órdenes son que nadie hable del tema.

En el Consulado peruano en Arica esperan que no haya reacciones adversas contra los peruanos que viven en la ciudad, pero admiten que ya ha habido conversaciones para reforzar la seguridad con la intendencia y Carabineros.

TACNA PARA CHILENOS 

Llegar a Tacna es llegar a una ciudad de calles estrechas y estilo colonial en su centro cívico, donde las fachadas continuas se mezclan con casinos luminosos y hoteles. La pausa que los peruanos ponen a la hora de hablar es totalmente contradictoria con el tráfico caótico del centro. No se puede creer que los mismos que hablan con tanta cadencia sean los que manejan.

En Tacna, donde viven 280 mil habitantes, tampoco hay mayores indicios del fallo que se viene a fines de mes. Los diarios peruanos dedican sus portadas a la crónica roja y a los traspasos de jugadores en el mercado de piernas. La monotonía la rompe Isaac Humala, el padre de Ollanta, Presidente de Perú, al decir en Lima, con toda seguridad, que Chile no respetará el fallo de La Haya.

Pero Tacna es una ciudad que mira mucho más hacia el norte de Chile que hacia Lima. El principal sostén de la localidad se basa en la visita de ariqueños y de chilenos de otras ciudades del norte, como Iquique, Calama y Antofagasta. A Tacna llegan a comer bien, a visitar al dentista y al oftalmólogo, a comprar en los mercados y a pasarlo bien, todo por precios mucho más bajos en comparación con los de Chile. Cifras del 2012 de la revista peruana Poder estimaban que los chilenos dejan en la economía tacneña US$ 60 millones anuales.

Quizás por eso el trato aquí es políticamente correcto cuando se habla del fallo de La Haya. Si entre los peruanos reina el optimismo frente a la resolución, a la hora de hablar con un chileno se limitan a decir que no están informados o que no les importa mayormente el resultado. “Hay que seguir trabajando igual”, dice Mario Fabio, dueño de una juguetería en el Mercado Central. Ese es el tono.

Quien recorre la ciudad se dará cuenta de que el comercio está diseñado casi especialmente para el visitante chileno. En los mercados compran detergentes, jabón y alcohol, todo alrededor de tres veces más barato que en Chile. En la feria La Caplina van por ropa, joyas y relojes. Las tiendas de deportes casi no venden camisetas de equipos peruanos. Un 90% son de equipos chilenos, desde los tres grandes hasta Cobreloa y Unión. Todas son imitaciones muy bien hechas, que se venden a cinco mil pesos.

En el Hospital Solidario de Tacna, de las 447 mil consultas que se hicieron en 2012 (desde ginecología hasta oftalmología, con un promedio de 2.500 pesos por consulta), 186 mil fueron hechas por chilenos.

La noche también es para los vecinos del sur, en los casinos y los bares y discotecas del centro. En las afueras de la ciudad está Las Cucardas, una especie de burdel con unas 100 habitaciones, con contuntende clientela chilena. En la disco Karú, un guardia dice que nunca hay problemas con los chilenos, que se les trata muy bien.

Fidel Carita, el alcalde de Tacna, está consciente de esta relación. La mañana del jueves de esta semana se juntó con su símil de Arica, Salvador Urrutia, para firmar un acuerdo de respeto al resultado de La Haya. Para Carita, los temas limítrofes son un tema más de Santiago y Lima que de Arica y Tacna. “No nos interesa en lo absoluto que nuestra rica relación de intercambio se vea afectada”.

Carita dice que el día del fallo será un día normal de trabajo en Tacna, que sólo se limitará a asegurarse de que la gente tenga acceso al resultado del fallo, aunque eso incluye la posibilidad de que se instalen pantallas gigantes en la plaza de armas.

LA BATALLA DE LA PESCA

La ciudad de Arica alguna vez tuvo como sostén principal la industria pesquera. A los pescadores artesanales se sumaban cinco pesqueras industriales. Hoy sólo queda una: Corpesca, del grupo Angelini. Sumados los industriales con los artesanales, un total de 3.000 personas trabajan directa e indirectamente de la pesca. Multiplicado por cinco (un grupo familiar promedio), son 15 mil las personas que dependen de la industria.

Los presidentes de los cuatro sindicatos de Corpesca están extremadamente preocupados. Miguel Ahumada, presidente del sindicato de tripulantes, dice que entre el 60% y 70% de la producción proviene del área en litigio. “Un resultado desfavorable podría causar el cierre de Corpesca o el despido de muchos”.

Los dirigentes, que están reunidos en un centro comunitario, mastican posibles medidas post fallo. Si los resultados no son favorables, se vendrán manifestaciones, dicen. “Y eso implica incluso el cierre del paso de Chacalluta”, advierte Ramón Morales, presidente del sindicato de trabajadores de planta. “No vamos a dejar cruzar chilenos por la frontera, para que en Perú vean lo que pasa si de aquí no va nadie a comprar”.

Hasta el momento, no ha habido conversaciones con el gremio de los pescadores artesanales, pero no descartan juntar fuerzas, eventualmente.

Sergio Guerrero, presidente de los artesanales, dice que hasta el momento están expectantes. “Parece que fuéramos los únicos en Arica a los que les importa el resultado. Para poder ver los alegatos teníamos hasta un televisor en la caleta”.

Al igual que los industriales, Guerrero dice que perderían el 70% u 80% de los caladeros históricos con un fallo totalmente desfavorable en La Haya. “Tendríamos que navegar 12 horas hacia el sur para poder pescar. Nos matarían. Y aquí en el sindicato somos todos de 50 para arriba. No tenemos previsión y no sabemos hacer otra cosa”.

LA PREOCUPACIÓN 

Oscurece en el Mercado de Tacna y Claudia González (55), la dueña de un puesto de hierbas y cereales, se sale de libreto. Pide credencial de prensa antes de hablar (24 horas en Tacna y desde los feriantes hasta la secretaría del alcalde quieren ver una credencial) y dice que el visitante chileno es a veces complicado. “Varias veces me han dicho en forma arrogante que yo como gracias a ellos. Eso no está bien”.

En un puesto de licores, Aldo Solorzano (37) es el primero en admitir que sus ventas han bajado en relación al mismo mes del año pasado. El hombre cuenta que el 95% de sus clientes son chilenos, que un vodka que en Chile compran a 12 mil, en su puesto lo compran por 4.000. Tampoco esconde su preocupación. Teme que un ambiente tenso por la resolución en La Haya afecte aún más sus ventas.

Una pareja chilena se acerca y pregunta por Nuvo, una botella mezcla de vodka y champagne, de moda ahora en el mundo del reggaetón.

-65 soles, casero. ¡12 mil quinientos pesos! -alcanza a gritar Solorzano, mientras los clientes chilenos parten a cotizar a otra parte.

Por Ignacio Bazán de La Tercera

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Periodista Radial graduado del Instituto Nacional de Telecomunicaciones INSTEL, Cali - Colombia en el año 2009. Diplomado en Política y Gestión Migratoria de la U. Miguel de Cervantes, Santiago. Actualmente trabaja en el Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior y Seguridad Pública de Chile. Es uno de los conductores del programa radial Chile a Todo Color que se emite a través de Radio Universidad de Chile 102.5 FM y Radio JGM de la Universidad de Chile. wilsoncharry.blogspot.cl

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