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EL 08 DE MARZO: LA GUERRA BIOPOLÍTICA CONTRA LA CORPORALIDAD Y LA SUBJETIVIDAD DE LAS MUJERES

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“Hoy no se puede separar la lucha por una sociedad más justa, sin jerarquías, no capitalista -no fundada sobre la explotación del trabajo humano-, de la lucha por la recuperación de la naturaleza y la lucha antipatriarcal: son una misma lucha que no se puede separar” (Silvia Federici)

 Antes de pensar el próximo 08 de marzo como una lucha política del feminismo y de las mujeres en general, deberíamos posicionarnos y reflexionar sobre qué tipo de feminismo estamos hablando o deseamos construir. Y también sobre a qué sector social e ideológico de las mujeres esta lucha emplaza y busca materializarse. En otras palabras, consideramos que es necesario interrogarnos sobre el tipo de corporalidades y subjetividades femeninas que nuestros gritos y reivindicaciones pretenden apelar y articular.

La complejidad de esta fecha que recuerda un hito que simboliza siglos de exclusión, violencia y explotación capitalista, patriarcal y colonial, nos da la posibilidad de unión entre la comunidad femenina internacional, con sus tensiones y diferencias, pero también como una oportunidad de construir un proyecto político-social igualitario que fortalezca nuestro ideario por una alianza colectiva e interseccional, que nos permite no solo pensar en las diferencias, sino en la importancia de la igualdad de fondo que existe en éstas. Pero debemos recordar también a las distintas comunidades y grupos de compañeras que el 08 de marzo es también reivindicado por un feminismo que busca la igualdad sustantiva sin apuntar a la abolición del sistema de explotación patriarcal, racista y capitalista.

En nuestra condición de mujeres latinoamericanas inmigrantes no podemos estar de acuerdo con ese feminismo que reivindica la igualdad en la explotación. Nosotras, en cambio, nos posicionamos políticamente desde las clases excluidas y en nuestra condición social, cultural y física subalternizadas.

Queremos reivindicar, como Secretaría de Mujeres Inmigrantes, en esta oportunidad, a las compañeras inmigrantes que no pueden salir a las calles a marchar y tampoco tienen derecho a realizar una huelga, porque se encuentran trabajando en lugares donde no hay derecho a paralizar su jornada laboral y que no están en condiciones de perder su empleo, pues no tienen mayores redes familiares y sociales que puedan sostener su subsistencia.

La lucha de la compañera es mi lucha. Queremos recordar y homenajear, por ejemplo, aquellas compañeras inmigrantes que están trabajando en Lo Valledor, Estación Central, La Vega, las trabajadoras domésticas o cualquier empleo precarizado que no les permite marchar o aquellas quienes necesitan esperar en las extensas filas de Extranjería, PDI y Registro Civil para regularizar sus visas y permisos de residencia. Queremos recordar entonces a las mujeres inmigrantes que no tienen derecho a marchar, pero que no por ello dejan de luchar contra la explotación y la violencia en sus vidas cotidianas. El discurso del feminismo en sus más distintas formas e interpretaciones políticas, al mismo tiempo, que genera diálogos y perspectivas importantes, nos hace también problematizar sus propias exclusiones y privilegios; porque cuando consideramos que el feminismo no es para todxs, terminamos nosotras mismas violentando nuestras propias corporalidades y subjetividades, en la perpetuación de la división social, racial y sexual de les trabajadores que el capitalismo patriarcal y colonial ha impuesto como su lógica de dominación. Corporalidades femeninas, inmigrantes, afrodescendientes, precarizadas, indígenas, trans y lesbianas.

Nosotras queremos reivindicar discursos y prácticas feministas que involucren la interseccionalidad, la sororidad, la equidad, el autocuidado e interculturalidad, es decir, apelamos al reconocimiento que nosotras somos plurales y diversas. Deseamos combatir desde nuestra posición de mujeres inmigrantes aquellos discursos y prácticas patriarcales, sexistas, racistas, xenófobos y violentos, que condenan y marginalizan nuestras corporalidades y mentes a permanecer vulnerables, torturadas, esclavizadas y violadas en la denominada guerra biopolítica contra las mujeres que se está dando en la fase actual del sistema capitalista. En esta dirección nos parece pertinente recordar las palabras de la feminista afrodescendiente Djamila Ribeiro, quien nos advierte que para los que ejercen el poder: “hablar de racismo, opresión de género es visto como algo aburrido u otras formas de deslegitimación o menosprecio. La toma de conciencia sobre lo que significa desestabilizar la norma hegemónica es percibida como inapropiada o agresiva, porque ahí se está confrontando el poder”.

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Asistir, apoyar y educar a las mujeres inmigrantes en materia de derechos y deberes en nuestro país es la motivación tras la creación de la nueva Secretaría de Mujeres.

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