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Navidad ¿Qué celebramos?

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Parece una pregunta obvia e incluso ridícula en el contexto de los preparativos y compras que por estos días se intensifican: regalos, adornos, comida y consumo en general. Gastos, deudas y cuotas, por otra parte, largas filas, horas interminables de caminar al sol, sin duda un gran sacrificio. Algunos me dirán aguafiestas, sin embargo no tengo el interés de serlo, por el contrario, creo que todo el sacrificio puede valer la pena, siempre y cuando nos hagamos cargo de la pregunta original ¿Qué celebramos este 25 de diciembre?

No podría estar seguro del porqué el día de Navidad se celebra el 25 de diciembre. Probablemente sea porque en Europa el solsticio de invierno es el día donde se produce el tiempo más corto entre el amanecer y el anochecer, y ocurre en estos días. Antiguamente para los no creyentes esto significaba que el invierno llegaba a su fin y pronto volvería la primavera, por lo que adoraban al Sol por vencer la oscuridad del invierno haciendo fiestas para celebrarlo. Esto tiene repercusiones evidentes en la agricultura, sin duda es un signo de vida, lo peor ya pasó, llegó el momento de confiar, la luz trae consigo el alimento, el calor, el bienestar y la esperanza.

Perfecto, pero hoy en Chile, año 2013, en que prácticamente a nadie le interesa el solsticio de invierno en Europa ¿De qué estamos hablando?

La tradición cristiana ha hecho coincidir la Navidad con el día en que la oscuridad ha sido vencida por la luz, con el día en que las horas de luz crecen en detrimento de las horas de sombra y de noche, no es una casualidad. En su origen tiene profundo sentido, Jesús es el Sol que nace de lo alto, es la esperanza que se queda con nosotros para siempre.

Hoy en día, actuamos como maquinas, sin sentido, tristes y cansados, un día igual al otro, la rutina nos va aniquilando y el futuro parece desvanecerse. Esta es una actitud de espera, aguardando un improbable golpe de suerte o quizás que algo termine.En este contexto nos volvemos a preguntar¿Qué puede significar hoy la Navidad?

La navidad para creyentes y no creyentes siempre significa esperanza, así de simple, así de complejo. Renovémosla, démosle una nueva oportunidad, digámosle sí a la vida, a la alegría, al perdón. Detengamos nuestra rutina y preguntémonos ¿Por qué hago las cosas? ¿Para qué me sacrifico? En definitiva ¿Cuál es mi esperanza? ¿Qué personas? ¿Qué proyectos constituyen mi esperanza? Estoy cierto que esto no es simple, pero también lo estoy que depende de un hondo y personal cambio de actitud para así poder abrirnos a la esperanza.

Podemos situarnos en dos actitudes esta navidad, la espera y la esperanza. La diferencia que propongo entre ambas es que: la espera es una actitud pasiva y aletargada, la que poco a poco consume la vida, te la quita. Por otra parte, la esperanza, es una actitud activa y positiva, implica salir a donar la vida por algo, la familia es el mejor ejemplo. Como Jesús, a quién nadie le quitó la vida, porque antes, él la dio por nosotros.

Abrirnos a la esperanza significa también reconocernos portadores y donadores de esta. Este es un buen regalo. El mensaje de Navidad en definitiva es que Dios ama a la humanidad y lo hace profundamente, viene, se queda y se dona por nosotros.Crear las condiciones donde todo hombre y mujer pueda vivir plenamente su condición humana debería ser la gran esperanza, el gran regalo de la Navidad.

¿Cómo hacer para que nuestro mundo sea más humano y esto concretarlo en acciones? Partamos regalándonos esperanza a nosotros mismos, a nuestra familia y luego será inevitable ser portadores de esperanza para nuestra herida sociedad.

La Navidad debería traer consigo un mensaje del acercamiento a las víctimas de nuestro país. Esperanza para los migrantes, a quienes este país también pertenece y tienen derecho a soñarse de modo prospero en él. Esperanza para los privados de libertad, a quienes Dios regala a manos llenas su misericordia y comparte con ellos la esperanza de vivir en condiciones más humanas. Esperanza para el pueblo Mapuche, que se debe traducir en identidad y territorio. Esperanza para los homosexuales, para los drogadictos, para los enfermos, para quienes no tienen trabajo, para quienes viven en soledad y para ti, todos la necesitamos.

Esta Navidad Jesús nace con la marraqueta bajo el brazo, llena de esperanza, en un futuro mejor al que podemos y debemos aspirar, aferrémonos a esta y compartámosla con quienes tenemos a nuestro alrededor.

Muy feliz Navidad.

 

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Jesuita joven, estudiante de filosofía.

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