Este viernes se celebra el Día Internacional de los Trabajadores en Chile y en casi todo el mundo, con excepción de Estados Unidos y Canadá.
Hoy la jornada del primero de mayo se siente diferente como trabajadora migrante en Chile. ¿Por qué se preguntarán? Porque, conozco a demasiadas personas migrantes que quedaron desempleadas como un efecto directo o indirecto del cambio de gobierno y los dichos recientes. Es algo comentado a voces nada más, pero que se ha ido materializando en una realidad de desempleo y empuje a la informalidad.
Además, InfoMigra y otras organizaciones han denunciado que cada vez se saben más casos de patrones que empiezan a despedir debido a la situación migratoria, incluso a personas en situación regular con permiso de residencia temporal o personas acogidas a trámite. Algo que se contrapone tanto al Código del Trabajo como a la Ley de Migraciones.
Y si sumamos la cantidad de visas rechazadas o permanencias definitivas en los últimos años, yo me pregunto: ¿Acaso solo estamos trabajando, cotizando, dando nuestro tiempo y ahorros para pagar trámites migratorios cada año o cada dos años?
¡Ay, qué dolor de bolsillo esta migración! ¡Ay, qué cansancio trabajar tanto para que nuestros ahorros se vayan en pagos de trámites!
Me pregunto cuánto trabajo tendré que invertir para poder pensar a futuro en este país, o cuánto tiempo pasará para que por fin pueda acceder a todos los “beneficios” que se supone que gozamos los extranjeros en Chile.
Mi historia no es única, es mucho más común de lo que pensamos. Personas que entramos antes de 2021 (antes del cambio de la ley de extranjería) con algún tipo de visa temporal y que, en lugar de acceder rápidamente a la permanencia definitiva después de esta primera visa —como se supone que es—, nos hemos pasado bailando entre rechazos y permisos temporales por casi un lustro o más. Pagamos nuestras cotizaciones, impuestos, hemos llegado a tener hasta tres trabajos al mismo tiempo y, aun así, nada. ¿Qué más quieren? ¿Cuántos trabajos más debemos tener? ¿A cuáles mejores sueldos debemos aspirar si para todo piden permanencia definitiva e incluso nacionalidad?
¿Qué pasa cuando el derecho al trabajo se ve tan coartado de esa manera? Simple: nos empobrecemos en dinero y tiempo. Porque incluso cesantes trabajamos. Camelleamos, como dirían mis amigos colombianos; chambeamos como nadie. Emprendemos, aceptamos “pololos” en cualquier trabajo, entregamos currículums en todos los rubros y somos buenos para adaptarnos.
¿Y el tiempo libre? Las comunidades migrantes conocen poco de eso. Migramos para una vida mejor, y por alguna razón eso pareciera contradecirse con el descanso.
Incluso para las retóricas xenófobas es una contradicción. Según esa lógica, somos flojos y queremos vivir del Estado, pero también robamos el trabajo y, como “aceptamos” cualquier sueldo, lo precarizamos. ¡Ahora resulta que también es nuestra culpa que los patrones paguen mal!
También vale la pena señalar un poco de nuestras decisiones y comportamientos migrantes. ¿No creen? En Chile he tenido el gusto de trabajar en el rubro restaurantero y conocer bien a sus trabajadores, migrantes y chilenos, y puedo comentar algo que siempre me ha llamado la atención. A los extranjeros nos han enseñado a agradecer el trabajo, claro que sí, y bien agradecidos, pero en esa misma lógica nos hemos adiestrado a no quejarnos. Eso se lo dejamos a los chilenos y, normalmente, con un “no quieren trabajar, no les gusta”.
Aquí aprendí a exigir mis derechos laborales, pero para eso necesité primero conocer la ley. Ya no acepté trabajar en feriados u horas extras, ni por la mejor de las propinas prometidas. Me empecé a quejar e ir a la Dirección del Trabajo ante cualquier abuso, como el robo de propinas o las amenazas. Pero entre mis compañeros eso era de revoltosa, “chilenizada” me decían. “Agradece que hay trabajo y que ganamos bien”.
Pero eso es una mentira: los garzones no “ganan bien”, ganamos propina que es otra cosa, pero ante la ley es el mínimo por el máximo de esfuerzo.
Y en otras empresas eso además se vuelve peligroso. ¿Cómo llamar a huelga o a organización si está la amenaza de una deportación? No se puede, no se corren los mismos riesgos.
Este año, las huelgas generales de Minnesota fueron un ejemplo de lo que hay que hacer. Necesitamos que las y los chilenos se organicen también por nuestros derechos. Para un trabajador migrante, faltar un día al trabajo puede traer muchísimas más sanciones que para un chileno.
Pongamos un ejemplo sencillo, pero real: si denuncio, el jefe va a usar la situación migratoria para amedrentarme, y si me despide, perderé las cotizaciones y no podré aplicar a la permanencia definitiva. ¿Qué hago?
Sé que se está poniendo más difícil para chilenos y extranjeros, es la verdad, pero no bajemos las manos. Sigamos trabajando, aprendamos sobre nuestros derechos, tenemos que defenderlos. Y porque también es importante mencionarlo, no caigamos en la farsa de que si migramos debemos perdernos la vida trabajando. Hagamos lo posible por gozar del tiempo libre que tanto nos han quitado.
Tomemos esas vacaciones, no aceptemos trabajar los feriados y denunciemos abusos.
Ante la amenaza de nuestros derechos debemos recordar que no estamos solos… y ellos tampoco.
