Construir red para enfrentar la trata: la experiencia de RATT Chile

Hablar de la Red Alto al Tráfico y la Trata de Personas -RATT- no es solamente hablar de una organización. También es hablar de una ausencia: la falta de respuestas suficientes frente a la trata de personas y las múltiples vulneraciones que viven quienes sobreviven a estas violencias.

RATT nace en Argentina el año 2006, en un contexto donde la trata todavía tenía muy poca visibilidad pública, no existía una legislación específica y las políticas de prevención y protección eran insuficientes. Primero funcionó como una red virtual llamada “No a la Trata”, realizando foros y capacitaciones. Con el tiempo, ese trabajo territorial comenzó a crecer hasta consolidarse en distintas provincias argentinas. 

Actualmente, RATT Argentina tiene presencia en 18 provincias y forma parte de diversas redes latinoamericanas vinculadas a derechos humanos, migración y prevención de violencias. Más que un crecimiento organizacional, esto deja en evidencia algo más profundo: la expansión de una problemática que sigue encontrando respuestas estatales fragmentadas.

RATT surge justamente desde ese vacío institucional. No desde una posición neutral, sino desde la idea de que la trata de personas no puede entenderse como un delito aislado. Detrás de ella existen condiciones sociales, económicas y políticas que permiten que ciertas personas sean constantemente expuestas a explotación y violencia.

El trabajo territorial argentino llegó a Chile de la mano de Erica Svriz Escobar, luego de identificar durante sus primeros años en el país situaciones de revictimización, violencia institucional y falta de acompañamiento especializado hacia víctimas sobrevivientes. Desde ahí comenzó la idea de instalar en Chile una experiencia similar a la desarrollada por RATT Argentina.

 

Aunque el trabajo en Chile todavía es más acotado, sus principales objetivos han estado centrados en la prevención, la incidencia en políticas públicas, el acompañamiento en situaciones de denuncia y la orientación a personas migrantes y potenciales víctimas de trata.

En estos tres años, RATT Chile ha ido consolidando su trabajo a través de seminarios latinoamericanos, conversatorios, reuniones institucionales y espacios de articulación con organizaciones sociales y organismos públicos. Entre los hitos más importantes destacan encuentros con Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género – SERNAMEG-, diálogos con consulados de México y Argentina, participación en actividades desarrolladas en el ex Congreso Nacional y seminarios internacionales sobre trata, migración y refugio junto a organizaciones de distintos países de Latinoamérica. También se han impulsado espacios de discusión en universidades, como el reciente conversatorio sobre educación sexual integral -ESI- y explotación sexual de niños, niñas y adolescentes -ESNNA- en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano -UAHC-.

Más allá de cada actividad específica, estos años han permitido fortalecer una red comunitaria y latinoamericana basada en el apoyo mutuo, la prevención y la circulación de información. Esto ha sido especialmente importante frente a contextos donde muchas personas migrantes y víctimas sobrevivientes continúan enfrentando burocracia, falta de apoyo especializado y procesos constantes de revictimización.

Por lo tanto, podemos decir que RATT Chile ha ido funcionando como una red paralela frente a la fragmentación estatal. No para reemplazar al Estado sino porque muchas veces las respuestas institucionales siguen siendo insuficientes; frente a una problemática tan compleja como la trata de personas.

La experiencia de estos años también deja en evidencia que la defensa de los derechos humanos no puede quedarse solamente en el discurso. Hablar de trata implica cuestionar las condiciones que permiten la explotación, la desigualdad y la vulnerabilidad constante de ciertas personas y comunidades.

Desde su posicionamiento abolicionista, RATT instala además una discusión incómoda pero necesaria: la explotación sexual no puede separarse de las condiciones de violencia y desigualdad que la sostienen. Por eso, más que un debate moral, la lucha contra la trata termina siendo también una discusión política y social sobre las condiciones que permiten que estas violencias sigan existiendo.

Frente a eso, el trabajo territorial, la organización colectiva y las redes latinoamericanas siguen siendo fundamentales.