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La única manera

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Hace unas semanas atrás, supimos de la muerte Alberto Picuasi de 34 años, vendedor ambulante y de nacionalidad ecuatoriana, que huyendo para que carabineros no le quitara la mercadería que vendía en la vereda, murió atropellado, horrible.

Ayer en televisión vi una nota de más de veinte minutos mostrando lo asqueroso y peligroso que puede resultar vender y/o comprar comida callejera en calles del centro de Santiago, en la misma nota señalan que el 80 por ciento de las personas que comercializan de esta manera son inmigrantes y pobres, y nos muestran cuántos recursos humanos y financieros se gastan en eliminar estas prácticas de las calles santiaguinas.

Seguramente en otras notas de otros noticieros nos han mostrado la cantidad de vendedores ambulantes que nos atosigan las veredas con sus productos, y que con esa actividad nos llevan al caos de la delincuencia y la evasión de impuestos. Luego, vemos las persecuciones que vendedores sufren de parte de funcionarios municipales e incluso seguridad pública, que les quita la mercadería con el objetivo de sacarlos de ahí pero su trabajo es inútil (es evidente) porque el vendedor ambulante vuelve, y vuelve más pobre aún porque la mercancía la pierde y debe pagarla y además pagar por la nueva mercadería. Y se transforma en un círculo de nunca acabar.

Entonces yo me pregunto: cuáles son las políticas públicas que tiene el municipio, o el estado para las personas que deben salir a vender a las calles “esos” productos y de “esa” manera, y a ver si entendemos, que lo hacen así porque es LA UNICA MANERA de tener dinero honradamente, porque no tienen otra opción o porque la otra opción es tan ajena a [email protected] que ni siquiera está en los planes. Cuál es la forma de solucionar ese drama que también puede incomodar al transeúnte o a la vecina o al vecino. Ustedes oyentes creen que solucionar este problema es desabastecer al vendedor, es perseguirlo hasta provocar un accidente fatal, es señalarlo como delincuente en cuanto medio aparezca, es multarlo o meterlo preso, ¿es asustar a quienes intentan sobrevivir de manera digna? ¿De verdad creen que esa es la salida?

Pienso que esas formas son dignas de políticas enfocadas en esconder la malaria, desaparecer al pobre (sin que desaparezca) cueste lo que cueste, de acorralarlo hasta que desista, hasta que acepte que su pobreza no le va a  permitir jamás ganarse las lucas trabajando “informalmente”, agobiarlo hasta que acepte que la sociedad lo quiere pobre, pero pobre dependiente de las migajas que la misma sociedad le tira, para que siga siendo pobre.

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Columnas

Mujer, sin título universitario. Inmigrante. Con afición por las organizaciones comunitarias y participante reciente en las comunicaciones. Feminista. Ecologista. Obrera del trabajo independiente y del Trabajo no pagado de su hogar.

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