Hacer visible lo invisible: Niñez migrante y la cifra negra de la ESNNA en Chile

En este 18 de mayo, la protección de la infancia exige mirar más allá de los registros oficiales. Porque mirar para otro lado no nos hace menos cómplices; nos hace responsables de romper el silencio. 

Tal como en otras oportunidades, lo que nos convoca es la conmemoración de este 18 de mayo, el Día contra la Explotación Sexual de Niños, Niñas y Adolescentes (ESNNA). Esta fecha es un recordatorio de la urgencia de romper con los ciclos de silencio que permiten que la explotación persista. Como hemos observado en los reportes estadísticos de victimización y los informes sobre el estado de los derechos de la niñez, el escenario actual nos obliga a mirar un nudo crítico fundamental: violencia estructural, que mediante la desprotección y la falta de una Educación Sexual Integral (ESI), empuja a la niñez migrante hacia los márgenes de la invisibilidad, transformando el desarraigo en el escenario ideal para la impunidad del explotador.  

En esta jornada de visibilización, no podemos limitarnos a la denuncia del síntoma; nos vemos interpelados a transformar el análisis estadístico y profundizar en las dinámicas de opresión y desamparo que obligan a la infancia a habitar la cifra negra (brecha entre delitos cometidos y denunciado) de la explotación. Esta no puede ser leída como un mero vacío en las planillas del Estado o un número que falta en los registros oficiales; es un espacio de vulnerabilidad sistemática y naturalizada donde transcurren las vidas de cientos de niños, niñas y adolescentes que el sistema simplemente no detecta.

Habitar en la cifra negra contempla sobrevivir en un ecosistema invisibilizado donde los factores de riesgo institucionales y sociales convergen para aislar al sujeto. La cifra negra no es una decisión ni una creación de las personas, es una respuesta a una condición impuesta. Las familias y los niños no eligen el silencio; el sistema y la violencia estructural los empujan a él. Este habitar se sostiene sobre procesos de habituación y naturalización, conductas y estructuras cotidianas que se efectúan de manera casi automática y que llevan a los entornos a “aceptar” circunstancias opresivas que hacen daño. Para la niñez migrante, este espacio se construye desde una trayectoria de vulneraciones acumuladas que se profundiza al llegar a territorios precarizados debido a la desigualdad socioeconómica. Es aquí donde opera la familiarización: como mecanismo sociocognitivo mediante el cual las personas asimilan las condiciones adversas del entorno como la irregularidad, el desarraigo y el miedo a la expulsión, adecuándolas a su realidad habitual e integrándolas como pautas normales de supervivencia.

Es aquí donde las dinámicas de violencia dejan de ser vistas como delitos y se internalizan como condiciones dadas de la naturaleza del territorio. Así, el temor a la intervención estatal paraliza la búsqueda de ayuda y edifica barreras de silencio e indiferencia. A este aislamiento se suma la estigmatización, exclusión escolar y la ausencia de una Educación Sexual Integral (ESI). Así se va configurando una estructura que reproduce dinámicas de opresión perpetúa condiciones de precarización de la vida y priva a las víctimas de un espacio protector, dejándolas expuestas a dinámicas de captación territorial o digital (grooming), explotación sexual o trata. Sin redes comunitarias capaces de desnaturalizar el abuso, la salud mental de esta niñez se deteriora en la sombra a través de la depresión o la ansiedad, factores que terminan por cronificar su permanencia en esta dinámica de explotación.

Es fundamental comprender que los programas de reparación y protección especializada —que realizan una labor indispensable y sobreexigida en los territorios— intervienen casi exclusivamente sobre aquellos casos que logran ingresar al circuito institucional mediante una denuncia formal, pues es el marco que regula su acción.

Sin embargo, la relevancia de la protección no puede depender únicamente del acto de la denuncia; debe radicar en el reconocimiento pleno de los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho desde la prevención. Cuando la respuesta integral del Estado queda condicionada a la existencia de un proceso legalizado, la vulnerabilidad en los márgenes se agudiza de forma involuntaria. Aun así, lo que logra asomarse a la superficie institucional es alarmante: tras las actualizaciones del Ministerio Público, la Defensoría de la Niñez (2024, 2026) ha alertado sobre un incremento crítico en las causas vigentes por explotación sexual infantil, un preocupante aumento de autolesiones y una lista de espera de protección que supera los 41.000 casos. Esta tendencia es respaldada por los reportes de SERPAJ Chile, que evidencian un alza dramática del 73% en las atenciones de sus programas especializados. Si estos proyectos ya se encuentran saturados atendiendo con urgencia a quienes lograron pedir ayuda, mirar a la infancia desde su condición de sujetos de derecho nos obliga a entender que cada omisión, cada niño que permanece en la sombra, es una vida cuya dignidad estamos dejando desprotegida bajo la impunidad del explotador. Con esto, no se busca desmerecer el trabajo que ya se realiza, sino más bien poner sobre la mesa una realidad que está ahí, ocurriendo en la sombra. 

El explotador opera precisamente allí donde el control social y estatal es nulo, facilitando dinámicas de captación territorial o digital (grooming). Frente a esto, la educación emerge no como un accesorio pedagógico, sino como herramienta preventiva. Para comprender esta urgencia, es imperativo despejar prejuicios y remitirnos a lo que la UNESCO (2018) define como Educación Sexual Integral (ESI): un proceso de enseñanza y aprendizaje basado en un currículum que aborda los aspectos cognitivos, emocionales, físicos y sociales de la sexualidad, dotando a los jóvenes de conocimientos para proteger sus derechos a lo largo de su vida.

El respaldo legal para implementar esto ya existe. La Ley N° 21.430 sobre Garantías (2022) mandata en sus artículos 41 y 45 que el Estado debe asegurar esta formación a todo niño en el territorio, sin importar su origen o situación migratoria. Sin embargo, seguimos anclados a la Ley N.º 20.418, un marco estrictamente biológico centrado en la regulación de la fertilidad que no entrega herramientas para reconocer captaciones. Desde la práctica clínica, es evidente: no basta con saber evitar un embarazo si se carece de herramientas para reconocer las etapas de engaño en entornos por ejemplo digitales. Por ello, resulta vital mirar propuestas ciudadanas surgidas desde los mismos estudiantes, como las del Torneo Delibera (Muñoz et al., 2025; Soiza et al., 2024), que buscan modificar la Ley de Formación Ciudadana para que la ESI sea obligatoria y gradual, transformando la escuela en un nodo de protección y no en un espacio de tabú.

En Chile, un análisis de Vargas, Azúa y Carrasco (2024) revela que apenas el 8,5% de los objetivos de aprendizaje vigentes en el currículum nacional tocan dimensiones de sexualidad, abordadas “muchas veces desde visiones moralistas o sesgadas”. Por lo tanto, dejando a los niños sin el lenguaje necesario para nombrar el abuso.

La explotación sexual se alimenta de la confusión, la culpa y el desconocimiento del propio cuerpo. Según los datos de la Fundación Amparo y Justicia (2024), el último año se registraron más de 40.000 denuncias por delitos sexuales; muchas de estas víctimas no pudieron pedir ayuda a tiempo porque el mundo adulto no les entregó las herramientas para entender que lo que vivían era una vulneración. A esto se suma la alarmante alerta de la Defensoría de la Niñez sobre las listas de espera de protección, evidenciando que el sistema llega cuando el daño ya está hecho. 

Es aquí donde la Educación sexual se vuelve un pilar para la prevención de la violencia sexual y sobre todo la expltación sexual hacia niños, niñas y adolescentes. No es a través del miedo, sino de la información que realmente protegemos las infancias. Sabemos que la ESI previene eficazmente la ESNNA al fortalecer tres pilares de protección contra la violencia sexual:

  • La identificación del engaño (grooming): Un niño que conoce sus derechos identifica rápidamente cuándo un adulto intenta cruzar la frontera de su intimidad mediante el secreto o la manipulación en entornos virtuales.
  • La desarticulación de la cultura del secreto: El explotador requiere aislamiento. La ESI válida la comunicación con adultos de confianza dentro y fuera del núcleo familiar, rompiendo el poder que el victimario ejerce a través del silencio.
  • La desmitificación del falso consentimiento: Es imperativo recordar que el consentimiento en la explotación sexual no existe. Sobre todo, cuando hablamos de niños, niñas y adolescentes, es decir menores de 18 años. El explotador suele manipular la voluntad de la víctima para hacerle creer que «decidió» participar, gatillando el sentimiento de culpa La ESI enseña que el propio cuerpo es un territorio de derechos inalienables y no una mercancía, desarmando la estrategia de captación y liberando a la niñez de la responsabilidad del abuso.

Educar para proteger no es responsabilizar a la niñez de su propia seguridad; es que el entorno adulto cumpla la tarea de romper el pacto de silencio y de instalar herramientas colectivas de cuidado. Romper el pacto de silencio requiere una comunidad activa que sepa identificar las señales, mecanismos de captación, factores de riesgo y protectores y actúe a tiempo. Y para esto requerimos de la democratización y universalización de estos saberes: que la información no sea el privilegio de unos pocos, sino un escudo disponible para cada niña en cada rincón del país. La educación sexual integral es una de las formas en que podemos disminuir la brecha de conocimiento. 

Donde el silencio oculta, la enseñanza protege.

El silencio de los adultos es el oxígeno de la explotación y romper este pacto mediante la educación es el acto de cuidado más urgente. 

Camila Gatica Higuera 

Psicóloga | RATT Chile

 

Bibliografía:

De niños, N., & Atendidos, N. y. A. (s/f). Indicadores estadísticos publicados: Gob.cl. de https://www.servicioproteccion.gob.cl/601/articles-2986_archivo_01.pdf

Diagnóstico anual Situación de derechos de la niñez y adolescencia. (2026). Defensorianinez.clhttps://observatorio.defensorianinez.cl/wp-content/uploads/2026/04/Version-digital-Diagnostico-2026-Observatorio-de-Derechos.pdf

Explotación sexual de niñas, niños y adolescentes: la urgencia de una respuesta país. (2025, septiembre 23). UCSC Facultad Comunicación Historia y Cs. Sociales. https://sociales.ucsc.cl/blog/explotacion-sexual-de-ninas-ninos-y-adolescentes-la-urgencia-de-una-respuesta-pais/

Fundación Amparo y Justicia. (2024). Reporte estadístico de delitos sexuales contra NNA en Chile. https://amparoyjusticia.cl

Ley N.º 20.418. (2010). Establece normas sobre información, orientación y prestaciones en materia de regulación de la fertilidad. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.

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Muñoz, R. J., et al. (2025). Proyecto de ley que incorpora la ESI como obligatoria en el Plan de Formación Ciudadana. Torneo Delibera; BCN.

ONU. (2013). Educación Sexual Integral: Preguntas y respuestas. Organización Mundial de la Salud.

Orellana, D. (2025, diciembre 4). Tras actualización de datos del Ministerio Público: Defensoría de la Niñez alerta importante aumento de explotación sexual infantil en Chile – Defensoría de la Niñez. Defensoría de la Niñez. https://www.defensorianinez.cl/tras-actualizacion-de-datos-del-ministerio-publico-defensoria-de-la-ninez-alerta-importante-aumento-de-explotacion-sexual-infantil-en-chile/

Orellana, D. (2026, abril 30). Defensoría de la Niñez alerta aumento de autolesiones, violencia sexual y más de 41 mil niños, niñas y adolescentes en lista de espera de protección – Defensoría de la Niñez. Defensoría de la Niñez. https://www.defensorianinez.cl/defensoria-de-la-ninez-alerta-aumento-de-autolesiones-violencia-sexual-y-mas-de-41-mil-ninos-ninas-y-adolescentes-en-lista-de-espera-de-proteccion-2/

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Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia. (2024). Reporte Estadístico: Análisis de nudos críticos y cobertura en Programas Especializados (PEE). Ministerio de Desarrollo Social y Familia.

Soiza, A. I., et al. (2024). Educación Sexual Integral desde edad temprana para NNA. Torneo Delibera; BCN.

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Vargas, M., Azúa, X., & Carrasco, A. (2024). La ausencia de la educación sexual integral en el currículum chileno: un análisis de los objetivos de aprendizaje en las bases curriculares. Calidad en la Educación, (60), 191–221.