Migración como Oportunidad: Lo que Chile gana y Venezuela pierde

Historias de vida de venezolanos emprendedores en Chile

Así como las aves migran de un lugar a otro por su bienestar, el ser humano no es ajeno a esta particularidad de la naturaleza. Unos, eligen migrar por voluntad propia, otros por condiciones que los obligan incluso a resguardar su vida e integridad. El fenómeno de la movilidad forzada que se ha presentado en Venezuela debido a la crisis social, política y económica, ha ocasionado que 5.098.473 [1]personas hayan emigrado involuntariamente, muchas veces en la búsqueda de refugio o asilo en américa latina y el mundo. Chile no es ajeno a este movimiento migratorio. La migración venezolana en este país hasta el 31 de diciembre de 2018, aumentó con 288.233 personas, es decir, más de cuatro veces lleno el estadio nacional de Chile, según estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y el Departamento de Extranjería y Migración[2] en su informe de febrero de 2020[3], siendo Santiago, la capital del país donde mayormente residen.

Si bien es cierto que para muchos no ha sido sencilla su llegada a este territorio austral, dentro del universo de venezolanos en Chile se tejen muchas historias, muchas de éxito, de oportunidades, de resiliencia, de ese querer permanecer dentro del país, pese a las adversidades que puedan surgir, mostrando lo que un país pierde y el otro gana.

Daniel Scotto y su familia, llegaron a Chile en 2016 de Caracas, en un avión que los traería a este país, pero que también los alejaría del resto de sus familiares por la movilización forzada. Aunque Daniel, abogado de profesión y de ascendencia Italo-venezolana, ya tenía en su familia un hilo de vida de migración, no pensó en algún momento vivir fuera de Venezuela y menos dejar atrás el centro médico que creó junto a su esposa, medica cirujana. Sin embargo, ese mismo año, Daniel cuenta que antes de venirse a Chile, se había complicado la situación para conseguir alimentos, dinero en efectivo y había aumentado la inseguridad, lo que lo llevó a plantearse con su esposa a viajar de Venezuela con su hija a Chile, donde residía su hermana quien los esperaba hacia su próximo destino. 

Dos meses después de llegar a Chile recibieron la noticia del segundo embarazo de su esposa, mientras tanto, Daniel trabajaba en un holding de negocios que los estabilizaba económicamente y su esposa realizaba su proceso de homologación de títulos profesionales de Eunacom y Conacem, para acreditar la homologación de su título médico y especializaciones, donde los obtuvo luego de esperar por casi un año. Al año y siete meses Daniel obtuvo su visa de permanencia definitiva, eso era lo que decía un mensaje que vio en el celular antes de realizar un viaje a Venezuela en la búsqueda de instrumental médico. En un primer momento le fue negada esa visa a su esposa aunque seis meses después también logró regularizar toda su documentación. Pasados dos años de estar acá Daniel tuvo una emergencia médica una madrugada, y la experiencia no fue del todo grata para él, ya que cuando se emigra y se encuentran dos culturas distintas a veces resulta difícil entenderse entre las dos partes, entonces para Daniel era esencial en ese momento recibir orientación con su jerga, su lenguaje cultural, así que  su esposa en ese momento estaba con él y pudo ayudar a sortear esa situación, pero esa experiencia en especial los motivó a volver tener un centro médico, ya no en Venezuela, sino en Chile observando de cerca el aumento progresivo de la migración venezolana en 2018 y viendo esa necesidad de entenderse medicamente en su propia cultura, viviendo en Chile. Fue como vieron la oportunidad de iniciar atenciones de consultas médicas también para atender a pacientes en general y a migrantes sin documentación que no tuvieran la documentación al día.

Resiliencia

Durante un tiempo las cosas marcharon bien para Daniel y el equipo del centro médico. Sin embargo la crisis social que llegó a Chile en octubre de 2019, volvió a generar en muchas personas y en sus compatriotas esa incertidumbre e intranquilidad por la que buscaban salir de Venezuela, y en vez de terminar con su clínica por falta de  pacientes que no podían llegar a la consulta por la falta del servicio del metro, que para ese entonces había cerrado por la crisis, decidieron no rendirse. Implementaron la plataforma de atención online en su consulta, que para esos tiempos era algo novedoso sobretodo en la especialidad de psicología que en el centro médico aumentó significativamente. Persistieron por un tiempo y luego de pensar que ya habían pasado dificultades, llegó la pandemia Covid -19 dejando pérdidas significativas como él mismo comenta. Para  esta nueva situación, ya habían implementado la telemedicina por lo que pudieron rescatar sus esperanzas de continuar con el centro médico por atención en línea y reinventarse con la venta de insumos médicos como mascarillas y  test rápidos de Covid- 19 que el personal médico realizaba a domicilio antes de cerrar instalaciones por la pandemia y que fueron aplicados por un tiempo mientras volvieron a abrir el centro médico.

Nuevas oportunidades

Al abrir nuevamente sus puertas, se mantuvieron en pie con 14 especialidades  médicas con las que atienden al público en general y con los que impulsan aun en estos tiempos de pandemia jornadas especiales en refugios para migrantes en general en Santiago y en conjunto con fundaciones en Chile. Para Daniel y su familia después de haber abandonado Venezuela bajo migración forzada y enfrentarse a nuevos  desafíos en Chile, han continuado en este país haciendo posible que con esfuerzo y dedicación puedan conservar su centro médico,  aportando al desarrollo en materia empresarial en Chile, evidenciando que la migración de una manera ordenada y regularizada, puede generar mejores oportunidades y condiciones de vida para las personas que salen de sus países de origen con destino a otros países receptores.

Políticas migratorias en Chile

El gobierno chileno implementó en junio de 2020 la visa de responsabilidad democrática, lo cual implica que quienes quieran de Venezuela  con el propósito de establecerse en Chile,  deben solicitarla en su país de origen, lo que para muchos ha significado una barrera que no brinda soluciones de apoyo a este fenómeno migratorio.

Kemel, Palis, director de la Fundación Andrés Bello, organización no gubernamental orientada a la integración social y económica del migrantes venezolanos en Chile sostiene que la visa de responsabilidad democrática terminó siendo un freno para la migración venezolana por el rechazo y status sin resolver de dicha tarjeta migratoria y que además un 73% de las visas han sido rechazadas y no se han resuelto.

Segunda historia de éxito

Roger Sevilla, de Estado Cojedes a Santiago

Roger Sevilla, pensó en una nueva oportunidad de vida en Santiago, emigró antes de la implementación de la visa de responsabilidad democrática en Chile. Viajó de su natal Tinaquillo en el Estado de Cojedes en Venezuela, también producto de la problemática actual de su país. Éste médico que ejerció dos años en su tierra, decidió estudiar por 5 meses colorimetría para aplicar tintes de color en el cabello, siendo una posibilidad rápida para trabajar una vez llegara a Chile. Luego de motivarse a salir de Venezuela dicho en sus propias palabras por la necesidad y la carencia que había en su país, lo llevaron a  buscar su bienestar y el de su familia, pues fue el único de ella que decidió partir a Chile en 2017 a sus 28 años, en donde lo esperaba su mejor amiga, Génesis. Tres años después, Roger Sevilla a sus 30 años y después de tres de haber llegado a Chile, cuenta con su propio negocio, un Studio Spa que tiene su mismo nombre y del que se enorgullece a su edad,  pues comenta que trabaja desde los 7 cuando vendía jalea de mango en el peaje de taguanes en Tinaquillo.

Como anécdota recuerda que antes del viaje de Venezuela a Chile no tenía para comprar el almuerzo y un grupo de amigos que hizo en el aeropuerto y que también venían a este país le brindaron el último pasticho venezolano que se comió antes de subirse al avión.

Una vez en Chile, se instaló en Talagante, y después de ir a la comuna de estación central en Santiago, dijo que ahí quería trabajar y se quedó trabajando en una peluquería un tiempo y cuenta que era difícil ir a sacar su visa por los tiempos que demoraba el tramite junto a las largas filas, o no tenía el permiso para salir fácilmente y cuando logró sacar su visa temporaria para regularizarse, siguió ahorrando dinero en la búsqueda de una oportunidad, pues dice que hay que saber aprovechar las mismas. Con este pensamiento y con su voluntad un día conoció a una clienta que le cambió la vida, pues cubriéndole sus canas con sus servicios de aplicación de tinte capilar, ésta quedó satisfecha con el trabajo de Roger, tanto así que siempre quería ser atendida por él. Un día le preguntó por su historia y quiso ayudarlo ya que supo que Roger debía viajar todos los días de su casa a su trabajo por una hora y media. Fue así como le arrendó un departamento en Santiago que nunca había alquilado mudándose así al centro de la ciudad.  Después de reunir dinero y renunciar a la peluquería donde trabajaba empezó a emprender desde el departamento donde vivía, con la aprobación de sus dueños. A Roger se le ocurrió crear  dos días antes de que se venciera su visa temporaria su propia empresa, trámite que hizo por internet en un día, por medio de una clienta que conocía a una contadora. Actualmente ocho personas conforman su equipo de trabajo. Dice que ha tenido muchos obstáculos, entre ellos el no tener dinero, puesto que cuando se mudó a ese departamento no tenía para pagar el alquiler, alrededor de 320 dólares,  y cuenta que en dos días de trabajo hizo  casi el doble, recordando que cuando llegó a Chile solo tenía 35 dólares en su bolsillo, cumpliendo la promesa de no gastarlos. De ahí juntó más dinero para poder comprar sus implementos de trabajo y para no seguir lavando el cabello  a sus primeras clientas en el lavalozas de su departamento. Sin miedo a invertir en su negocio tal cual relata y sin miedo a enfrentar el estallido social, pues aún en ese momento recibía clientas. Cuando llegó la pandemia de Covid -19, se paralizó el negocio por casi un mes, tiempo en el que sin pensarlo se reinventó empacando kits de tratamientos con productos para el cuidado del cabello, haciendo más de 100 muestras, todas vendidas por delivery o envíos express. Abrió unos días después su Studio y no lo ha cerrado desde entonces, atendiendo a la gente que puede ir. Comenta que no ha sido víctima de discriminación porque dicho en sus propias palabras, no se lo permite a nadie. Y en cuanto a la relación de la medicina con su negocio, lo combina haciendo un diagnostico antes de atender a un cliente y explicándole al mismo qué producto le va a aplicar, pues conoce qué propiedades tienen los productos capilares que emplea. Dice que eso marca la diferencia entre otros estudios de estética capilar y de belleza.

¿Posibilidades de retorno?

Cuando se le pregunta si regresaría a Venezuela dice que no es el momento y que pasará mucho tiempo para que su país se acomode nuevamente, mientras tanto; sigue creciendo en su negocio para continuar ayudando a su familia en Venezuela.


[1] https://r4v.info/es/situations/platform

[2] https://www.extranjeria.gob.cl/media/2020/06/estimaci%C3%B3n-poblaci%C3%B3n-extranjera-en-chile-2019-regiones-y-comunas-metodolog%C3%ADa.pdf

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