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Elecciones, diversidad y deliberación política

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El domingo pasado, se realizó una votación general muy importante para nuestro país. Junto con escoger directamente el cargo de Presidenta(e) de la República, se eligieron Senadora(e)s, Diputada(o)s y Consejera(o)s Regionales.

Desde el prisma de la diversidad cultural, los resultados de la elección pasada, son nefastos, aunque abren una gran posibilidad. Vamos primero con el diagnóstico y luego con la oportunidad.

Como en todas las sociedades, lamentablemente, en Chile también existen una serie de grupos desaventajados, entendiendo por ellos, aquellos que se encuentran excluidos sistémicamente de la deliberación pública, pese a ser importantes en número (incluso mayoritarios en algunos casos) y relevantes para la cultura y economía del país. Dichos grupos son: mujeres, discapacitados, jóvenes, trabajadores, inmigrantes, indígenas y LGTBI (Lesbianas, gays, personas trans, bisexuales e intersex).

Para tener una democracia sana, es fundamental que el procedimiento de toma de decisiones sea equitativo, lo que implica, entre otras cosas, escuchar y tener en cuenta los intereses y las perspectivas (1) de las minorías y los grupos etno-culturales (2). Según Will Kymlicka, para lograr este objetivo los derechos políticos clásicos que proporcionan los derechos comunes de ciudadanía son importantes, pero no suficientes (3).

Si partimos de la base de que la deliberación política es algo saludable para la democracia y que para que ella sea posible requiere de ciertas condiciones, una de las cuales, es que exista una diversidad de visiones y universos simbólicos (cultura) en los representantes de la voluntad popular, podemos concluir sin temores, que nuestra democracia tiene una tarea pendiente al respecto (4).

Los resultados electorales (sin entrar en un estudio más detallado), mantendrán la deliberación política entre hombres, hetersosexuales, mayores de 50 años, sin discapacidades, que no se auto identifican de una etnia indígena y profesionales. Eso hablando en términos generales.

El próximo Congreso Nacional, en el Senado la deliberación política se hará principalmente entre: hombres (81,5%), cuyo promedio de edad es de 54 años, sin personas discapacitadas, sin representantes de los pueblos indígenas como tales, sin personas que representen a los movimientos LGTBI (siquiera con alguien que se declare como tal) y sin representantes directos del sindicalismo chileno (5).

Por su parte, el panorama no es muy distinto en la Cámara de Diputados, con similares índices en materia de género (84,1% hombres), algo mejor en lo que respecta a los jóvenes (de hecho se crea la bancada estudiantil), similar en pueblos indígenas y LGTBI (aunque hay un diputado que es declaradamente homosexual), sin personas discapacitadas, ni representantes directos del sindicalismo (aunque hay 6 diputados del Partido Comunista).

Ahora bien, pese a lo anterior, la presente elección deja una gran posibilidad para la democracia chilena, ya que abre la posibilidad para que se hagan los cambios suficientes para que sea inclusiva y permita que los representantes de los grupos desaventajados de la sociedad puedan ser parte de la deliberación política.

Para ello, no basta con modificar el sistema electoral, se deben explorar otras alternativas, se debe utilizar el sistema jurídico para corregir las desigualdades sistemáticas y estructurales que no permiten la deliberación política en pie de igualdad. En ese sentido, en el derecho comparado hay buenas iniciativas para corregir las brechas y abrir las puertas del Congreso a toda(o)s. Por ejemplo, hay que explorar en las leyes de cuotas (genero), en las circunscripciones indígenas, en la representación especial de la diversidad sexual, en la obligación de que los partidos políticos presenten candidatos con discapacidades, en eliminar las prohibiciones para que los dirigentes sindicales puedan ser candidatos, en destrabar las restricciones existentes para la constitución de partidos políticos de migrantes o indígenas, etc.

Para una adecuada deliberación política, debe estar proporcionalmente representada la diversidad de perspectivas que hay en Chile, ello no se logra sólo modificando el sistema electoral, se debe actuar positivamente para que los grupos desaventajados estén presentes y enriquezcan nuestra vida política.

(1) Sobre el concepto de perspectiva social, véase: Iris Young (2000). Inclusion and Democracy. New York, Oxford , pp. 134-138.

(2) Para Amy Gutman los grupos de identidad son no sólo legítimos, sino a menudo importantes, incluso valiosos, para la política democrática. Ello, primero, porque los grupos identitarios pueden tener influencia significativa sobre la identidad de los individuos en concordancia con la libertad individual. Segundo, “porque la libertad de asociación es una de las libertades básicas. Las personas se asocian (y se expresan) libremente, formando grupos identitarios, entre otros arreglos con trascendencia política; esos grupos no definen todo el alcance de la identidad de los individuos, pero, no obstante, tienen influencia importante en su identidad”. En: Amy Gutman (2008). La identidad en democracia. Buenos Aires, Katz Editores pp. 20-21.

(3) Wil Kymlicka (1995). Ciudadanía multicultural, Barcelona, Paidós, pp. 183-184.

(4) Para los interesados en los presupuestos teóricos de la “Democracia deliberativa”, entre muchos, véase: Jon Elster (2001). La democracia deliberativa. Barcelona, Gedisa.

(5) Fuente: http://www.emol.com/especiales/2013/actualidad/nacional/carrera-presidencial/hemiciclo-senadores.asp

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Columnas · Política

Abogado y Magíster en Derecho con mención en Derecho Público, Universidad de Chile. Máster en Gobernanza y Derechos Humanos, Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Derecho Constitucional, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Doctorando en Derecho y Ciencia Política, Universidad Autónoma de Madrid.

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