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Fronteras valladas: la protección de la fortaleza Europea

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Desde hace un mes, se ha comenzado con el proceso de “reordenación” de los pasos fronterizos de Melilla. Esta ciudad española al estar ubicada en el norte del continente africano, se convierte en un punto estratégico para miles de personas que provienen del sur y que por diversos motivos (hambruna, pobreza, falta de oportunidades educativas, guerras, violación a los derechos humanos, etc.) intentan abandonar sus países de origen, para ingresar al territorio europeo en busca de oportunidades.

Esta reordenación implica la instalación de mallas “antitrepas”, conocidas con el nombre de “concertinas” (alambre mezclado con cuchillas), que impiden que se puedan meter los dedos para escalar, ya que en efecto,  producen cortes de profundidad considerable. De este modo el gobierno plantea esta medida como elemento disuasorio y descarta que viole los Derechos Humanos de aquellas personas que intentan cruzar la frontera.

No es la primera vez que el Estado español coloca este tipo de vallas; cabe recordar que el año 2005, tras fuertes flujos migratorios, el gobierno de Zapatero optó por esta medida, sin embargo dos años más tarde, decidieron retirarlas tras la presión de diversas ONGs, que afirmaban que eran lesivas y que ciertamente violaban los D.D.H.H.

Actualmente, la instalación de estas vallas, no ha estado exenta de polémicas puesto que desde el ministerio del interior, se justifica este “sistema de protección” aludiendo a su aspecto “disuasorio”, utilizado también en diversos lugares como cárceles, las fronteras de E.E.U.U, de Grecia, etc. Agregan que, se trataría de un elemento que provoca sólo lesiones leves, minimizando así su verdadero impacto.

Frente a este posicionamiento, diversos actores, apelando a la inhumanidad del sistema, exigen que esta medida sea eliminada. Por ejemplo en el ámbito nacional, la fiscalía general del estado afirma que el proceso no se ajusta al derecho y que tal medida debe ser revisada con prontitud. En tanto, la Asociación Unificada de la Guardia Civil, que tiene a sus hombres vigilando la valla, afirma que están cansados de ver morir a personas que intentan cruzar la frontera; cuestionan la medida, puesto que se trataría de un sufrimiento innecesario, de este modo, exigen la retirada y que en su lugar se utilice un control adecuado.

A nivel Internacional, el comisario de D.D.H.H del Consejo de Europa, también ha criticado las concertinas, declarando que afectan negativamente a los derechos humanos, y no dan la oportunidad de petición de asilo a miles de personas, que viven una situación desesperada.

Nada distante es lo que vienen planteando diversas ONGs que trabajan en la materia, quiénes denuncian la existencia no sólo de heridos, sino también de muertos por las cuchillas. Además destacan que se viola también el Derecho de extranjería español, puesto que los que logran cruzar la frontera son devueltos inmediatamente por las puertas existentes en la misma valla, a pesar de haber pisado suelo español.

Hace pocos días, pese a la presión mediática, el pleno del Congreso  ha rechazado la petición de retirada de las concertinas de la valla de Melilla, gracias al apoyo de la actual fuerza gobernante, quienes justifican, que es una forma válida de luchar contra la inmigración ilegal.

La realidad es que las cuchillas cortan, provocan heridas de consideración y no se corresponden con el Derecho de extranjería, que plantea que la expulsión, retorno o devolución de un extranjero debe seguir un procedimiento administrativo, que a su vez, debe contemplar la posibilidad de petición de asilo, situación que bajo ninguna perspectiva se está cumpliendo.

Ciertamente: ¿qué podemos esperar de una ideología que criminaliza una falta administrativa y lucha contra ésta con un despliegue de conductas inhumanas?, claramente tan inhumanas como la denegación de auxilio en Lampedusa. Ante esta situación, ¿por qué la UE no toma cartas en este asunto? Si al fin y al cabo no sólo se trata de las fronteras de España, también son las fronteras de Europa y como tal las violaciones a los Derechos humanos que se vienen perpetrando son su responsabilidad también.

¿Hasta cuándo el viejo continente dejara de olvidar su historia?, esa historia que narra sus grandes imperios, sus descarnadas colonizaciones que les reportaron  riquezas y una creencia de dominación absoluta, pero que por otra parte dejo a países enteros abandonados a su propia suerte después de prácticamente desvalijarlos. Pero así es Europa, se olvida de sus responsabilidades y aborda esta problemática levantando muros más altos, como cuando se  protege una fortaleza. Lamentablemente, esta situación pasará al olvido en un par de semanas, al parecer a nadie le importa que se mueran un par de subsaharianos en África por culpa de una valla.

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Cultura

Psicóloga Educacional Infanto-Juvenil Universidad de Santiago de Chile. Máster en Intervención Psicosocial Universidad Autónoma de Barcelona

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