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Entre el pasaporte, el menú y el guión

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Pocas acciones tienen tanta carga política y emotiva al mismo tiempo como migrar. Y pensar al teatro como un universo alejado de esas dimensiones es un acto de ingenuidad. Detrás de la decisión de migrar se da la combinación de varios factores, pero, para que migrar sea posible debe haber dos esenciales: un lugar de origen y uno de llegada, dos espacios diferenciados habitados por personas que responden a las lógicas y dinámicas propias de cada uno de ellos.

Igual sucede en el teatro, se precisa de un público espectador y de una obra y su interpretación. Igual se da en un restaurante, se precisa de clientes comensales y por otro lado de camareras o camareros que atiendan el deseo y aparezcan luego con un suculento plato.

Migrar, atender y actuar ¿Qué tienen que ver estas tres acciones entre ellas? A la gente incauta le parecerá que nada pero en realidad lo tienen todo y el Colectivo de Teatro Meraki se encargó prodigiosamente de demostrarlo durante las noches de los jueves de los últimos dos meses en el espacio Tole Tole teatro de Buenos Aires. “A- LA CARTA, Un Viaje en Ebullición” además de ser una obra es un viaje a los adentros de las vivencias de quien migra. Es una obra latente y en tránsito, un menú en el que sirvieron risa y nostalgia, acompañadas de carcajadas y nudos en la garganta, todo en un mismo plato y sin derecho a dejar nada en él.

Una cosa es migrar y otra es migrar y hacer algo con ello. El Colectivo Meraki está integrado por migrantes y en efecto hacen algo con ello: teatro.

Merakies el vehículo en el que tres actrices y un dramaturgo de origen colombiano habitan y problematizan el tránsito de ser migrantes.

Provenientes de una Colombia tan cercana y tan lejana llegaron a la Argentina con sus respectivas formaciones en el arte dramático. Ellas tres durante años han trabajado en lo que trabajan muchas personas migrantes: han sido camareras.

A partir de ahí, de ese lugar de la experiencia y de biografía propia es que Alvaro Elias,el dramaturgo, hizo esta obra a la que le dan vida Paola Andrea MartínezDaniela Borrero CardonaLucia Reyes. Actrices oriundas de tres ciudades distintas de Colombia y quienes quizá no se hubieran encontrado nunca de no haber sido porque decidieron irse de su lugar natal. Y es que eso tiene migrar, es un andar que paso a paso nos va recordando que todo pasa por algo.

Eso hace este colectivo teatral de migrantes, quienes a partir del encuentro de varios factores han decidido poner bajo las luces y de cara al público una obra que aborda las realidades vividas por las actrices y en las que cualquier persona que haya migrado encontrará su reflejo. Pero que también le habla al público local y le cuenta cómo es que se ven, como es que los vemos, los migrantes desde nuestro emplazamiento.Tiene presente que entre los comensales del público hay nativos, quienes también  se encuentran con la devolución de una imagen que probablemente en muchos caso no advierten. Pero eso es algo recurrente cuando se hace parte del equipo que juega de local, y es que a veces las dinámicas culturales propias son tan claras y evidentes que se hacen transparentes ante los ojos de quienes las ejecutan.

“A- LA CARTA, Un Viaje en Ebullición” es algo que está ocurriendo y tiene una gran potencia. Implica un gran desafío narrar con tal sutileza un proceso que no se agota y que por el contrario está en carne viva.

Los viajes y las idas son algo muy personal y es un hallazgo la capacidad de Merakien esta obra para desmantelar esos puntos de encuentro entre las subjetividades de cada quien. Es el punto caramelo que habita entre su capacidad para empatizar con las experiencias del publico migrante sin caer en un lineal discurso homogeneizante, es la temperatura ideal entre la experiencia personal y la colectiva.

Y es que una cosa es migrar y otra es ser consciente de ello. Porque no basta con irse sino con hacerse cargo de que eso implica vivir eternamente en un espacio fronterizo, es una puesta en escena que pone de manifiesto realidades por la que nos vamos y realidades a las que nos enfrentamos cuando vertiginosamente el presente  sufre un cambio abrupto, y de pronto hay otra ciudad, otro espacio, otra comida, otro clima y un mismo idioma plagado de códigos inentendibles.

Así es como a partir de un breve recorte de la cotidianeidad de ser camareras se meten con una enorme cantidad de imaginarios sociales y construcciones culturales de ambos países, las dificultades, la motivación de las decisiones, los vínculos, el erotismo, los duelos, la identidad y su devenir oscilante cuando se descubre que el arraigo no es un fenómeno de exclusividad nacional.

De un exquisito trabajo con los detalles narrativos y visuales el vestuario de las actrices es un abrazo entre Buenos Aires y el Caribe colombiano. Los atuendos de las camareras de los restaurantes porteños y los de las mujeres vestidas de cumbia caribeña encontraron un hogar en esta obra.

Esas enormes faldas con caída contundente que todas aprendimos a usar en algún momento de nuestra vida escolar colombiana, prenda poderosa que nos enseñó que no es necesario un parejo para poder bailar. El despliegue de esas faldas en el escenario es un tributo al movimiento de las olas del mar caribe y a las formas de las montañas que las actrices solamente ven cuando cierran los ojos.

Nos devuelven el reflejo de esa parte del atuendo en la que los migrantes siempre nos colgamos o nos guardamos en algún bolsillo un pedacito de patria para que nos acompañe, de un color negro silencioso y doloroso, el luto de lo dejado atrás, la distancia repetida como letanía y una conmovedora escena que nos recuerda el dolor no sólo de nuestros muertos, sino de los que la distancia no nos permitió enterrar.

Es una obra que invita a mucho más que verla, porque una vez ahí obliga a vivirla. Habla en tiempo real, interpela el arraigo, el desarraigo, la identidad, la burocracia, los prejuicios y estereotipos, la pertenencia y la impermanencia. Y esa tremenda zona de frontera que alberga una pugna entre el olvido y al extrañamiento.

De un elevado compromiso político y enormes valentía y sutileza para plantearlo toma posición frente a la categoría de la “nacionalidad”, que no es para nada un dato menor en estas épocas políticas de la región.Es una obra que nos recuerda aquello que es real y que incomoda, que una vez que alguien se va nunca más vuelve a ser la misma persona, aunque vuelva, y que es mejor lidiar con ello, aunque duela. Y es un Colectivo que nos recuerda que migrar es mucho más que irse, despedirse y volver a casa para la navidad. Hace falta asumirse como tal y proponerse indagar la realidad para en algún momento poderla transformar.

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Columnas · Cultura

Periodista, migrante y feminista. Formada en Antropología de la Universidad de Buenos Aires, es estudiante, docente e investigadora en diferentes áreas. Lidera un proyecto editorial independiente y trabaja como asesora en una organización de Derechos Humanos y Laborales para Latinoamérica y el Caribe. Escribe para diferentes medios de comunicación y divulgación de la región.

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