La muerte de Dageline revive la indiferencia, la falta de inclusión y el racismo en Chile

Desde la muerte de Dageline, una niña chilena de padres haitianos en un jardín JUNJI en Rengo el pasado 18 de julio, se ha evidenciado la indiferencia de los medios de comunicación y las autoridades regionales y nacionales, como falta de diligencias para esclarecer, informar y generar acciones de justicia, reparación y medidas correctivas. Organizaciones haitianas y de migrantes han manifestado su indignación ante estas graves omisiones, acusando falta de inclusión, especialmente contra las niñeces y adolescencias de origen haitiano.

El primer miércoles de agosto, más de un centenar de personas se reunió en la Plaza de Armas de Santiago para recordar y pedir justicia por Dageline Verce; no era la primera acción que se realizaba, ya que personas haitianas se habían reunido anteriormente para visibilizar este caso que ha conmocionado a su comunidad, especialmente porque les recuerda otras muertes que no encontraron justicia, como el caso de Emmanuel, niño haitiano que murió ahogado en un piscina municipal de Quilicura en 2020, y de Joane Florvil, madre haitiana que murió luego de ser acusada de abandonar a su hija en 2017.

En agosto, Chile conmemora el Mes de la Niñez, porque el 14 de agosto de 1990, Chile ratificó la Convención de los Derechos de Niñas y Niños. Esta Convención señala que los derechos de la niñez son universales y protegen a todos los niños, niñas y adolescentes, garantizando su bienestar y desarrollo integral, estableciendo principios como la no discriminación, el interés superior del niño y la niña, el derecho a la vida y al desarrollo, y la participación. La muerte de Dageline interpela a los garantes de derechos, especialmente a las autoridades regionales y nacionales, sobre las garantías que existen para cumplir con esta Convención y otros instrumentos internacionales, con enfoque intercultural.

Lo sucedido con Dageline recientemente y con Emmanuel hace cinco años es una muestra de la indiferencia de una sociedad que es recurrentemente acusada de racismo. Para las niñeces y adolescencias que nacieron en Haití y llegaron a Chile, crecer ha sido muy difícil, primero porque tuvieron que esperar incluso años para reunirse con sus padres, completando todos los requisitos exigidos por las autoridades chilenas para lograr la reunificación familiar. Al llegar a Chile, sienten ansiedad, miedo y confusión al encontrar un país muy diferente al suyo y que no habla su idioma. Después del choque cultural, emocional y psicológico que enfrentan, rápidamente tienen que integrarse abruptamente a la comunidad chilena, y en su soledad pasan sus largos días en el jardín infantil o escuela con personas extrañas, que no les entienden y que les cuestionan por su color de piel, su forma de hablar y sus costumbres.

La Corporación Colectivo Sin Fronteras, a través de su podcast Minga Sin Fronteras, profundizó en el caso de la muerte de Dageline y las dificultades que atraviesan las niñeces y adolescencias de origen haitiano, conversando con dos representantes de la comunidad haitiana, David Antoine y Stephania Vanessa Marcelin.

David Antoine, activista de derechos humanos y secretario de la Fundación T-Zen, habló sobre las dificultades que enfrentan las niñeces y adolescencias de origen haitiano “En este momento en Chile, las instituciones correspondientes están al debe, porque no hay programas o mecanismos que ayuden a la inserción. Entonces están reaccionando sobre la marcha y eso dificulta mucho el trabajo, y tiene impacto grave sobre los niños, las niñas y adolescentes también. No hay hasta el día de hoy un programa o la intención de poder ayudar a resolver eso”.

Además, destacó la demora en la obtención del carné de identidad de quienes llegan por reunificación familiar, porque les dan un documento con una validez de un mes. También mencionó la atención de salud sin enfoque intercultural, “los niños, cuando van al consultorio o al hospital cuando te inyectan algo, te dicen: eso es tal cosa, este sirve para tal cosa y no entienden”. A nivel psicológico, David Antoine señaló que “hay como un miedo que la niña o el adolescente cuando ingresa a Chile siente, dice ´OK, ahí tengo que luchar para que me acepten, no soy un aporte, tengo que tratar de buscar la forma de contribuir para que me acepten`. Tiene ese problema de aceptación y eso dificulta muchísimo en todo lo que tiene que ver con la inserción de la niñez acá en Chile”.

Sumado al choque intercultural, las campañas de odio afectan a la comunidad haitiana, especialmente a las niñeces y adolescencias, porque se repite la idea de que los jardines prefieren a migrantes y que hay más cupos para migrantes. Al respecto, David Antoine comentó “Yo vi un colegio que lanzó un afiche para avisar que había matrícula disponible en la comuna de San Ramón, que es una comuna que tiene muchos migrantes. Y dentro del afiche había muchos niños de piel oscura. Ese caso causó un alboroto grande, como el de la modelo de piel negra de Falabella. Cuando el niño o la niña ve eso y escucha los comentarios, se encierra en sí mismo. Entonces, la sociedad no facilita, y hay una violencia psicológica sobre los niños, las niñas y adolescentes”.

Sobre los niños y niñas nacidas en Chile y de padres haitianos, Stephania Vanessa Marcelin, trabajadora social, investigadora sobre la crianza e inserción de la niñez afrodescendiente, mencionó que, aunque el Estado chileno resguarda los derechos de los niños, los padres tienen dificultades para regularizarse, “porque el niño, si bien tiene carné, puede ir al colegio, puede optar a la salud, pero los papás no pueden trabajar. El trabajo y la situación migratoria forman un círculo vicioso. Necesito un trabajo para tener mi carné chileno, pero no puedo trabajar si no tengo el carné. Si bien esos niños tienen opción de ir al colegio, los papás no trabajan y por ende no pueden optar al carné”.

El último día de Dageline y preguntas sin responder

Dageline Verce tenía dos años y asistía a un jardín JUNJI en Rengo. El pasado 18 de julio falleció en su jardín asfixiada por un globo. Es un caso fatal que ha tenido muy poca atención de las autoridades y los medios de comunicación. David Antoine acompañó a la familia y cuenta el último día de vida de Dageline: La mañana del viernes 18 de julio, Marie Yolaine fue a dejar a su hija Dageline al jardín a las 9 de la mañana. Todo estaba normal. Temprano en la tarde, el teléfono de Marie Yolaine sonó dos veces, pero ella no escuchó porque estaba haciendo labores domésticas; una niña escuchó las llamadas, pero no respondió, luego vio que llegaban mensajes por Whatsapp y le dijo a Marie Yolaine que alguien estaba llamando insistentemente. Cuando la mamá contesta, no logró entender lo que le decían, pero lo poco que pudo entender fue que su hija había sufrido un accidente. Así que dejó lo que estaba haciendo, se puso los zapatos y partió al jardín. En el camino se encontró con personas que iban al CESFAM y la llevaron allá.

En el CESFAM, Marie Yolaine vio a muchas personas y a la directora del jardín llorando. La recibió un trabajador social y un psicólogo intentando hacerle contención, pero la mamá de Dageline no habla español. Ella no podía entender nada. Un médico se acercó y le dijo “Lamentamos tu pérdida, pero tu hija ya nos dejó”. Marie Yolaine sentía que algo malo le pasó a su hija. Una vecina que la acompañaba pudo entender la palabra “Muerta” y transmitirle. Marie Yolaine entró a ver a Dageline, estaba acostada de espaldas, con dos cintas en los ojos, con la ropa cortada y tenía el pecho caliente. Preguntó por qué tenía el pecho caliente y le dijeron que le hicieron RCP. El doctor le contó que cuando Dageline ingresó al CESFAM tenía poco pulso y le hicieron RCP durante 35 minutos, cuando la iban a entubar se encontraron con un globo entero. Muchas horas después Marie Yolaine dejó el CESFAM. Estuvo sola, porque Olines, el padre de Dageline trabaja en el norte y recién pudo llegar al día siguiente.

Para Marie Yolaine, la muerte de Dageline fue un golpe muy fuerte, no solo por la muerte misma de su hija, sino porque no entendía español y no podía saber qué había pasado, porque ella había dejado a su hija viva en el jardín y se la entregaron muerta en el CESFAM. Pero tampoco se la entregaron, ya que el cuerpo fue llevado al Servicio Médico Legal para el peritaje correspondiente.

Marie Yolaine no pudo llorar la muerte de su hija, no la vio partir, solo recibió un cuerpo, y sintió que las tías del Jardín le fallaron, traicionaron su confianza, porque le arrebataron a su hija.

Actualmente, abogados privados están a cargo del aspecto penal y civil de la causa. David Antoine lamenta la falta de mayor compromiso de las instituciones del Estado en la búsqueda de justicia. El pasado martes 12 de agosto, la familia, abogados, David Antoine y Patricia Loredo, directora del Colectivo Sin Fronteras, se reunieron con el Defensor de la Niñez, Anuar Quesille, quien se comprometió a hacer el seguimiento del caso.

Son muchas las preguntas que se hacen los padres de Dageline, según narró David Antoine “¿Con quién estuvo la niña? ¿Cuántas personas estuvieron ahí? ¿Con cuántos profesionales estuvo la niña? ¿Cuántos niños y niñas estuvieron en esa sala? ¿Y el globo, ella lo tomó afuera o lo tomó adentro? ¿Por qué demoraron tanto en llevarla al CESFAM?”.

Proteger a la niñez haitiana

Para la trabajadora social haitiana Stephania Vanessa Marcelin, hay que cambiar el enfoque de salud y el enfoque educativo, porque “cuando el extranjero llega a otro país, volvió a nacer, comida nueva, clima nuevo, costumbres; algo que para mí es normal, para usted puede no serlo o al revés también”. Comentó que en los CESFAM cuestionan el peso de los niños, porque, a pesar que el haitiano nutre bien a su hijo, la contextura de los niños es diferente. Igualmente, en educación, porque “la forma de educar para nosotros no es lo mismo que en Chile. Tenemos que ver el tema de la cultura, porque nosotros tenemos otra forma de mostrar amor, como apoyar al niño, que saque buenas notas, que sea un buen niño. Dageline era una niña amada. Pero en el jardín o los jardines en general piensan que como la mamá o el papá no están encima del niño, piensan que no aman a los niños”.

Stephania Vanessa Marcelin dijó que el caso de Emmaus o el de Joane Florvil, “son heridas que no se han cerrado por completo, porque no hubo justicia. Este caso revive heridas en la comunidad haitiana y en la comunidad inmigrante en general, que se pregunta qué pasa con nuestros derechos. Para poder garantizar esos derechos, debería haber una comisión de interculturalidad que garantice que esos niños migrantes, esas niñeces migrantes, adolescentes migrantes, al adaptarse en Chile, no pierdan su vida anterior, porque es una nueva vida, nuevo idioma, el sistema educativo es otro, el clima, la comida, es una readaptación”.

Con respecto a la institucionalización de niños y niñas haitianas, la trabajadora social señaló que son muchos los casos y se da por errores y por el choque cultural, no es abandono, ni abuso. “En Chile no se le grita al niño, pero allá en Haití todavía tenemos esa costumbre de levantarle la voz. Pero lo           que me choca a mí es, ya sacaste al niño de su casa porque la mamá le gritó, pero ¿qué le estás ofreciendo a cambio de eso? Porque está viviendo en una pieza con 20 niños más” planteó Stephania Vanessa Marcelin.

El foco de la vulneración de derechos está puesto sobre los padres y madres extranjeras, según Stephania Vanessa Marcelin, “no le dan a la familia la oportunidad de expresarse y muchas veces esa familia no habla español bien y tampoco tienen un intérprete, un agente intercultural para ayudarles a comunicarse. Es un problema sistemático porque no es solo en salud o educación, es en todo. Son muchos casos de niños extranjeros que los sacaron de su casa por algo que pudiera haberse solucionado hablando y esos niños cuando salen de la institución donde están, salen con más traumas que cuando entraron”.

Para David Antoine “Quitarle un niño a su familia debe ser la última medida, que no sea algo tan fácil de hacer. Es más fácil quitar al niño que devolverlo”.

Al finalizar el podcast, la demanda de Stephania Vanessa Marcelin fue Justicia lingüística, con política intercultural especialmente en los centros de salud. David Antoine remarcó que “una mejor niñez la construimos todos nosotros, independiente de que seas nacional o migrante. Tu punto de vista es importante con empatía, sentido común sobre todo con la infancia podemos tener una mejor sociedad. Con ese clasismo ya marcado vamos por el mal camino. Pero creo que Chile puede ser un país mejor con la interculturalidad y la diversidad porque no hay nada más lindo que la diversidad y una cultura muy bien hecha e inclusiva”.

El podcast Minga Sin Fronteras es una producción del Colectivo Sin Fronteras y se difunde a través de Radio Juan Gómez Millas, de la Facultad de Comunicación e Imagen. Puedes escuchar este capítulo sobre “Protección de la niñez haitiana” en Spotify