A José Antonio Kast le quedarían 31 días para asumir y el mismo plazo para invitar a salir a los extranjeros. Que se vayan todos. Voto por eso.
Todos, menos mi colega Raúl, quien llega temprano, cumple y hace bien la pega. Buena onda el tipo.
Todos, menos mi vecina Inés. Es amable, saluda cada mañana y sus hijos juegan con los míos los domingos por la tarde.
Todos, menos el repartidor que me trae la pizza. No sé cómo se llama, pero siempre llega con una sonrisa y trabaja incluso bajo la lluvia.
Todos, menos Sandra, la asesora del hogar de mi cuñada, cuyo trabajo es impecable y que sostiene silenciosamente una casa que no es la suya.
Que se vayan todos, menos el doctor Marcelo, que atiende en el hospital público de madrugada cuando no hay reemplazos.
Menos Paula, la enfermera que sostuvo una sala completa en los meses más duros de la pandemia.
Menos Luis, el conductor de micro que recorre la ciudad cuando aún no amanece.
Menos Juan, el temporero que cosecha lo que luego llega a nuestra mesa.
Menos Carlos, el emprendedor del barrio que genera trabajo y paga sueldos.
Menos Andrea, la académica que investiga y forma profesionales en una universidad chilena.
Menos Camila, la ingeniera que paga impuestos, arrienda, consume y crea valor.
Todos excepto el grupo de muchachos que me llenan el tanque en la bencinera. Todos menos ellos.
Que se vayan todos, menos quienes limpian, cuidan, construyen, enseñan, curan, reparten, producen y sostienen la economía día a día.
Es decir, que se vayan todos… menos todos.
Porque cuando se habla livianamente de expulsar a “los extranjeros”, no se habla de una abstracción. Se habla de personas concretas, con nombre y apellido, que hoy sostienen rubros completos de la economía y de la vida cotidiana: desde los trabajos más invisibles hasta los más calificados; desde los barrios periféricos hasta las salas de directorio; desde la informalidad forzada hasta el emprendimiento formal o informal.
Regulares o sin papeles. Chile no solo convive con la migración: funciona gracias a ella. Negarlo no es una postura política, es una negación de la realidad.
