En Chile, miles de pequeñas y medianas empresas enfrentan un desafío que muchas veces pasa desapercibido: venden, generan ingresos y tienen clientes, pero deben esperar 30, 60 o incluso más días para recibir el pago de sus facturas. Mientras tanto, los gastos no esperan. Hay que pagar sueldos, proveedores, arriendos e impuestos, lo que convierte la falta de liquidez en una barrera para crecer e incluso para mantenerse operando.
Aunque la Ley de Pago a 30 Días buscó reducir estos plazos, en la práctica muchas empresas siguen financiando involuntariamente a clientes de mayor tamaño. Esta realidad afecta especialmente a las pymes, que suelen tener menos acceso a financiamiento y menor capacidad para absorber esos desfases de caja.
El problema se agrava porque una parte importante de estas empresas tampoco logra acceder al crédito tradicional. Los bancos suelen evaluar el historial financiero, exigir garantías o establecer montos mínimos que dejan fuera a numerosos emprendedores y pequeños negocios. En consecuencia, muchas empresas viables quedan excluidas del sistema financiero justamente cuando más necesitan apoyo.
“El problema no es la falta de actividad, sino la velocidad del dinero. Las empresas venden, pero financian involuntariamente a sus clientes durante meses. Cada factura a crédito es un crédito que otorga la PYME a su cliente que generalmente es una empresa grande. Nuestro desafío es que una pyme no quede fuera del acceso a liquidez solo por no cumplir con los criterios tradicionales de la banca.”, señala Christian Real, CEO de Chita Factoring.
Frente a esta realidad, algunas empresas han comenzado a replantear la forma en que se ofrece el factoring online, buscando ampliar el acceso a esta herramienta. Es el caso de Chita, cuya evaluación se centra principalmente en la calidad del pagador de la factura y no exclusivamente en el historial financiero de quien la emite.
Este enfoque permite que muchas pymes que tradicionalmente quedaban fuera del sistema financiero —por tener poca antigüedad, facturas de bajo monto o incluso registros comerciales que dificultan acceder a un crédito bancario— puedan acceder a capital de trabajo para seguir operando y creciendo. Hacer del factoring online una herramienta accesible para más pymes significa que más empresas tengan la oportunidad de convertir sus ventas en liquidez, reduciendo barreras que históricamente han limitado el acceso al financiamiento.
Sin embargo, ampliar el acceso no es suficiente. La inclusión financiera también requiere educación. Muchas pequeñas empresas aún desconocen las diferencias entre un crédito y un factoring, no saben cuándo conviene utilizar cada herramienta o creen erróneamente que anticipar una factura significa endeudarse.
En ese ámbito, la educación financiera ha comenzado a ocupar un rol tan importante como el financiamiento mismo. A través de contenidos gratuitos en redes sociales, videos explicativos y asesoría personalizada por WhatsApp, empresas como Chita buscan acercar información práctica para que los emprendedores comprendan mejor estas herramientas y puedan tomar decisiones financieras con mayor confianza.
