A: ¿Endeudado y tan joven?
J: Sí, por el CAE.
A: ¿Por el qué?
J: Por el Crédito con Aval del Estado, un «apoyo» económico para estudiar la licenciatura. Se recibe en UF —una unidad de cuenta anclada a las variaciones de la inflación—, financiado por los bancos con una tasa del 2 %, y con dos avales: la universidad y el Estado.
A: Pero tú estudiaste hace años.
J: Sí, pero ahora la deuda es mayor a lo que costó mi carrera, por los intereses.
A: ¿Y entonces?
J: Pues que eso me deja en el DICOM, por lo que me es imposible acceder a otros créditos y, además, me dificulta acceder a arriendos o seguros de salud.
A: ¿Y si te embargan?
J: Ya me llegó el aviso.
A: Me preocupa, vivimos juntos, con suerte llegamos a fin de mes y ahora esto.
J: Así es Chile, amor: un país neoliberal donde la educación es un negocio.
Esta plática no es nueva, la he tenido tantas veces como he conocido personas chilenas; solo que ahora se mete en mi economía familiar.
Antes se decía que, si te ibas del país o no pagabas por cuatro años, el Estado absorbería la deuda. Pero en junio de 2026 nos enteramos de que embargaron ilegalmente los sueldos de personas deudoras. ¡Sueldos completos! ¿Pueden creerlo? No fue suficiente con descontarlo de los impuestos anuales, ahora había que embargarlos.
Y, como era de esperarse, esto no ha hecho más que avivar el malestar. Recientemente Chile se está volviendo a enojar; las protestas están regresando, pero con poca organización comunitaria. ¿Qué será? Y mientras esto pareciera que se cuece a fuego lento, vuelvo a escuchar en comunidades migrantes decir que no entienden esa «manía de protestar tanto».
¿Cómo no estar enojados si entre una mega reforma, ecocidios, desapariciones, asesinatos con arma de carabinero, el narco avanzando y la corrupción cada vez más evidente, además les están embargando sueldos a la clase trabajadora mientras a los empresarios les liberan de impuestos?
Me pregunto ¿cómo podemos empatizar con ese enojo quienes no nacimos ni estudiamos en esta tierra? Porque la rabia que guardan estudiantes y profesionales endeudados, o aquellas personas que no pudieron estudiar o terminar su carrera por falta de dinero, es necesaria de entender.
Y una buena forma de explicarlo es con la comparación. Así que aquí vamos: comparemos el costo del derecho a estudiar antropología en la Universidad de Chile contra el costo de estudiarla en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), donde yo estudié en México.
Primero que nada, aclaremos que en Chile el sueldo mínimo bruto es de $553.553 CLP mensuales. En la Universidad de Chile, el valor de inscripción es de $217.600 CLP cada año, sin importar la carrera; es decir, $1.088.000 CLP por 5 años. A eso debemos sumar el valor total de los 10 semestres que se especifican para antropología, que son $5.442.500 CLP, dando un total de $6.530.500 CLP por la carrera completa.
Eso es más de 11 sueldos mínimos solo por el derecho a usar las instalaciones y acceder al conocimiento que se te ofrece.
Ahora comparemos. En México, el sueldo mínimo es de $506.362 CLP, en la UAM el valor de inscripción anual es de $6.795 CLP, lo que da $108.308 CLP por 4 años. Sumado al costo de 12 trimestres, que son $81.540 CLP, me da un total de $189.848 CLP por el mismo derecho de estudiar. ¡Ni siquiera equivale a un sueldo mínimo!
Y vaya, en México sí hay límites tangibles de acceso a la universidad: por ubicación, calidad en la educación básica y la pobreza estructural entre muchos otros factores. Pero sabemos que hay opciones públicas, gratuitas, de calidad e incluso con acceso a becas.
Llegados a este punto, seguro se preguntarán: ¿eso qué tiene que ver con las y los migrantes?
Pues bastante. Pensemos que el CAE lleva 20 años existiendo y que lxs migrantes nos relacionamos con chilenxs diariamente, ya sea por vínculo familiar o porque son amigos, colegas, vecinos o clientes; y si conversamos con ellos, sabemos que la mayoría de las y los deudores del CAE no pueden aspirar a una estabilidad financiera, afectando a la sociedad en su conjunto.
En casos como el mío, si vivimos con personas chilenas (parejas o compañeros de casa), el CAE se mete con nuestra economía del hogar. En un caso más general, podemos suponer que si las y los chilenos se ven embargados por el CAE, habrá menos dinero circulando y no habrá quien nos contrate o compre nuestros productos o servicios.
Y las consecuencias van incluso más allá: en nuestra estabilidad emocional, puede que este año nos enteremos de más suicidios motivados por crisis económicas. Y en el caso de quienes tienen hijos interesados en estudiar, se verán obligados a elegir en qué tipo de deuda meterse o volver a migrar para estudiar.
Me preocupa que muchas veces las personas migrantes nos vemos como si estuviéramos fuera de la sociedad chilena, como si el hecho de no sentirnos parte nos exentara de las consecuencias de un país neoliberal. Y no estoy de acuerdo. Porque si ellos caen, nosotras también. También es nuestro derecho a la educación el que está en juego. No está bien que el Estado, quien se supone debe garantizar la educación, embargue y amenace a su ciudadanía.
Por eso creo que es bueno posicionarse; no somos espectadores pasivos de nuestra realidad, sino actores de ella.
Y desde ese lugar, digo:
¡A acabar con el CAE! ¡Condonación total y devolución de lo embargado! Porque si les afecta a ellos, me afecta a mí igual.
