Esteban Düch en Viña: cuando reírse de uno mismo es un acto de inteligencia

Anoche, en el escenario del Festival de Viña del Mar 2026, un comediante venezolano radicado en Chile logró algo meritorio: Esteban Düch conectó con un público masivo desde una experiencia. 

Más allá de los chistes puntuales de su rutina, lo que me pareció verdaderamente valioso fue el enfoque: reírse de sí mismo, de su acento, de sus tropiezos culturales y de las situaciones cotidianas —buenas y malas— que implica migrar.

Hay que felicitarlo. Llegar a la Quinta Vergara no es casualidad ni suerte. Es trabajo, trayectoria y talento. Y hacerlo hablando desde su identidad migrante, sin disfrazarla ni neutralizarla, tiene aún más mérito.

Algunos podrían decir que “se aprovechó” de su nacionalidad o que caricaturizó el gentilicio venezolano. Yo lo veo distinto. El humor, en su esencia más clásica, siempre ha tenido algo de exageración, de espejo deformado, de autocrítica. Reírse de uno mismo no es pisotear la identidad, sino que es demostrar seguridad en ella. Es tomar aquello que podría ser usado como prejuicio y convertirlo en herramienta artística.

La migración es una experiencia compleja, atravesada por desafíos, nostalgia y adaptación. Pero también está llena de situaciones absurdas, malentendidos culturales y aprendizajes inesperados. Transformar esa cotidianidad en humor no trivializa la experiencia, sino que más bien la humaniza. La hace compartida. 

Permite que quien escucha deje de ver “al migrante” como una etiqueta y vea a una persona con vivencias similares a las propias.

El humor, cuando es inteligente, no divide. Más bien abre conversaciones. Y cuando nace desde la autoconciencia, suele desactivar tensiones más que provocarlas. Anoche no vi a alguien burlándose de su país. Vi a un artista usando su historia como materia prima creativa.

Y eso, finalmente, también es integración: poder pararse en uno de los escenarios más importantes de Chile, hablar desde la propia identidad y lograr que miles de personas —sean chilenas, venezolanas o de cualquier origen— se rían juntas.

Porque de eso se trata el humor: de reconocernos en nuestras diferencias y, por un momento, entender que todos compartimos la misma condición humana.