¿Es Chile un país más inclusivo para las disidencias y diversidades? Es 22 de junio del 2025 y estoy reporteando para la organización feminista La Rebelión del Cuerpo, a la que me integré este año. Decenas de personas van llegando a la mítica Plaza Italia para unirse a la Marcha del Orgullo. Escribo la palabra “orgullo” y me cuestiono qué es exactamente lo que significa. Recurro al diccionario de los grandes señores que dictan la norma del lenguaje: me arroja dos significados:
Significado 1:
Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida
Significado 2:
Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad.
No vamos a especular. Vayamos a los datos. La última encuesta del Movilh, del 2024, arroja que el 80,9% de personas LGBTIQ+ declaró haber sufrido discriminación en algún momento de su vida y un 55,7% en el último año. La discriminación, además, puede venir de varios frentes y en varias formas, como un modo de violencia simbólica.
Kaylly es de Venezuela y tiene 30 años. Camina junto a su novia con la bandera del orgullo atada al cuello. Aunque una prenda más se suma a su vestuario: una gorra de béisbol puesta al revés que su mamá condena. “Ella quiere que me vea femenina”, dice. “No me acepta. Quiere que me case y tenga hijos”.
Juzgados por su forma de vestir también han sido Iraida y Adrián, de la misma nacionalidad. Caminan a lo largo de la avenida Alameda Libertador Bernardo O’Higgins junto a un grupo diverso de amigos. El look de Iraida es radiante, un buzo íntegramente rosado. “En Venezuela, si tú tienes un tipo de camisa o un pantalón, te dicen, ‘¡Ah! Eres lesbiana. Quítate eso porque eres machorra’”.
Adrián, por su parte, ha recibido discriminación por sus propios compañeros de equipo. “Yo juego basket y cuándo se enteraron de que era gay, me forzaban mucho más a mi. ‘Ah, tu eres niñita’”, me decían.
Chile, como el resto del mundo, va en una tendencia política hacia la ultraderecha. Mientras escribo este artículo, Jeannette Jara acaba de ser elegida como la candidata presidencial oficialista alcanzando casi el 60% de las preferencias. Aunque su triunfo es abrumador, el pronóstico no es muy esperanzador. Una nueva entrega de la encuesta Cadem pronostica que Jara perdería una eventual segunda vuelta ante casi todos los candidatos de derecha.
Las cifras evidencian este retroceso para las disidencias. El XXIII Informe Anual de DD.HH. de la Diversidad Sexual y de Género, arroja que en el último año aumentaron en un 78% los casos y denuncias por homo y transfobia. Es la primera vez, dice el informe, que los derechos de LGTBIQ+ retroceden en democracia.
Ignacio, de 18 años, chileno, dice que cuando recibe comentarios sobre cómo se viste, o si no va “acorde” al ‘deber ser’ social, decide refugiarse en su mamá y amistades más cercanas. Iraida asegura que prefiere no contestar nada y “dejar a la persona hablando sola”. Mientras que Adrián tiene una estrategia clara: “No presto atención. Porque si nos vamos a poner a prestar atención a todas las personas que nos odian, ¿qué vamos a hacer? Vamos a odiar igual que ellos. Nosotros tenemos que seguir dando amor y ya”, declara.
Me digo, entonces, que orgullo significa luchar por nuestra visibilización y reconocimiento, que nuestras identidades siempre van a ser cuestionadas y que en este rincón del sur global, las cosas no están exentas de siempre ir en retroceso. Lejos de la vanidad y arrogancia, marchamos para sentir satisfacción de nuestra capacidad para ser quienes somos. El significado 1, por lo tanto, sería el más acorde.
